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Uno de los tópicos más repetidos sobre la crisis de 2002 uruguaya es que en aquel tiempo "los niños comían pasto". Dicho y repetido hasta el hartazgo por el Frente Amplio, sus dos presidentes, el doctor Tabaré Vázquez y el señor José Mujica, lo mantienen instalado —hasta ahora— en su discurso habitual. Una investigación académica en la Universidad ORT, realizada como tesis por un estudiante de Comunicación, trazó toda la trayectoria del rumor y cómo se construyó un mito falso. Rematadamente falso.

El rastreo histórico dice que el episodio origen del rumor está en la Escuela 128 del Barrio Conciliación de Montevideo, en ocasión de una merienda compartida entre preescolares, cuando uno de los niños se descompuso y una madre presente creyó ver en el "aspecto verdoso" de los vómitos un indicador suficiente de una ingesta de pasto. No pasó de allí y, por supuesto, no hubo la menor evidencia del origen del malestar.

En el trabajo se toman declaraciones a las maestras, quienes dicen que incluso se dirigieron al diario uruguayo La República, que fue quien inició la divulgación de la especie y no les publicó su aclaración, así como que hicieron lo propio con el doctor Vázquez, por entonces primera figura de la oposición. Las maestras son rotundas en cuanto a que, en el episodio, no hubo la menor evidencia del citado pasto. Aun sin ser médicos, es bien conocido que muchos desarreglos gástricos tienen esa coloración verde, producto del derrame biliar.

Esperamos que la claridad y rotundidad de este trabajo lleve a los máximos líderes frentistas a quitar de su repertorio esa mentira. Hoy ya no tienen excusa, ni aun el beneficio de la duda. Fue una afirmación mentirosa, sin sentido, repetida hasta el cansancio.

El diario La República de la época se caracterizaba por esas afirmaciones escandalosas. No había límites para la invención. Son inolvidables los títulos que anunciaban que los cimientos de la Torre de Antel cedían, que se estaba inclinando, que los vientos la derrumbarían. Esas afirmaciones, originadas en algún presunto técnico, que normalmente no aparecía, eran luego repetidas por la máquina de trasmisión frentista, boca a boca.

El Frente Amplio ha sido el gran campeón de la difusión de rumores alarmantes o difamatorios sobre sus adversarios. Ha sabido explotar esa tendencia morbosa de la opinión pública que la mantiene ávida de la noticia "de buena fuente" que anuncia una enfermedad grave del gobernante de turno o alguna compra de algún bien fastuoso por un personaje notorio.

Podríamos hacer un catálogo de mentiras, que se han repetido como válidas. Pero como más vale no seguirlas difundiendo, simplemente nos quedamos en el señalamiento del mal. Desgraciadamente, no siempre aparecen aclaraciones tan contundentes como en el caso, razón de más para que quienes hacemos política tengamos la inteligencia de no servirnos de esas fake news que, al final, dañan a todo el sistema.

El autor es abogado, historiador y escritor. Fue dos veces presidente de Uruguay.