Hace unas semanas el Gobierno de Mendoza anunció públicamente que iniciará el próximo ciclo escolar en el mes de febrero, para así asegurar 190 días de clase, proponiendo un avance hacia un proceso de fortalecimiento de la educación. Pero debido a la oposición de miles de padres y alumnos, las autoridades mendocinas decidieron suspender la medida.

Es importante que veamos qué ocurre en las escuelas primarias en el resto del mundo, donde abundan las naciones que tienen más días de clase que nosotros. Con 200 días o más tenemos a Japón, Brasil, Colombia y México. Con 195 días o más, a Costa Rica, Australia y Países Bajos. Con 190 días o más, a Alemania, Nueva Zelanda, Reino Unido, Noruega, Corea y Eslovenia.

Además, tengamos presente que son muchos los países que tienen jornada escolar extendida, es decir, más de cuatro horas diarias. Por ejemplo, el vecino país, Chile, tiene 184 días anuales de clase y 1100 horas anuales. Suiza tiene 185 días, con 1073 horas anuales en la escuela y Cuba, 200 días con 1000 horas.

Nuestro año escolar establece, según la vigente ley 25864, un mínimo obligatorio de apenas 180 días de clases, pero es grave que no se cumpla este mínimo calendario escolar, ya que nunca se respetó en todo el pais. Nuestro calendario escolar es así uno de los más cortos del mundo, porque en la realidad el año escolar se ubica por debajo de las 720 horas legalmente exigidas. Por ejemplo, la provincia de Buenos Aires incumple la ley desde ya hace años, perjudicando siempre a los pibes más pobres que van a escuelas públicas.

Es grave que sean muchos los pibes argentinos que realmente tienen menos de 650 horas anuales de clase, ya que al cortísimo calendario además hay que restarles los numerosos días de suspensión de clases por conflictos laborales. No debe entonces sorprendernos el preocupante sistemático resultado en las evaluaciones de conocimientos de nuestros pibes, que desde hace años ubican a nuestros alumnos entre los que menos conocimientos tienen de Lengua, Ciencias y Matemática, con niveles inferiores a los pibes de países con más días de clase.

Es hora de entender que no abrir las escuelas públicas consolida la ignorancia y es un pasaporte a la pobreza y la exclusión social, ya que siempre perjudica a los pibes más pobres. Por esta razón es importante que la extensión del calendario escolar sea el año próximo anunciada con más tiempo, de forma tal que las familias puedan entonces programar sus actividades en los meses de verano.

El objetivo debe ser asegurar una mejor educación a nuestros pibes. Desde ya que más horas de clase no aseguran de por sí y automáticamente una mejor enseñanza, pero también es cierto que menos horas perjudican claramente el proceso de aprendizaje escolar. Un adecuado calendario escolar no es de por sí suficiente, pero es necesario.

El autor es miembro de la Academia Nacional de Educación.