El pasado sábado el G20 se reunió en Argentina. Qué mejor ocasión para debatir la guerra comercial que cuando se juntan los representantes de países que explican más del 75% del crecimiento, la inversión y el comercio global.

No siempre es fácil interpretar comunicados que, tras reuniones con mucho debate, se redactan por funcionarios de pluma presta al tache y al adjetivo que deben congeniar acuerdos y desacuerdos, opiniones y consensos, y que cuidan las omisiones con obsesión. Nunca se comunica todo lo que pasó, pero todo lo que pasó está siempre de alguna manera, si bien no siempre con la misma claridad. Cuando se comparan los comunicados de hoy con los de hace cinco años, casi duele ver tan poco acuerdo en las cosas donde más importa que lo haya.

Desde el año 2008, cuando al G20 empezaron a ir los jefes de Estado y de Gobierno, los comunicados evocan imágenes de los asistentes mirándose a los ojos mientras debatían qué hacer para enfrentar la crisis, alentándose unos a otros, y comprometiéndose a la acción.

Tal vez esté exagerando, no sé, no estuve allí, pero sin duda entonces había más palabras como "compromiso", y menos como "tomamos nota". Y eso que trataron cuestiones bien difíciles, desde medidas de estímulo al crecimiento hasta cambios en la regulación financiera global. Ya no se utilizan tanto esas palabras para hablar de temas relevantes.

Cuesta imaginarse a los jefes de Estado de los mismos países (menos Rusia) mirándose a los ojos con la misma intensidad. Se hace más fácil visualizarlos tomando notas y mirando a otro lado, esperando una mejor oportunidad para la acción, en el nuevo mundo de lo posible. El comunicado del G20 "toma nota de los temas comerciales actuales". Cómo estarán las cosas que, en medio de esta amenaza comercial, el G20 solo puede decir que toma nota. La palabra "proteccionismo" no aparece ni una sola vez en el comunicado. Y eso que la usaron en 2015, donde hablaban de "resistir todas las formas de proteccionismo" y en 2016, donde se "rechaza(ba) el proteccionismo". Ya no encuentran cómo decirlo sin arriesgarse a que no haya comunicado, como pasó en la última reunión del G7 y en la APEC. O que haya un portazo.

La acción estaba en el encuentro entre Estados Unidos y China, donde acordaron una tregua de 90 días por la que se evita que Estados Unidos suba tarifas del 10% al 25% a un total de $200 mil millones de importaciones chinas el 1º de enero próximo, algo que hubiera tenido un impacto negativo en China, en Estados Unidos y en el mundo. A cambio de esta tregua, China se compromete a comprar muchos más productos de Estados Unidos y a hablar de las cosas que importan a todos los países, como la protección de la propiedad intelectual en China y sus barreras no arancelarias, la transferencia tecnológica y la ciberseguridad. Si hubo más acción, pero nada muy concreto.

Pero volvamos al comunicado del G20. Pese a su olvido del proteccionismo, han apuntado bien al pedir la reforma de la Organización Mundial del Comercio en el mismo párrafo donde hablan de multilateralismo como apuesta de gobernanza en temas comerciales. Hay consenso en que hay que dar esa batalla otra vez en un entorno de mucha tensión. Esta es la pelea donde más se va a tener que esforzar el bloque multilateral, espero que con Europa en un papel relevante. Necesitamos reglas más claras y efectivas para el comercio internacional, refrendadas por los países grandes, y que se cumplan. Una labor que hoy parece titánica.

Esperemos que el G20 pueda pronto dejar de tomar notas y empezar a tomar decisiones. Y que Europa vuelva a sentirse en temas comerciales más cerca de Estados Unidos que hoy. Ambos países se necesitan para empujar a China a cambiar sus prácticas comerciales, pero la fuerza de la gravedad que Estados Unidos ejerce sobre Europa es hoy más baja que antes por la aproximación unilateral al comercio que está mostrando en esta guerra estratégica con China. Y es una lástima, porque entre los dos pueden tener una posición de fuerza en unas negociaciones multilaterales que permitan mantener un equilibrio más pacífico.

El autor es director de BBVA Research.