Se acerca fin de año y el Partido Colorado, en plena actividad, muestra fuertes signos de recuperación. Todas las encuestas existentes en Uruguay indican un aumento importante de la intención de voto. No es una u otra sino todas, cada una con guarismos distintos, pero siempre en una tendencia muy relevante de crecimiento. Cuando se trata de esa generalidad, ha de tomarse en cuenta el resultado, especialmente porque los guarismos señalados son todos importantes.

Nadie discute que la salida de Batllistas ha sido la base principal de esa expansión, pero no cabe minimizar el esfuerzo de las otras dos tendencias del Partido, que vienen teniendo también una interesante presencia en el país.

El año pasado lo terminamos con cierta alegría, por la elección de jóvenes, que con 30 mil votantes marcó un interesante punto de inflexión: el terreno juvenil mostraba fertilidad. Desgraciadamente, el anuncio del retiro de Pedro Bordaberry venía generando un reacomodo en que mucha gente no encontraba un camino claro. Los senadores José Amorín y Germán Coutinho anunciaban una alianza interesante. La alternativa de la incorporación del economista Ernesto Talvi parecía segura, pero aún no se había concretado. En todo caso, él había definido un proyecto propio y no aceptaba el apoyo de fuerzas tradicionales, como lo fue la del Batllismo de Rivera, titular de la única intendencia colorada. En largas conversaciones que mantuvimos tampoco aceptó que lo apoyáramos desde afuera, sin ninguna condición, porque su aspiración era definir un estilo propio, distinto, que incluyera una semiótica no tradicional. Por cierto, no compartíamos ese punto de vista pero lo respetamos entonces y lo seguimos respetando hoy, en la medida en que es un esfuerzo constructivo y cada cual tiene derecho a definir su estrategia.

El hecho es que por abril, mayo, veníamos tocando fondo. En lo anímico, con una dirigencia tristona, y en las encuestas que nos venían despeñando. Es en ese contexto que, a fines de mayo, un grupo de amigos de todo el país me pide el esfuerzo de encabezar un movimiento que hoy es una realidad. Lo titulamos simplemente Batllistas y arrancamos con un acto en el Barrio Sur de Montevideo y otro en Las Piedras, a fines de mayo.

A partir de allí, en pocos meses hemos recorrido el país con un mensaje de esperanza, basado en dos objetivos fundamentales: 1) retornar al Partido Colorado a una posición decisiva en el terreno electoral, que pudiera asegurar la rotación política que el país está necesitando; 2) ser parte en la construcción de un gran gobierno de coalición, que ofrezca al país una alternativa cierta de cambio.

Por esa causa, en las próximas semanas estaremos festejando el fin de año, el próximo viernes 14 de diciembre, en la Casa del Partido, en una reunión abierta, que celebrará el resurgimiento de la fe batllista. En Canelones, lo haremos el 18, en Tala, en un primer acto callejero, que marcará no solo la celebración de este fin de año sino ya el espíritu con que encaramos las etapas que vendrán.

Lo más relevante es que hoy la remontada del Partido Colorado es la novedad. El Frente Amplio y el Partido Nacional, que encabezan las encuestas, con variaciones hacia un lado u otro, aparecen estabilizados, mientras los colorados crecemos en las mediciones de opinión pero, tanto o más, en la versión callejera. Lo muestran también los actos que venimos realizando en todo el país. Ellos normalmente superan las expectativas de sus organizadores y congregan no solo al votante colorado firme sino a muchos que habían dejado de estar y reaparecen, y aun gente independiente, no alineada. Eso lo vemos una y otra vez, con alentadora presencia.

El año 2018, entonces, puede definirse como el del resurgimiento. El Partido Colorado volvió a estar en carrera. Su presencia será decisiva.

El autor es abogado, historiador y escritor. Fue dos veces presidente de Uruguay.