El levantamiento fue el 3 de diciembre de 1990 (NA)
El levantamiento fue el 3 de diciembre de 1990 (NA)

El 3 de diciembre se cumplen 28 años de la última rebelión militar producida en nuestro país, encabezada esta vez por el General Mohamed Ali Seineldín y en contra del gobierno del presidente Carlos S. Menem.

Este levantamiento fue considerado como el cuarto desde la recuperación de la democracia en 1983, teniendo en cuenta los alzamientos anteriores protagonizados por los militares denominados "carapintadas" y que se habían dirigido contra el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, siendo el más conocido de todos el producido en la Semana Santa de 1987, encabezado por el coronel Aldo Rico. En esta ocasión, y luego de dialogar con los militares rebeldes, el Alfonsín pronunció un discurso desde los balcones de la Casa de Gobierno en el cual expresó la célebre frase: "La casa está en orden. Felices Pascuas".

En esta oportunidad los rebeldes utilizaron como pretexto que reaccionaban contra la cúpula del Ejército Argentino y las políticas de Menem para el sector castrense, influenciadas por los Estados Unidos. La referencia a este país fue muy significativa en el sentido de que la fecha elegida para el levantamiento tuvo que ver con la anunciada visita del presidente George Bush, que estaba fijada para el 5 de diciembre de 1990.

Los rebeldes comenzaron las acciones en las primeras horas del día indicado, ocupando el Edificio Libertador, sede del Estado Mayor del Ejército, el Regimiento I de Infantería de Patricios, la Fábrica de Tanques Medianos de Boulogne y dependencias del Batallón de Intendencia 601 de Palomar, fracasando en el intento de ocupar el edificio Guardacostas, sede de la Prefectura Nacional.

A poco de iniciado el accionar de los sediciosos, Menem firmó el decreto declarando el estado de sitio y ordenó a los jefes militares la represión de aquellos. Así se empezaron a registrar intensos tiroteos entre el edificio Libertad y el Guardacostas, quedando la Casa Rosada en medio de los disparos cruzados, los que provocaron graves heridas al periodista Fernando Carnota, entre otros que cubrían los graves sucesos.

El intento de golpe militar fue sofocado al cabo de 18 horas de combate, tras las cuales los rebeldes, que en algún momento quisieron pactar el cese de hostilidades, tuvieron que rendirse incondicionalmente, tal como se les exigió en virtud de la orden terminante que había impartido el Presidente de la Nación a los jefes militares que respaldaron la legalidad constitucional.

La gravedad de estos sucesos quedó reflejada en los titulares de los medios gráficos del día 4 de diciembre. Así, el diario Clarín la calificó como "la más cruenta asonada militar desde la restauración de la democracia", informando que había producido 13 muertos, 8 militares y 5 civiles, registrándose numerosos heridos y el número de 200 detenidos. A su vez el diario La Nación titulaba: "Fue aplastada la más sangrienta rebelión de los carapintadas".

Cabe destacar que entre los militares muertos se encontraban el segundo jefe del Regimiento I de Patricios, Teniente Coronel Hernán Pita y el oficial de operaciones Mayor Federico Pedernera, que fueron prácticamente asesinados, uno de ellos con un tiro de pistola en la cara, cuando se enfrentaron a los rebeldes. También produjo muertos, en este caso civiles, la acción de un tanque TAM que aplastó a un colectivo cuando se dirigía en apoyo de los sublevados.

Considero que la firme posición del presidente Menem en reprimir este intento de ruptura institucional marcó un hito en la historia de golpes militares iniciados en 1930, porque a partir de los sucesos del 3 de diciembre de 1990 los integrantes de las Fuerzas Armadas han entendido finalmente que su excelsa misión es defender a la Patria y al orden constitucional, apartándose de cualquier hecho o acto u omisión que signifique incumplir con ese sagrado deber.

En este nuevo aniversario del último intento de golpe militar cabe rendir un sentido homenaje al ex presidente de los EEUU, George Bush (padre), recientemente fallecido, porque no obstante la grave situación que se había vivido en nuestro país decidió no suspender el viaje, según lo aconsejaban algunos de sus colaboradores, como una muestra de apoyo a la democracia argentina y a sus autoridades constitucionales, lo que ratificó en un emotivo discurso pronunciado ante la Asamblea Legislativa.