Dentro de pocos días alrededor de doscientos países, convocados por Naciones Unidas, se encontraran en Katowice (Polonia) en la reunión anual denominada COP-24, con el propósito de avanzar en la aplicación del Acuerdo de París (COP-21), celebrado en el 2015, para enfrentar la amenaza global del cambio climático. Esta reunión en Polonia es muy importante, ya que el futuro del planeta depende hoy de la capacidad de la humanidad para diseñar sin demoras nuevas instituciones y reglas de carácter mundial que apunten a reducir drásticamente las emisiones contaminantes de dióxido de carbono.

No hay mucho tiempo que perder, ya que las autoridades climáticas de los Estados Unidos acaban de informar lo siguiente: el pasado mes de octubre fue el segundo octubre más caluroso, desde que se llevan registros (siglo XIX); en los últimos cinco meses de octubre (2014-2018) se registraron las temperaturas más altas correspondientes a este mes.

Las evidencias científicas son contundentes, ya no hay dudas de que las emisiones contaminantes están contribuyendo al aumento de la temperatura en todo el planeta y al crecimiento de los daños ambientales. Estas emisiones son generadas por el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), más algunas prácticas agropecuarias y la deforestación.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también acaba de alertarnos comunicando que los gases de efecto invernadero que rodean la Tierra ya están hoy en su máximo nivel, incidiendo no solo en el aumento de la temperatura, sino también en el incremento en muchas regiones de incendios, sequías, inundaciones y también del nivel del mar.

Es importante señalar que los gases contaminantes que hoy se emiten permanecerán en la atmósfera por un gran número de años y no está quedando mucho tiempo para enfrentar este problema, ya que al actual ritmo de acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera antes de mediados de este siglo habríamos cruzado la barrera crítica de gases acumulados alrededor de nuestra casa.

Reducir las emisiones contaminantes requiere una drástica modificación de la matriz de producción y consumo energético, abatiendo la participación de los combustibles fósiles y expandiendo aceleradamente la participación de las nuevas energías limpias. La NASA bien define a la Tierra como "nuestra nave espacial", ya es hora de cuidar a las próximas generaciones, dado que esta la única casa que tenemos.

El autor es miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.