Mucho se escribió, se escribe y se escribirá respecto de los subsidios y de las protecciones a sectores de la economía. Todos los países del mundo las utilizan. En todos los Estados han tenido un rol fundamental en el desarrollo de las distintas áreas de la economía.

Quiero detenerme en dos ejemplos para poder desarrollar una opinión más al respecto. El tema de los medicamentos, en el cual, por desconocimiento, no me voy a inmiscuir, durante la presidencia de Arturo Illia hace 64 años se intentó "poner en caja", pensando en los consumidores, al sector de los laboratorios.

Se pretendía elaborar medicamentos sustancialmente más baratos para los enfermos. Hoy, después de que los laboratorios "nacionales" tuvieron la protección del Estado a través de la ley de patentes medicinales, logramos que importar medicamentos sea mucho más beneficioso para los consumidores que seguir protegiendo esa industria.

Hay muchísimos ejemplos en el mismo sentido, elegí este solo porque el gobierno se vanagloria de abrir la compra en licitaciones públicas de los medicamentos, logrando bajar los precios significativamente.

Bill Gate en África está desafiando a los organismos multinacionales porque llega con vacunas carísimas a los sectores más humildes de ese continente y dice que con su fundación elabora las mismas vacunas diez veces más baratas. Es decir, desde el punto de vista estructural estamos en el mundo como el doctor Illia nos lo decía en 1964.

Subsidiar, proteger, significa trazar un plan de desarrollo de un determinado sector para beneficiar al conjunto de la sociedad. Debe ser por un tiempo determinado y por un objetivo determinado. Lo que no puede ser es que sea para enriquecer a los supuestos empresarios de un sector, ocultos tras esos beneficios y perjudicando al conjunto social que los sostienen. El tema de las patentes medicinales es un ejemplo de esto.

La sociedad, mientras pueda, debe decidir, a través de sus representantes, en forma explícita y transparente cómo, por cuánto tiempo y en cuánto apoyar a un sector para lograr el beneficio de todos.

Vayamos a otro ejemplo hoy en el candelero: la aeronavegación nacional. Tomemos distintos estamentos dentro de esa compleja industria. Debemos tener una aerolínea de bandera, porque nuestro territorio es muy grande y poco poblado. Para mí, fin de ese debate. Ahora bien, una empresa de aviación tiene un complejo conjunto de problemas, y cada uno de ellos tiene que tener una solución con un solo objetivo, el beneficio del conjunto social que aporta el dinero para su sostenimiento.

Supongamos que quiere fabricar aviones propios, deberá presentar un plan que al cabo de un tiempo determinado resulte en la construcción de un avión bueno y más económico que el que podamos comprar en el mercado, así de simple.

Supongamos que se quiere tener talleres propios, lo mismo, un plan con un final determinado, difícilmente logremos con nuestra flota tan pequeña tener talleres competitivos, pero sí podríamos lograr desarrollar talleres con calidad y precio internacional. Si esta es la decisión del conjunto.

Más sencillo es el tema comercial. La llegada de los aviones de hoy a un lugar puede ser equiparada a la llegada de los trenes de antaño. Hoy tener un territorio comunicado por vía aérea puede significar el desarrollo o el subdesarrollo de ese territorio.

Claro, en ese proceso hay ganadores. Si ese territorio tiene un desarrollo turístico, pues bien, llegado el momento en que esa industria se desarrolla pueden pasar dos cosas o los subsidios dejan de ser necesarios, por la cantidad de pasajeros que ocupan los aviones o porque los hoteleros, operadores de turismo, restaurantes, etcétera, ponen una garantía de ocupación de los aviones para que la aerolínea no pierda dinero. Fácil.

El mismo razonamiento aplica para industrias o cualquier otra rama de actividad. Hoy tenemos un caso inmediato, el tipo de cambio de nuestra moneda permite, según parece, promocionar a nuestro país como receptivo de turismo internacional, genial. ¿Quiénes son los beneficiados, cuál es el nivel de ocupación de los aviones domésticos?

Entre esos dos ítems seguramente tendremos los recursos para que nuestros aviones en los viajes internacionales viajen repletos de pasajeros con subsidios directos en el costo de los pasajes para desarrollar el turismo interno.

En estos dos temas actuales tenemos la posibilidad de dar significado y objetivos al esfuerzo colectivo de los contribuyentes cuando se establecen protecciones a un sector económico o directamente subsidios explícitos de fondos estatales. Si logramos fabricar medicamentos significativamente más baratos, bienvenida la protección, si no, bienvenida la compra lo más barato posible donde sea.

Tenemos que mantener una aerolínea de bandera, con subsidios explícitos, no con convenios laborales abusivos ni empleados innecesarios, con aportes racionales que tengan beneficios cuantificables para la sociedad.

Aplicar esta lógica es sostenible aun en las oficinas más conservadoras y anti estatistas del globo. Porque subsidian todos los países del mundo, pero no lo hacen en beneficio de unos pocos vivos, sino en beneficio de los contribuyentes.

No lo hacen para beneficiar a pequeños sectores escudados en una supuesta lucha contra una supuesta dependencia, lo hacen para apuntalar a aquellos sectores que puedan tener un desarrollo sustentable que en definitiva va a aportar al consumo del mercado global.

Podríamos citar cientos de sectores que merecen el apoyo de los argentinos, como así también podríamos hacerlo con otros tantos que no merecen un solo peso más del esfuerzo de los contribuyentes.

Dilucidar esto es llegar a tener un plan de desarrollo consensuado y defendible ante el mundo. Los acreedores y los inversores claman a gritos por esta racionalidad, los primeros para poder cobrar los intereses de sus préstamos y los segundos para tener la posibilidad de desarrollar sus negocios.

Los capitales no tienen bandera, son tan migrantes como aquellos que huyen de sus tierras en búsqueda de mejores oportunidades. En el mundo global, con menos hipótesis de conflictos de guerras, los migrantes poblacionales y los migrantes inversores son dos actores que llegaron para quedarse en el firmamento mundial.

Para finalizar, cuando le preguntaron a Bill Gate sobre cuál es el negocio más rentable que estaba haciendo con su dinero respondió: con los planes de vacunación que llevamos a cabo estamos logrando que el promedio de vida de los africanos suba considerablemente, es decir que vamos a tener más y mejores consumidores para todos nuestros productos y esa es una considerable tasa de retorno para nuestra inversión. Capitalismo puro.

El autor es ex presidente de la Empresa Social de Energía de la Provincia de Buenos Aires (Eseba), ex presidente de Asociación de Distribuidoras de Energía Eléctrica de la República Argentina (Adeera).