El papa Francisco y el peronismo

Un Papa para el mundo

El Papa tiene una misión universal desde que es la cabeza de la Iglesia Católica. Como jefe de la religión más importante de la Tierra es la persona que debe prestar atención a la vida de la población de los 194 Estados soberanos y 10 más que no son soberanos. El mundo está habitado por 7600 millones de personas de las cuales 1285 son católicas, para quienes se celebran no menos de cuatro millones de misas por día. La Argentina, con un dos y medio por ciento del total de la población católica, no es un país con graves problemas comparado con otros donde hay persecuciones, genocidios, pestes, guerras o catástrofes. Profundas reformas y saneamientos en la Iglesia y en la administración del Estado Vaticano dependen también del Papa. Ni la persona más aturdida puede ignorar la dimensión de su responsabilidad. Sin embargo, se pretende que esté atento a problemas sociales locales y menores como es la celebración de una misa en Luján, y hay periodistas que hasta lo dan por descontado.

El Papa y la misa de Luján

La misa fue pedida por el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), y fue hecho desde la fe, como dijo Ricardo Pignanelli, lo cual fue confirmado por monseñor Ojea en un reportaje, por un grupo de sindicatos y por la consigna de "Pan, Paz y Trabajo".

La celebración se desarrolló en un clima de fiesta, con entera normalidad y sin el menor incidente. En honor a la verdad hay que reconocer que si el diablo anduvo por ahí, supo estarse quieto y respetuoso. Más bien, estuvo activo en algunas redacciones. Una prensa malintencionada que se encargó de dar una imagen distorsionada atribuyéndole un nombre propio a la misa y una intención política aviesa a la Iglesia, pretendiendo complicar en ello la imagen de Francisco.

Si bien uno de los integrantes de la primera fila no es peronista y otro no es católico, la concurrencia a la misa de Luján fue claramente católica y peronista. No por una cuestión de política partidaria, sino, sencillamente, porque la mayor parte de los trabajadores lo son.

Un dirigente gremial dijo: "El papa Francisco tiene que haber autorizado la misa en Luján", tal vez por creer que él es uno de los personajes más importantes del planeta o acaso porque piensa que agarrándose de su sotana obtendrá algún beneficio personal. No lo sabemos. Lo cierto es que ese supuesto fue replicado por otros dirigentes peronistas y por algunos medios periodísticos anticlericales. ¿Cuál es la verdad? ¿El Papa se ocupa de autorizar una misa pedida por un grupo de sindicatos en la Argentina? Conocedora de las "operaciones de prensa", una reconocida periodista que sabe muy bien cuál es el estilo del Papa y el funcionamiento del Vaticano, al día siguiente, en el programa radial La Bergogliana (Radio Rivadavia), afirmó que el Santo Padre era ajeno por completo a esa misa (Alicia Barrios) y que a la celebración se le estaba dando un sentido falso. Desde Roma el obispo de San Justo, Eduardo García, también lo negó absolutamente. En esta columna nosotros lo consignamos el mismo sábado 20 por la tarde.

El Papa, la Iglesia y los indecentes

Siguiendo con la misa en Luján y el Papa, también se afirmó en las redacciones de la televisión que fue un escándalo que al lado de algunos dirigentes decentes se encontraban otros que no lo son, a los que el Papa les habría concedido una foto reciente y la Iglesia los habría bendecido en la misa. La foto era de un encuentro público y no era reciente sino del año 2015. Por otro lado, dice el obispo García desde Roma: "A la Iglesia va el bueno, el malo, el sucio, el feo, el corrupto, el santo, todos. La Iglesia abraza a todos. Esto no significa que la Iglesia se identifique con todos".

Jesucristo decía a los que lo criticaban por estar en malas compañías: "No necesitan de médico los sanos, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Marcos 2, 17).

Recomiendo a este respecto leer las cartas del cura cordobés San Gabriel Brochero, referidas al bandido Santos Guayama y otros malhechores de Traslasierra (Yo soy yo, J. Gabriel Brochero, Ed. Patria Grande).

El Papa Francisco y el peronismo

Muchos afirman que el papa Francisco es peronista. Entiendo que así piensan tres grupos bien diferentes: una gran parte del pueblo trabajador que todavía es católico y peronista, y actúa por simpatía y por fe, como una forma de sentirlo su compañero. Y con ese alcance, sin dudarlo, el papa Francisco es compañero de los trabajadores. Los liberales que quieren estigmatizarlo identificándolo con un segmento de lo que llaman despectivamente "populismo" y los candidatos.

Los candidatos que van a verlo a Roma se sacan la foto con el propósito de exhibirla y hacer campaña con eso, lo hacen por especulación, como una manera de promocionarse. La diferencia entre estos últimos y el pueblo peronista y católico no es baladí.

Si lo sacamos de cierto cinismo periodístico, podemos decir lo que seriamente pensamos del error de creer que el Papa es peronista.

El temple espiritual en el discurso del papa Francisco

El Santo Padre en su prédica está estrechamente junto a los pobres, al mismo tiempo que promueve la unidad del pueblo, es decir, de todos y lo hace no solo como resultado de un juicio de la razón, sino como expresión de sus sentidos. Recordemos que el discurso "forma parte del significado de un texto, no solo lo que en él se dice, sino también el momento pragmático de cómo se dice, con qué actitud existencial y temple espiritual, qué tono afectivo y vivencia lo acompañan", dice Scannone siguiendo a Ricoeur y refiriéndose al discurso del papa Francisco. Y agrega: "Tal temple de ánimo se trasparenta en la reiteración textual, gestual y vivida de su idea fundamental como 'gozo del Evangelio', 'revolución de la ternura', 'cultura del encuentro', 'opción preferencial por los pobres', 'no al descarte ni la exclusión, si a la dignidad de todos'; expresiones todas que testimonian y trasparentan la alegría de evangelizar y ser discípulos-misioneros" (El papa Francisco y la Teología del pueblo, Scannone C. Razón y Fe, 2014).

El Santo Padre no es peronista

En el plano dogmático el papa Francisco, a nuestro entender, no es peronista. Desde luego, tampoco lo es en el plano práctico. Pero claro que hay coincidencias entre el pensamiento teológico del Papa y la doctrina peronista.

La teóloga Emilce Cuda, especializada en el pensamiento del Santo Padre, afirma: "Decir que el Papa es peronista implica desconocer el catolicismo en general y la teología del pueblo en particular" (Para leer a Francisco -Teología, ética y política, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2016).

La doctrina peronista tiene su raíz en la teología católica

Sí se puede afirmar que la doctrina peronista deriva de la interpretación que hicieron los fundadores de esa corriente política de los Evangelios, de la tradición y doctrina de la Iglesia Católica. En otras palabras, la doctrina peronista sería la concretización política del cristianismo según la simple lectura de La Comunidad Organizada, donde se recurre a la teología católica y de ella se deducen los conceptos que la fundan. De la antropología cristiana es la concepción del hombre como "ser en relación" (persona) y rechazando su reducción a individuo, de la ética cristiana derivan los principios de verdad y justicia, y del personalismo y el comunitarismo, el concepto de comunidad, pueblo-nación. Aquí hay un aspecto de encuentro con la teología de la Iglesia Católica desde que el punto de partida de Juan Perón es el Evangelio. En una introducción a una publicación de algunos discursos suyos, Juan Perón, agradeciendo a Dios Nuestro Señor, dice:"Os doy gracias porque habéis tenido el bien de inspirarnos desde el fondo mismo de vuestro Evangelio una doctrina de justicia y de amor" (El Peronismo y la Doctrina Social Cristiana, Presidencia de la Nación, Subsecretaria de Informaciones, 1952).

Una teología católica latinoamericana con destino universal

Mientras tanto la Iglesia Católica argentina y latinoamericana, en los años posteriores a los primeros Gobiernos de Perón, irá operando una transformación, a veces silenciosa, al fundirse con el pueblo pobre trabajador. Miles de sacerdotes fueron escribiendo, a partir de la cultura del pueblo, a veces con su propia sangre, como es el caso del hoy San Oscar Arnulfo Romero o de monseñor Ignacio Ellacuría, monseñor Rodolfo Kush, padre Carlos Mujica, monseñor Angelelli y otros mártires y de tantos otros grandes teólogos —una teología latinoamericana que tanto en su vertiente denominada teología de la liberación (Leonardo Boff, Enrique Dusel y otros) o en la teología del pueblo (Gustavo Gutiérrez, Juan Carlos Scannone, Jorge Bergoglio, entre otros) se gestó, a partir del Concilio Vaticano II, las Conferencias Episcopales de Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007) e inicia un nuevo proceso de evangelización cristiana y católica en la Iglesia universal con la elección del papa Francisco, el 13 de marzo de 2013.

Al respecto me remito al trabajo Teología y política en el discurso del papa Francisco (Tribuna Global, Emilce Cuda).

Un desencuentro histórico

Mientras la Iglesia argentina y latinoamericana iba por el mundo de los pobres mediante las comunidades eclesiales de base y los teólogos del pueblo se acercaban al mundo del trabajo, la dirigencia sindical y política de nuestro continente, y en particular del peronismo, transitaba el camino de la defensa de los trabajadores mediante la pactación colectiva y la defensa del salario. Sin embargo, por otro lado, se iba desviando por el camino del enriquecimiento personal de muchos de sus dirigentes. Y así fue que la doctrina peronista, en su pretensión de ser la dimensión política de la fe cristiana y católica, lejos de ser actualizada, fue olvidada en la praxis de una sector importante de sus dirigentes. Justo es reconocer que estos sufrieron el proceso de secularización de gran parte de la población en general y al mismo tiempo que se alejaban de fe olvidaban enseñanzas de su conductor y del Evangelio. Muchos, volcados a la corrupción, abrazaron, en cambio, el moderno espíritu liberal, basado en la acumulación individual, el consumismo y el hedonismo y políticamente aceptaron sin beneficio de inventario la economía libre de mercado, la pérdida de la soberanía política, de la independencia económica y el debilitamiento del Estado nacional.

Ausencia de políticos católicos y abundancia de impostores y dirigentes corruptos

Recuerda Francisco que el papa Benedicto XVI señaló con preocupación en su discurso de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida "la notable ausencia en el ámbito político […] de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas". Y los obispos de todo el continente quisieron incorporar esta observación en las conclusiones de Aparecida, hablando de los "discípulos y misioneros en la vida pública" (ver nuestra nota). La Argentina no es la excepción en Latinoamérica sino al contrario, ofrece un vacío muy grande de líderes católicos en la vida pública.

Y en su mensaje del miércoles 28 de marzo de este año, en la audiencia pública habló de los cristianos corruptos y de los cristianos fingidos. En ocasión de la Pascua dijo que todos los cristianos somos pecadores pero no corruptos. Somos pecadores y nos arrepentimos de nuestras faltas y renovamos nuestro compromiso, y Dios nos perdona. Dice el Papa: "El corrupto finge ser una persona honrada, pero en el fondo de su corazón hay podredumbre". Tras llamar a pensar en "los cristianos mafiosos", afirmó: "Estos de cristianos no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma".

Dijo también en el mensaje citado: "Hay muchos (políticos) que se confiesan católicos —y no nos está permitido juzgar sus conciencias, pero sí sus actos—, que muchas veces ponen de manifiesto una escasa coherencia con las convicciones éticas y religiosas propias del magisterio católico".

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