Somos muchos los indignados y disconformes con las actuales formas y los contenidos de la política que no nos representan: corrupción, monopolio de los partidos políticos en un sistema de decisiones poco democrático y reticente a la participación ciudadana, y resultados desastrosos en términos sociales, ambientales y económicos.

Algunos hemos intentado por dentro de las estructuras partidarias, procurando cambiarlas o incidir en sus prácticas y sus contenidos. Sin embargo, vemos con preocupación que, en general y en la mayoría de los distritos, subsisten las prácticas patriarcales, autoritarias y antidemocráticas. Esto, a su vez, conduce a que sea un pequeño grupo o los "líderes" quienes terminan decidiendo contenidos e integración de las representaciones con "sus leales".

En contraste, afortunadamente, nos energiza ver muchos jóvenes que comienzan con ilusión hoy su participación más convocados por causas que les parecen justas o reclamos propios que por atávicas estructuras o personas. Otros que, habiendo tenido histórica participación política, se replegaron a estructuras de militancia sociales, comunitarias o vecinales, desencantados de la política partidaria, sienten que la gravedad de las crisis políticas, económicas y ambientales en la que este sistema obsoleto nos ha sumido vuelven a sentirse interpelados para sumarse a construir un cambio. Muchos otros que se vieron convocados por un cambio están defraudados porque terminó siendo más de lo mismo o peor.

Somos muchos los que creemos que el "Que se vayan todos" no condujo a grandes cambios. Somos muchos los que hacemos política de manera diferente en movimientos, colectivos y grupos con resultados concretos en términos de cambios culturales, sociales y solidarios. A muchos de nosotros nos avergüenza ver cómo se traicionan promesas electorales o cómo algunos pasan de un partido al otro pasando a votar o a ejecutar políticas contrarias a lo que fue su compromiso con la ciudadanía.

Somos muchos los no queremos más estas actuales formas de ejercicio del poder antidemocrático, que expulsa, excluye y se contrapone a la participación. No queremos que el poder lo sigan teniendo otros y haciéndolo en contra de nosotros: los fundamentalistas religiosos, del mercado o del extractivismo.

Como ejemplos de la perversión del sistema que venimos a cambiar: en la Ciudad de Buenos Aires, holgada y mayoritariamente a favor de la legalización del aborto, tuvimos dos de los tres senadores y nueve diputados nacionales votando en contra, una ley de la Ciudad para garantizar las interrupciones legales del embarazo vetada por el Jefe de Gobierno y sin que aún el Superior Tribunal de CABA resuelva sobre la inconstitucionalidad del protocolo restrictivo.

En veinte años en la Ciudad se sancionaron aproximadamente 25 leyes de urbanizaciones y soluciones habitacionales que han sido sistemáticamente incumplidas por gobiernos de diferente signo. En cambio, en veinte años se sancionaron más de 30 leyes y decretos —más de 25 durante las gestiones de Macri y Larreta en connivencia con diferentes fuerzas de "oposición" — que implican privatizaciones de tierras y espacios públicos para negocios inmobiliarios, en contra de los intereses y de lo expresado por la ciudadanía en las audiencias públicas, en una ciudad donde faltan edificios para escuelas iniciales y secundarias (hay más de 18 mil vacantes insatisfechas) y donde solo tenemos tres metros cuadrados verde por habitante cuando la OMS recomienda diez metros cuadrados verdes como mínimo.

Para esto nos autoconvocamos a la participación: con objetivos claros y compartidos que son la suma de nuestras causas que, compartidas, se potencian (aborto legal seguro y gratuito, separación de Iglesia y Estado, desmercantilización de la naturaleza y los bienes comunes, no más negocios privados en los espacios públicos, no más tarifazos que no guarden proporción con el aumento promedio de salarios, los derechos de los animales) y otros a construir colectivamente.

Hemos sostenido durante décadas que más mujeres cambiarían la política. Y creemos que está a la vista que el cambio cuantitativo produjo muchos cambios cualitativos.

Muchas de las mejores leyes que le cambiaron la vida o le cambian al conjunto de la sociedad han sido protagonizadas e impulsadas por mujeres. Sin embargo, también creemos que ante la instancia de concretar la paridad cuantitativa hay que redoblar los esfuerzo para un cambio cualitativo que lleve adelante un cambio epocal en la agenda que feministas y ecologistas planteamos en el cuestionamiento al sistema político y económico imperante a nivel global, en la Argentina y en nuestra Ciudad. Todos los rebeldes con causa quedan invitados.

La autora es abogada feminista y ecologista. Profesora de la UBA. Integrante de la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir e integrante de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito desde su fundación.