Acabo de leer el libro Raíces del destacado periodista Hugo Alconada Mon. Me sorprendió la insistencia que Carlos Corach y Daniel Hadad ponen, en sus respuestas al periodista, en sostener que yo me desdije de las acusaciones que formulé durante 13 horas ante el Congreso de la Nación, en agosto de 1995. Luego de esa lectura, llegué a la conclusión de que no puedo dejar de seguir batallando por la eliminación de la corrupción organizada. En especial, la que hace de algunos jueces y fiscales un instrumento para asegurar impunidad a los corruptos y perseguir a quienes luchan contra la corrupción.

Terminé de convencerme de que debo retomar esta lucha cuando leí unas declaraciones totalmente extemporáneas de Carlos Corach, en las que vuelve a insistir que el episodio de la servilleta nunca existió y que yo me desdije de esa acusación. Las afirmaciones de Corach son una mentira. Él lo sabe. Las más de cincuenta denuncias de calumnias e injurias con las que me pretendieron callar y amedrentar fueron negociadas por mis abogados con cada uno de los denunciantes, luego del suicidio de Yabrán y ya cuando su mafia se había desmantelado. Sabiendo que los jueces que eventualmente me juzgarían respondían a Corach y a quienes habían estado involucrados en la mafia de Yabrán, seguramente me condenarían como represalia por mis acusaciones y cuando yo ya había agotado mi capacidad económica para financiar mis defensas en tantos juicios, decidí aceptar los términos de los arreglos que me propusieron los abogados.

Pero nunca bajé los brazos en mi lucha contra la corrupción organizada y nada de lo que sostuve en mis 13 horas de exposición ante la Cámara de Diputados se apartó de la verdad. Lamentablemente, en ese momento, ningún fiscal ni ningún juez (Stornelli y Bonadío ya estaban en funciones) quiso tomar parte en el asunto. Si lo hubieran hecho, se podrían haber evitado muchos males que sobrevinieron, incluido el asesinato de José Luis Cabezas.

Me siento en la obligación de retomar esta lucha, porque temo que el muy publicitado proceso judicial que está tratando de demostrar la harto evidente corrupción kirchnerista puede llegar a ser utilizado como medio para diluir, dentro de una extensa lista de personas con muy diferentes grados de participación e involucramiento, la responsabilidad de los verdaderos organizadores e ideólogos de este caso claro de corrupción organizada desde el poder.

Me temo también que por una cuestión de protección corporativa no se establezca con suficiente claridad la responsabilidad de miembros del Poder Judicial que, por acción u omisión, ayudaron a que esta organización criminal avanzara sin escollos. Jorge Asís, mucho antes que los que ahora se presentan como fiscales de la república, describió en 1994 cómo funcionaba este caso alevoso de corrupción organizada. Pero ningún fiscal ni ningún juez reaccionó frente a esas denuncias. Algo parecido a lo que ocurrió frente a las claras evidencias de la corrupción organizada por Alfredo Yabrán, desde fines de los 80 hasta 1998.

Como introducción a esta temática, invito a los visitantes de este blog a leer (o releer, si es que ya conocieron El Peso de la Verdad) el capítulo titulado ¨Corrupción organizada¨, escrito en 1997.