Tres de las cinco principales restricciones vinculadas al reclutamiento de mandos medios en el sector industrial argentino (particularmente los sectores de Manufactura y Supply Chain) están ligadas a la escasez de talento que experimenta el mercado laboral actual: falta de conocimientos técnicos (36%), carencia de competencias blandas (32%) y problemas con el manejo de idiomas (18%).

Así quedó reflejado en la encuesta "Competitividad en las Empresas Industriales Argentinas 2018: actualidad, problemáticas y desafíos", realizada en el marco del Foro Argentina Industrial 2018. De hecho, el 40% de las organizaciones a nivel mundial tiene dificultades para cubrir posiciones específicas.

La problemática comprende tres niveles:

Limitada cantidad de profesionales graduados existentes en función de la demanda de determinadas industrias, lo cual marca la dimensión de la brecha existente entre el sistema educativo y la matriz productiva nacional.

-Deficiencias en la actualización de conocimientos específicos, experiencia laboral acotada, y poco desarrollo de competencias y habilidades actualmente requeridas por el mercado laboral.

-Dificultades para adaptarse a los cambios que genera la cuarta revolución industrial, a partir del creciente impacto de la automatización; lo que se traduce en la obsolescencia de competencias y el desajuste profesional.

Estas tres dimensiones afectan áreas críticas del tejido productivo, con el consecuente impacto negativo en la competitividad del sector industrial.

Como sostuvo Olga Strietska-Ilina, especialista principal en Competencias y Empleabilidad del Departamento de Política de Empleo de la OIT (Ginebra), en su presentación "Desajuste de competencias y de empleos" (Bogotá, noviembre 2017), el desajuste de competencias puede tener consecuencias muy graves para las empresas, las personas y la economía en general.

El déficit de competencias y la escasez de competencias aumentan los costos de mano de obra, disminuyen la productividad a nivel de las empresas y desaceleran el crecimiento económico. El desajuste vertical disminuye los ingresos de las personas y produce una economía que funciona muy por debajo de su potencial. El impacto del desajuste horizontal tiene repercusiones negativas para los ingresos, la productividad y la satisfacción en el trabajo, y también aumenta la rotación.

En Argentina, la escasez de talento es una preocupación adicional, que se suma a un contexto de crisis y desaceleración económica. Más del 70% de los ejecutivos argentinos encuestados en el marco de un relevamiento realizado por The Boston Consulting Group (BCG) y el Ministerio de la Producción de la República Argentina coincide en que la falta de personal capacitado es el desafío más relevante para desarrollar la Industria 4.0 a nivel local.

Sin embargo, esta problemática no es exclusiva de nuestro país y posee una dimensión global. Por ejemplo, en Alemania y Francia, la disponibilidad de capital humano también se encuentra en los puestos más altos de la lista de los principales retos a resolver.

El reporte "Acelerando el desarrollo de Industria 4.0 en Argentina" destaca que la lista de las capacidades que serán más demandadas en los próximos años está liderada por la ingeniería y el desarrollo del proceso de producción. En efecto, la demanda de ingenieros por parte de las industrias se enfrenta a la dificultad de contar con escasez de graduados en ramas críticas de la ingeniería, o bien la falta de preparación adecuada de profesionales que no responden a los requerimientos laborales de un mercado laboral cada vez más exigente y dinámico.

Según datos de la Secretaría de Políticas Universitarias, publicados a principios de año por Infobae, en la Argentina, mientras que de las carreras de ciencias sociales, abogacía y psicología egresaron casi 34 mil alumnos por año, en 2016 se recibieron solo 8303 ingenieros. La mayoría de ellos en ingenierías agronómica, informática e industrial. El problema se agudiza cuando ingenierías clave para el desarrollo nacional apenas reúnen un puñado de profesionales: metalúrgica (13), petrolera (54), hidráulica (23), minera (23), nuclear (7), aeronáutica (58).

Estos indicadores marcan claramente la brecha entre la academia y la matriz productiva, que ya había quedado evidenciada a principios del año pasado en el informe especial de la Fundación Observatorio Pyme titulado "La (des)conexión entre la clase media empresarial y el sistema educativo", donde quedaba claro el agravamiento de las dificultades para reclutar mano de obra calificada en las pymes industriales.

Para dimensionar el desafío al que se enfrentan las empresas, hoy Argentina tiene un ingeniero por cada seis mil habitantes, cuando en Brasil disponen de uno cada cuatro mil y en Alemania y China, uno cada dos mil. Si bien el Gobierno argentino tomó una actitud proactiva en relación con la escasez de ingenieros a través de iniciativas como el Programa Nexos, la falta de este tipo de profesionales no es algo que el sistema educativo pueda resolver en el corto plazo; impulsando reformas desde el secundario, que luego se vean reflejadas en una mayor matriculación universitaria en ingenierías.

La integración del sistema educativo a la matriz productiva debe trabajarse con una visión a largo plazo. Las decisiones que se tomen hoy tardarán al menos 10 años en verse plasmadas en una realidad de mercado. De allí la importancia de articular políticas públicas con iniciativas de inversión privada que busquen lograr este objetivo, ya que es imposible llegar a ser un país competitivo sin recursos humanos que estén preparados para trabajar en las industrias que se pretendan priorizar en el plan de desarrollo de una nación.

El autor es director de NUMAN.