El matemático y meteorólogo Edward Lorenz fue uno de los pioneros de la teoría del caos, en el marco de la cual acuñó en la década del 70 el concepto de "efecto mariposa". Según el científico estadounidense cuyos aportes fueron muy relevantes en el campo de las predicciones meteorológicas, el simple y casi imperceptible aleteo de este insecto en la selva latinoamericana podía desencadenar una serie de eventos catastróficos, como un tornado, en un lugar tan lejano como Texas.

Imaginemos lo que ocurriría si, en vez de hablar de un simple insecto, se tratase de una elección presidencial en una nación vecina de 207 millones de habitantes, uno de los principales países emergentes del mundo y principal socio comercial argentino.

A una semana del contundente triunfo electoral del polémico Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas, comienza a especularse sobre las posibles repercusiones que dicho acontecimiento, más aún si se confirma en el ballotage, podría tener en los diversos procesos electorales latinoamericanos.

Argentina, Guatemala, El Salvador, Bolivia, Uruguay y Panamá eligen presidente el próximo año, por lo que es legítimo preguntarse si el resultado electoral de Brasil podría llegar ser una suerte de "efecto mariposa" en materia electoral.

En este marco, la elección brasileña resulta no solo imprescindible para analizar el escenario electoral en ciernes en nuestro país, sino también para que tanto Cambiemos como el kirchnerismo y el peronismo extraigan algunas importantes lecciones a las cuales prestarles atención de cara a 2019.

Bolsonaro: catalizador del descontento social con la corrupción

Brasil celebró el domingo pasado una nueva elección presidencial. El ultraderechista Jair Bolsonaro, tras ocupar el centro de la escena pública en los últimos meses, se consagró finalmente como el gran ganador: con el 46% de los votos, obtuvo una diferencia de 17 puntos respecto a Fernando Haddad, candidato del ex presidente hoy preso por corrupción, Luis Inácio "Lula" da Silva.

El fenómeno Bolsonaro tiene indudablemente diversas aristas y, como tal, es susceptible de abordajes diversos. Hecha esta aclaración, debería desterrarse el mito que indica que su triunfo estuvo marcado por su supuesto carácter de outsider (candidato ajeno a la política). Por el contrario, aunque se trata de un ex militar, Bolsonaro es desde 1990 diputado federal, y está cumpliendo su séptimo mandato después de haber sido en 2014 el legislador más votado en el estado de Río de Janeiro.

Tampoco fueron fundamentales sus declaraciones a lo largo de la campaña. Al igual que Donald Trump en 2016, la polémica fue una estrategia para posicionarse en el centro del debate público, captando la atención de los medios y los ciudadanos, más que un intento de persuasión electoral.

En cambio, los principales factores que le permitieron captar el voto mayoritario fueron el descontento y la frustración ciudadana —por momentos convertida en indignación—, provocadas por las diversas causas de corrupción, con el Lava Jato como ejemplo paradigmático, que derivaron en el proceso de destitución de Dilma Rousseff en 2016 y el posterior encarcelamiento de Lula en 2018.

Cabe, entonces, comprender a Bolsonaro como expresión de una gran parte de la sociedad brasileña, la cual manifiesta no solo un malestar respecto a los gobiernos del PT, sino también un descontento generalizado con la clase política tradicional y cómo esta interpreta el fenómeno de la corrupción.

Brasil, la mejor encuesta para CFK

En la mitología griega, Tiresias, oráculo de la ciudad de Tebas, era recurrentemente visitado por quienes ansiaban explorar su futuro e indagar en las calamidades o las bendiciones que este les auguraba. Sin dudas, la anticipación, hoy como hace 2500 años, es uno de los saberes más preciados, sobre todo en materia electoral. En este marco, la campaña brasileña se convirtió, con base en algunas similitudes muy sugestivas con Argentina, en la mejor encuesta preelectoral para algunos de los principales candidatos.

La performance de la candidatura de Haddad resulta un llamado de atención para la estrategia electoral del kirchnerismo. Si bien Cristina no está en prisión como Lula, al igual que en Brasil, el hecho de que se presente o no como candidata no impedirá que su figura tenga centralidad durante la campaña. Así, cualquier figura que asuma la carrera presidencial en representación del kirchnerismo deberá saber que no recibirá una transferencia automática de su intención de voto, sino que asimilará los costos de la imagen negativa de la ex mandataria —efecto que perjudicó ostensiblemente a Haddad— y tendrá un margen de acción limitado. En otras palabras, la presencia de CFK, como la de Lula, condicionan cualquier tipo de estrategia electoral, abordaje discursivo e instalación de imagen del candidato.

Quizás a lo que deberían prestar más atención quienes asuman las riendas de la campaña kirchnerista es a las aptitudes de los votantes cariocas respecto al fenómeno de la corrupción. El supuesto de que instalando el tema económico, que condensa los puntos débiles de la gestión de Cambiemos, se ganaría las elecciones, parece hacerse añicos en el espejo brasileño, que muestra con particular crudeza que la corrupción puede ser una fuerte razón de voto.

El factor Carrió en la estrategia electoral de Cambiemos

Así como la oposición prioriza instalar la discusión electoral en torno a la economía, Cambiemos hace lo propio en relación con la política. En este escenario que venimos describiendo sobre la semejanza con Brasil, discutir política es discutir la forma de gobernar y, por analogía, el fenómeno de la corrupción.

En términos electorales, se suele afirmar que, si bien la corrupción no suele traccionar votos, puede provocar un efecto castigo. Un castigo que puede involucrar transversalmente a la clase política, en tanto el electorado identifique a distintos candidatos no solo como partícipes directos de la corrupción, sino también como garantes de impunidad. En otras palabras, la corrupción puede ser un factor que afecte directamente al kirchnerismo, pero también al peronismo abrazado a la doctrina Pichetto en relación con los fueros parlamentarios e, incluso, al mismo oficialismo.

Cambiemos tiene, en este sentido, su propia "fiscalía" representada por la figura de Elisa Carrió, quien no escatima en poner en jaque constantemente a distintas figuras del Gobierno. Más allá de las simpatías que pueda generar su estilo, que por momentos parece horadar incluso a la propia coalición que ella integra, sus alertas respecto a este tema no dejan de ser relevantes, sobre todo para un gobierno que no podrá aspirar a disputar las próximas elecciones en un terreno en el que se discuta exclusivamente la situación política.

Así las cosas, el posicionamiento de Bolsonaro respecto al PT y la corrupción puede ser un espejo que sirva para pensar una estrategia electoral exitosa. Dicho de otra forma, las elecciones brasileñas le muestran al gobierno que la polarización está viva y que podría tener su eje vertebrador en la corrupción.

El propio Bolsonaro dio cuenta de este posible posicionamiento de Cambiemos, identificando públicamente la figura de Dilma Rousseff con la de "Dilma Kirchner" y evidenciando que el final de CFK fue posible por Mauricio Macri.

Solo con la economía no alcanza: las perspectivas del peronismo

La disputa por el terreno de la próxima campaña electoral presidencial es todavía una batalla en curso, cuyo resultado es aún una de las grandes incógnitas que irán develando las chances de los diferentes aspirantes a sentarse en el codiciado "sillón de Rivadavia".

A esta altura es evidente que, para el peronismo, la economía pareciera ser el tema preferido para buscar un posicionamiento diferencial, patentizando los errores de la actual gestión, al mismo tiempo que presentando al electorado propuestas alternativas de cara a 2019.

Sin embargo, esta estrategia no debería soslayar la importancia y la necesidad de un posicionamiento en relación con la corrupción. En otros términos, la corrupción, enmarcada en la discusión "política" en la que parece sentirse más cómodo el Gobierno, debería ser también un tema en el que el peronismo se pronuncie con claridad.

Los brasileños votaron por quienes más se diferenciaron de aquello que identificaban como política tradicional, que, según su interpretación, está manchada por la corrupción. En otras palabras, quien desee ganar la confianza de los electores tiene que poder expedirse al respecto, como también generar la confianza sobre su futuro gobierno. Evitar temas centrales para el elector no suele ser la forma más eficiente de construir candidaturas alternativas con perspectivas competitivas.

Antesala de la campaña electoral en Argentina: política, economía y corrupción

América Latina tiene una particularidad en términos electorales que no se da con la misma intensidad en otras regiones. Hay una suerte de sinergia entre los países, que por momentos configura verdaderas oleadas y tendencias regionales, como lo atestigua la historia democrática latinoamericana durante las últimas décadas.

El refrán que reza que "cuando Brasil se resfría, Argentina estornuda" es un factor a tener en cuenta no solo en materia de comercio exterior o estabilidad cambiaria, sino también en términos electorales.

Habrá que ver en qué medida los diferentes espacios y candidatos hacen una correcta lectura de estos fenómenos que vienen recorriendo con mucha fuerza la región.

El autor es sociólogo, consultor político y autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar, 2017).