La semana pasada en un taller de Educación Sexual Integral en Casanova, La Matanza, una estudiante de primer año del secundario me preguntó qué era la ESI. Se llama Pamela y tiene 12 años. Como la ESI. Este 4 de octubre de 2018 la educación sexual integral cumplió 12 años de su sanción como ley nacional 26150. En estos 12 años Pamela cursó su jardín de infantes, su primaria y está iniciando su secundaria. En la escolaridad obligatoria de niñas, niños y adolescentes, jóvenes y adultos, la ESI es un derecho que el Estado no garantiza lo suficiente. Tenemos un programa nacional, materiales y formación docente a cargo de especialistas, sin embargo el alcance es limitado cuando el presupuesto es escaso y muchas provincias e instituciones religiosas ponen obstáculos a la aplicación de la ESI en las escuelas. A contramano de las declaraciones oficiales, en los últimos tres años, en el marco del ajuste presupuestario en las políticas educativas, se recortaron los recursos destinados a la ESI en un área clave para su aplicación como es la formación docente.

En una investigación basada en la percepción de los jóvenes sobre la aplicación de la ESI en su secundaria, un 30% dice no haber recibido educación sexual integral, mientras el resto reconoce haber tenido solo 2 horas al año, generalmente en una clase de biología sobre la reproducción humana. Sin embargo, si comparamos los resultados de este relevamiento en la Ciudad de Buenos Aires entre 2016 y 2018, encontramos algunos avances significativos. A tres años del #NiUnaMenos la prevención de la violencia hacia las mujeres está más presente entre los contenidos escolares de la ESI.

Ya más de la mitad de las y los estudiantes secundarios conocen que existe una ley de educación sexual integral que es de aplicación obligatoria en sus escuelas. Saben que tienen un derecho y lo reclaman. Con tomas de escuelas exigieron el cumplimiento de la ESI y de un protocolo contra la violencia en las escuelas, que el Ministerio de Educación elaboró el último año a partir de las propuestas de los propios centros de estudiantes. En distintas escuelas se hicieron reclamos estudiantiles para que el reglamento escolar no ponga en desventaja a las mujeres con exigencias en la vestimenta que solo desnudan estereotipos y prejuicios. Hace pocos días mujeres y disidencias en la entrega de diplomas del Colegio Nacional de Buenos Aires hicieron una denuncia pública de las situaciones de acoso, abuso y discriminación de género naturalizadas en la institución. Las pibas no quieren ser víctimas ni menos que los varones, no se callan más. Son docentes, familias y sobre todo estudiantes quienes impulsan la ESI en las comunidades educativas de la mano de las extendidas reivindicaciones igualitarias del feminismo.

En los debates parlamentarios sobre el proyecto de aborto legal, seguro y gratuito acompañados por una masiva y juvenil marea verde en la calle, la mayoría de quienes estaban a favor o en contra de la interrupción voluntaria del embarazo plantearon la urgencia de implementar la educación sexual. Este acuerdo es fundamental para prevenir embarazos no deseados. Según Unicef Argentina cada 5 minutos una menor de 19 años es madre en nuestro país. Las pibas que no eligieron la maternidad abandonan sus estudios y condicionan su proyecto de vida en desventaja con sus compañeros varones. Las estadísticas argentinas también dicen que cada 3 horas es madre una menor de 15 años, casi en la totalidad de los casos por abusos intrafamiliares. La tremenda realidad del abuso infantil afecta a una de cada cinco niñas y a uno de cada siete varones.

La infancia está en riesgo cuando la escuela no enseña desde los primeros años a distinguir una caricia de un manoseo, a saber que nadie tiene que hacer con nuestro cuerpo lo que no queremos y que podemos decir que no. Los grupos fundamentalistas que dicen "Con nuestros hijos no te metas" como si niñas, niños y adolescentes fueran propiedad de las familias y no sujetos de derecho, olvidan interesadamente que sin ESI no se previene el abuso infantil.

La ESI tiene nombre y apellido. Es educación sexual y es integral. Porque toda educación es sexual y cuando la ESI no se aplica desde una perspectiva integral de género y derechos humanos, funciona el currículum oculto. Se siguen reproduciendo estereotipos que sostienen las desigualdades socio-sexuales. Con los primeros juegos en los rincones del jardín con bebotes y cocinita, reproducimos la división sexual del trabajo que sigue asignando a las niñas el trabajo no remunerado de las tareas domésticas y del cuidado. Con todo el lugar en el patio para la cancha de fútbol masculino sostenemos que el deporte y el espacio público no son para nosotras. Con filas de varones y nenas dejamos a un montón de pibes sin poder expresar su identidad sexual que no se define en ese binarismo. La ESI integral nos permite desandar en la cotidianeidad de la escuela desventajas entre los géneros y abordar distintos contenidos de manera específica y transversal adaptados a los niveles, las modalidades y las asignaturas escolares.

La ESI es urgente para cuidar nuestros cuerpos, prevenir embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, acoso, abuso y violencia de género. La ESI es clave para aprender a respetar las diversidades sexuales, a promover la igualdad de derechos, trato y oportunidades entre varones y mujeres, a desarrollar nuestra afectividad, a desandar estereotipos machistas. La ESI es indispensable para vivir nuestra sexualidad desde el deseo y el placer, para ser más felices.

La autora es educadora, feminista, integrante del Frente por la ESI y del Parlamento de Mujeres de la Legislatura porteña. Directora de Proyectos del Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires.