Nota escrita en coautoría con Pablo Wahren

A los economistas nos toca analizar un nuevo programa económico en este 2018. Anuncios y contra anuncios, programas que duran meses, en el mejor de los casos, medidas que tienen vigencia solo días, funcionarios rotativos, son parte del combo del caos económico en el que se encuentra sumido nuestro país. Sin embargo, hasta el momento ningún anuncio fue tan categórico como el de este programa.

El nuevo acuerdo con el FMI, que cada vez cobra más relevancia en el diseño de la política económica argentina, como reflejó la salida de Luis Caputo del BCRA, tiene tres ejes. El primero, la ampliación de los montos acordados y el adelanto de desembolsos para 2018 y 2019. El segundo, el compromiso de no aumentar la base monetaria hasta junio de 2019. El tercero, el establecimiento formal de un esquema de flotación del dólar entre bandas de 34 y 44 pesos. Estos aspectos se suman a la ratificación del déficit cero (primario) para 2019, que se conseguirá principalmente mediante un ajuste del gasto público.

La ampliación del monto del préstamo total de 50 mil a 57.100 millones de dólares y el adelanto de los desembolsos dan cuenta de la muy delicada situación macroeconómica argentina y la pésima administración del primer desembolso del FMI. Para tomar dimensión de este último punto cabe destacar que en junio ingresaron 14.956 millones de dólares frescos del Fondo y según el balance cambiario del Banco Central en solo dos meses se fueron 13.075 millones de dólares en compra de divisas para ahorro o especulación, pagos de deuda e intereses, turismo y salida de capitales extranjeros (todas las partidas en términos netos). El resto se terminó de ir en lo que va de septiembre. Es decir, el préstamo del Fondo se perdió en partidas absolutamente ociosas en poco más de dos meses.

Lo delicado de la situación macroeconómica no solo se constata en el presente, sino sobre todo en las proyecciones. Previo al acuerdo, desde el OCEPP estimamos que para 2019, para financiar el programa financiero, el déficit de cuenta corriente y la fuga de capitales (si se mantiene en los niveles de 2018), al país le faltaban unos 33.200 millones de dólares que debían financiarse con reservas internacionales o nueva deuda externa. Es decir, si el Gobierno no conseguía ese dinero en el mercado financiero, hubiese resultado en un escenario caótico, ya que hubiese implicado una caída insostenible de reservas. Incluso en un escenario optimista, con una fuga de capitales en torno a los valores de 2016 (cuando fue la mitad que 2018), se hubiera requerido un financiamiento extra por 8700.

Efectivamente el panorama para 2019 cambia con este acuerdo y el Gobierno compra un poco de aire. Dado el adelanto de desembolsos extras que puede realizar el Fondo, las necesidades extras de divisas ascenderían a 17.500 millones de dólares en el "escenario malo", lo cual se podría cubrir con reservas internacionales, y se alcanzarían a cubrir las necesidades en el "escenario bueno".

El otro punto neurálgico del acuerdo es la meta de agregados monetarios. Donde el remedio podría ser mucho más duro que la enfermedad. En una economía con una inflación que supera el 40% se necesitan más dinero para la propia circulación de los bienes y los servicios. Será difícil cumplir esta meta en un contexto de desarme de Lebacs y donde se prevé una menor intervención del Banco Central vendiendo reservas internacionales (lo cual contribuye a reducir la base monetaria). Sin embargo, en caso de que ocurra será mediante encarecer mucho el costo del dinero, es decir, elevar la tasa de interés aún por encima de los niveles actuales, que son récords internacionales. Mayores subas en la tasa de interés desestimularán aún más la inversión productiva y complicarán todavía más las condiciones de las pequeñas y medianas empresas que apelan a distintos instrumentos financieros en su operatoria cotidiana. Entre mayo y julio la actividad económica promedió una caída interanual de 5,1%, esta medida profundizaría este rumbo recesivo.

En cuanto a la flotación entre bandas, se ha dispuesto un intervalo muy amplio (entre 34 y 44 pesos, con una actualización mensual de 3%) que facilitaría su cumplimiento. Sin embargo, en caso de que el tipo de cambio presione para superar los 44 pesos, la intervención permitida de 150 millones de dólares es muy limitada. Por caso, desde que se inició la corrida cambiaria, a fines de abril, el BCRA intervino en más de veinte ocasiones con compras superiores a esa cifra.

Mediante el nuevo acuerdo, el Gobierno podría estar comprando tiempo para 2019. ¿Alcanzará para calmar al dólar? Podría ser, pero mediante mayor financiamiento y un ajuste mayor que ayude a equilibrar las cuentas externas al generar una economía más chica que consuma menos divisas. Más deuda, más desempleo y cierre de empresas serán el resultado de este programa. Aun así son muchas las variables sueltas que quedan. Estados Unidos ratificó una nueva suba de la tasa de interés de su país y ya anunció una nueva para diciembre y tres más para el año que viene. El mundo acumula fragilidades que pueden generar efecto contagio en nuestro país como la crisis turca de hace unos meses. Nuestra vulnerabilidad externa sigue siendo muy elevada, los problemas se patean para el futuro vía nuevas deudas y en el medio se somete a la población a un gran deterioro en sus condiciones de vida.

Los autores son economistas del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP).