Latinoamérica, y particularmente Argentina, es una región donde la inflación es un problema recurrente. Una tasa alta de inflación provoca la debilidad de sus divisas y por ello se convirtien en economías "dolarizadas", es decir, dependientes del dólar norteamericano. Esto provocó que quienes pueden hayan convertido sus ahorros a la divisa norteamericana; y que, para tener seguridad en el mediano plazo, en muchas transacciones, como la compra o el alquiler de inmuebles, se haya buscado establecer el precio en dólares USA. Esto acarrea otro problema para estas economías: cuando transitan un período de déficit del sector externo, no hay dólares suficientes para la demanda real o potencial.

Ahora bien, la historia demuestra que ninguna moneda pudo cumplir fielmente la función de patrón de valor estable en períodos prolongados, incluso el dólar norteamericano ha sufrido depreciación, aunque a un ritmo menor que las economías latinoamericanas. En el siglo XX, el dólar tuvo 82 años de inflación, 15 de deflación y 3 de estabilidad. Hubo 10 años de inflación de dos dígitos: 1917, 1918, 1919, 1920, 1942, 1947, 1974, 1979, 1980,1981. Hubo un único año de deflación de dos dígitos: 1921 (U.S- Department of Labor. Bureau of Labor Statistics).

Una solución, que ha demostrado ser efectiva, es desdoblar las funciones de la moneda, ideando una nueva institución: la Unidad de Cuenta Estable, que pretende convertir el concepto de la estabilidad (índice de precios) en una moneda (unidad de cuenta). Una moneda virtual indexada por la inflación. Esto fue lo que hizo Chile en 1967, hace más de 50 años, con un enorme éxito.

UF: Unidad de Fomento de Chile. Un patrón monetario estable

El 20 de enero de 1967, durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva, Chile creó la Unidad de Fomento (UF), una unidad de cuenta indexada a la fluctuación de la moneda corriente (peso chileno) según la variación de su poder adquisitivo, medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), lo cual permite mantener la capacidad de compra a lo largo del tiempo.

Casi cinco décadas de aplicación de la UF en Chile han logrado resultados ampliamente positivos: disponer de un patrón monetario de aceptación universal. En enero de 1985, el 96% de las colocaciones del sistema bancario, a más de un año, se habían efectuado en UFs u otras formas de indexación. Entre 1975 y 2011 la inflación del dólar fue del 427% y la valorización de la UF en dólares fue del 461 por ciento. La UF protegió al ahorrista de la inflación del peso chileno y del dólar. De esta manera se desencadenó el milagro del ahorro (saving miracle), generado por su estabilidad. Quien en 1975 colocó 100 dólares, en un plazo fijo, al 3% anual, en 2011 tiene 1362 dólares. Dado que depende de la Tasa de Política Monetaria (TPM), el principal instrumento del Banco Central, que rige la tasa de interés de los bancos, la rentabilidad puede cambiar mes a mes. Durante el año pasado, la TPM se mantuvo casi todo el período en 3%, para luego subir en octubre a 3,25% y en diciembre a 3,5%, rango en el que se mantiene hasta hoy.

Junto a una política económica ordenada, las UFs contribuyeron de manera significativa para alcanzar el mayor crecimiento per cápita de América Latina en el período 1974-2009 (siete veces más que Argentina y tres veces más que Brasil), reducir el spread bancario en 7,7 puntos optimizando la competitividad (el spread bancario para operaciones indexadas es el más bajo de América Latina y está en línea con el de los países más desarrollados), crear un mercado de capitales de significativa dimensión en relación con el tamaño de su economía, reducir la deuda externa a menos de la mitad entre 1985 y 2000, medida como porcentaje del PBI. Hoy, a Chile lo financia el ahorro chileno, especialmente grandes inversiones de infraestructura. Quizá su logro más importante fue ejercer una influencia estabilizadora, contribuyendo al abatimiento de la inflación, que bajó del 508,1% anual en 1973 a tasa promedio del 3,3% en la última década.

El ejemplo de Chile ha sido seguido por otros países de América Latina como Uruguay, México y Colombia. En el caso de Uruguay el 8 de diciembre de 2011 completó la pesificación voluntaria del 47% de su deuda externa, entregando bonos emitidos en unidades indexadas y pagaderos en pesos uruguayos. Wall Street se desprendió voluntariamente de bonos nominados en dólares recibiendo en pago bonos pagaderos íntegramente en pesos uruguayos.

Argentina puede lograr en cuatro años la misma bancarización de Chile. Ello posibilitará inyectar gradualmente al sistema productivo el equivalente a 260 mil millones de dólares de crédito genuino (Riva, 2012), suficiente para financiar un vasto plan de desarrollo que corrija sus graves falencias estructurales.

En Chile se llamó Unidad de Fomento (UF), fue creada en tiempos de alta inflación en ese país para resguardar los ahorros, precisamente para que no acabaran comprando dólares. Y más tarde se trasladó también al mercado de créditos hipotecarios, con igual éxito. Su articulación en la vida del país es la siguiente: los chilenos llevan los ahorros al banco, los depositan y al final del año, si retiran, reciben el dinero que depositaron, más la inflación del período y más un interés del 3% anual aproximadamente. El banco, a su vez, está obligado a convertir todos los plazos fijos de más de 90 días en UF que van a la producción, a créditos hipotecarios, en definitiva, al desarrollo de la economía. Es una unidad de cuenta indexada a la inflación, repito, no impresa ni acuñada.

Aunque funciona como una reserva de valor "equivalente" a una moneda, también es de destacar que, en el caso argentino, inmunizaría, aunque sea parcialmente, el impacto de las variaciones bruscas en el tipo de cambio sobre los precios internos al desdolarizar la economía interna, además de liberar al Banco Central de la demanda doméstica de dólares billete para atesoramiento. Para esto, es clave la credibilidad de las leyes que sustenten la implementación de esta "unidad de cuenta estable" (leyes con mayorías agravadas) y un IPC total y absolutamente autónomo de los avatares políticos. Al proteger contra la depreciación, incluso del dólar, una "UF" argentina se vuelve con el paso del tiempo más confiable y segura, por su facilidad de uso, que el dólar billete. Además, no hace falta hacer su conversión (de dólar a UF) de manera compulsiva.

El autor es profesor de Historia Económica (UBA y UNlaM).