Desde Miami

Estados Unidos vive una situación extraña. Económicamente está en medio de un boom. Políticamente todo se parece bastante al caos, con Donald Trump en medio de la escena, usando Twitter como arma, más peligrosa que la lengua karateka de Moria Casán.

La semana pasada, el New York Times publicó un artículo anónimo atribuido a un miembro del staff de la Casa Blanca en el que esta persona contaba que, dentro de la mansión de los presidentes, se había formado directamente un cuerpo de resistencia para oponerse a los delirios del jefe de Estado.

Trump salió a decir que aquello era poco menos que un atentado a la democracia. Por otro lado, el Presidente ha declarado que está perfectamente dentro de sus facultades constitucionales concederse a sí mismo un perdón presidencial (presidencial pardon) si llegara el caso de necesitarse, tema que incluso fue cuestión de debate durante las audiencias de confirmación en el Senado del juez Brett Kavanaugh, postulado por el presidente para ocupar una silla vacante en la Corte Suprema.

Kavanaugh es un juez actualmente de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia y trabajó en la administración republicana de George W. Bush. Su elección puede torcer por generaciones el equilibrio ideológico de la Corte hacia el conservadurismo.

Pero en materia económica todo es diferente. Aquí reina el optimismo y la sensación de un crecimiento sin par. Obviamente, el Presidente es el primero en atribuirse todos los méritos por esa situación, con tuits diarios que se encargan de recordarlo debidamente.

Pero cuando el premio es grande, los dueños son muchos. Y esta semana el presidente Barack Obama salió al cruce de Trump para aclarar que, en realidad, el crecimiento ya había comenzado con él y debido a sus medidas e iniciativas.

Obviamente —y más teniendo en cuenta los problemas internos de la "West Wing" (el área presidencial y del staff de la Casa Blanca)— Trump está utilizando los resultados económicos para hacer campaña y respaldar a sus candidatos al Congreso en las elecciones de medio término del próximo noviembre, para tratar de mantener el control del Congreso que actualmente está, de hecho, del lado de los republicanos.

Los partidarios de Trump dicen que el boom económico se debe a que el Presidente terminó con la "guerra contra las empresas" que llevaban adelante los demócratas y que las decisiones presidenciales en materia impositiva son la causa del actual crecimiento.

Obama, por su parte, salió al cruce diciendo: "Cuando se habla de los números de la economía y del boom actual, se olvida decir cuándo ese boom comenzó". Trump respondió: "Solo está tratando de tomar un poco el crédito de lo que estamos haciendo… Pero no fue él; fui yo", dijo.

Algunos economistas anotan, sin embargo, que la recuperación económica después del bajón de 2008-2009 ha sido más lenta que otras recuperaciones de posguerra y que también ha sido más desigual. La economía, sin embargo, lleva 95 meses consecutivos generando empleos nuevos.

En los 19 meses que siguieron a la toma de posesión de Trump, se crearon 3,58 millones de puestos de trabajo, un poco por debajo de los 3,98 millones que se crearon en los 19 meses posteriores a la asunción de Obama.

Pero a favor de Trump, la economía está creciendo a un ritmo más rápido y más constante de lo que creció en el último año de Obama. Durante la primera mitad de este año el ritmo de crecimiento es del 3,3% anualizado, algo por debajo de lo que había conseguido Reagan con un sólido 4,4 por ciento.

El desempleo general del país está en el nivel histórico más bajo, algo así como 3,9%, y los empleos de las minorías africana e hispana han crecido sólidamente. Los mercados están en récords históricos también.

El diario The Washington Post es famoso, entre otras cosas, por entregar sus "Pinochos" a quienes dicen mentiras. Pues bien, acaba de entregarle tres de los cuatro "Pinochos" disponibles respecto de la aseveración presidencial de que la economía nunca en la historia estuvo mejor, demostrando con números que la performance actual fue superada por Ulysses Grant, Dwight Eisenhower, Lyndon Johnson y Bill Clinton.

De todos modos, más allá de la guerra política Trump-Obama, todos coinciden en que la decisión de ir adelante con las rebajas de impuestos ha sido una movida esencial para que las empresas inviertan y mantengan altas las expectativas de empleo y de apreciación de sus stocks.