Necesidad de superar al macrismo y al kirchnerismo

Si se puede hacer alguna afirmación, luego de los más turbios días desde la asunción del macrismo, es que el ajuste está destruyendo al país. La suba imparable del dólar, la inflación que supera los pronósticos más agoreros, la devaluación de los salarios y el cada vez menor ingreso de los sectores populares, sumados a una ola de despidos, muestra un retrato del fracaso total de la política económica oficial. Y no solo un fracaso, sino un plan que solamente celebran (de manera pública) las capas más elevadas de la sociedad —que habitan, incluso, el mismo gabinete del presidente Macri, entre tantos otros miembros del Gobierno que representa a los propietarios de las grandes empresas.

Los cráneos mediáticos del oficialismo insisten con que el peronismo planifica un golpe, cuando el peronismo en sus diferentes facetas votó todo lo que el Gobierno planteó que se votara y ejerció el ajuste con rigor allí donde gobierna. Algo de lo que no está excluida la fracción K del peronismo. Si existe un reducto —un santuario— del kirchnerismo, es posible hallarlo en el gobierno provincial de Santa Cruz, a cargo de Alicia Kirchner, hermana y cuñada presidencial, de acuerdo con los tiempos que gobernó la anterior administración. La gobernadora Kirchner, que mostró fidelidad al pacto de ajuste fiscal que acordó con el actual ejecutivo, continúa esa senda y acaba de ofrecerles un 2% de aumento salarial a los docentes de la provincia. El lector no se equivoca cuando lee "2%". Un ataque a los salarios de magnitud inconcebible que demuestra que un Gobierno de Daniel Scioli no sería sustancialmente diferente al de Macri. Quizás por eso Mario Blejer, que era el economista preferido del ex gobernador bonaerense cuando era candidato, es un férreo defensor de las políticas económicas del oficialismo. O que Miguel Bein, que era el elegido por Scioli para ser su ministro, fuera tentado para ese cargo por el macrismo en el fin de semana fallido del Gobierno.

Si algo demuestran los años de la gestión anterior (en la que, mientras los bancos obtenían ganancias extraordinarias, la pobreza llegaba al 30% de la población) y la actual (en la que esos guarismos se exacerban día a día), es que son todos ajustadores.

Las capas laboriosas, populares y medias son las más afectadas por las consecuencias brutales del plan económico del Fondo Monetario Internacional, aplicado por el gobierno nacional y los provinciales (radicales, peronistas y K). Si hay una barrera para que opongan resistencia a estos planes de destrucción de sus condiciones de vida, se encuentra en las direcciones sindicales que pactan con el Gobierno y las empresas el ajuste de sus representados.

No solo los "gordos" de la CGT, sino que también los K del subterráneo. Si los triunviros cegetianos se reunían con una delegación del FMI mientras eran reprimidos frente a los planes de vaciamiento de la constructora de navíos platense, no es menor señalar que los metrodelegados kirchneristas firmaban un acuerdo con la empresa concesionaria del servicio y el Gobierno porteño que entregaba el derecho al paro. Además de firmar un convenio salarial que está debajo de las expectativas de inflación, firmaron que no realizarían medidas de acción directa desde la fecha en adelante, hasta 2019 (en consonancia con la campaña "Hay 2019" del kirchnerismo). El mote que le cabe a este tipo de direcciones gremiales —la cegetista o la K— es de "burocracia sindical".

Frente a la parálisis que imponen estas burocracias, que será superada por las grandes movilizaciones previstas para el paro general del 24 y 25 de septiembre, las movilizaciones gigantescas por la legalización del aborto y contra el ajuste en la educación (y su antecedente de la gigantesca movilización a Congreso el 14 y 18 de diciembre de 2017 contra la confiscación jubilatoria) marcan un camino: los sectores populares pueden avanzar frente a un ajuste brutal y sus ejecutores.

Hoy se agita el fantasma del regreso de los K y se presencia el actual descalabro macrista. Como frente a toda crisis política y económica de gran magnitud, es hora de discutir alternativas independientes en favor de las mayorías.

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