El papa Francisco y nuestra hermana el agua

La creación

La Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación se celebra todos los 1º de septiembre desde 2015. En su mensaje el papa Francisco habló al mundo sobre el tema y, en especial, del agua. Esta fecha deliberadamente coincide con el día fijado antes por su amigo, el ortodoxo Bartolomé I, patriarca de Constantinopla, y a ella adhirieron otras iglesias que también se unen en la plegaria por el cuidado de la creación.

¿Creación es igual a naturaleza?

Antes de hacer una lectura del mensaje papal recordemos que para la tradición judío-cristiana decir "creación" es más que decir "naturaleza", la creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado: "Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado" (Sb 11,24). (LS Nro. 92).

Dios crea al hombre y está en el hombre

Recordemos también que el hombre es creado por Dios, de ahí que Dios está en el hombre como en todas las cosas por Él creadas y por eso también decimos que el hombre es un ser inmanente y trascendente, pues participa de la trascendencia divina. Nosotros y Dios somos de este mundo y somos en esta historia que es parte de la Historia de la incesante tarea de creación divina. Y somos cooperadores de Dios en su proyecto de amor "donde cada criatura tiene un valor y un significado" (Papa Francisco LS Nro. 77). Y, por lo tanto, también somos responsables del cuidado del mundo, de nuestras relaciones con Él, con los otros y con la naturaleza. En el centro de esa red de relaciones y realidades se encuentra el pueblo pobre y adelante el "reino de Dios".

El deber de reparar lo que el hombre desobedeció

Ciertamente que el hombre desnaturalizó el mandato de "dominar" la tierra (cf. Gn 1,28) y de "labrarla y cuidarla" (cf. Gn 2,15), también el mandato aquel cuando dijo: "Debes amar a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo". Si no los hubiera desnaturalizado, no habría deterioro del planeta ni pobreza, ni guerras. Por eso la misión que hoy tenemos y el sentido de nuestro paso por este mundo no es otro que el de reparar ese camino de destrucción.

Dice el papa Francisco en Laudato si', nº 17: "Claro que las reflexiones teológicas o filosóficas sobre la situación de la humanidad y del mundo pueden sonar a mensaje repetido y abstracto si no se presentan nuevamente a partir de una confrontación con el contexto actual, en lo que tiene de inédito para la historia de la humanidad. Por eso… propongo detenernos brevemente a considerar lo qué le está pasando a nuestra casa común".

Qué le pasa a nuestra casa común

Sin entrar en el detalle del citado documento pontificio, una declaración conjunta entre el Papa y el patriarca de Constantinopla del 1º de septiembre pasado sintetiza el estado de la situación actual. "Revela un escenario moralmente decadente donde nuestra actitud y comportamiento hacia la creación oscurece nuestra vocación como cooperadores de Dios. Nuestra propensión a interrumpir los delicados y equilibrados ecosistemas del mundo, nuestro deseo insaciable de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, y nuestra codicia ilimitada de ganancias en los mercados, todo esto nos ha alejado del sentido original de la creación. No respetamos a la naturaleza como un regalo compartido; por el contrario, la consideramos una posesión privada. Ya no nos relacionamos con la naturaleza para sostenerla, sino que la dominamos para sostener nuestras propias invenciones".

El mensaje del papa Francisco sobre el agua

En primer lugar, nos dice el Santo Padre en su mensaje: "El agua nos invita a reflexionar sobre nuestros orígenes. El cuerpo humano está compuesto en su mayor parte de agua", así como muchas civilizaciones nacieron a la orilla de "grandes cursos de agua que han marcado su identidad".

El deber de cuidar el agua

Siendo "su papel fundamental en la creación y en el desarrollo humano" dice el Papa hay que dar gracias a Dios y hay que "cuidar las fuentes y las cuencas hidrográficas", "superando un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual" (LS Nro. 159).

No a la privatización que se oponga al derecho humano al agua

"Urgen proyectos compartidos y gestos concretos, teniendo en cuenta que es inaceptable cualquier privatización del bien natural del agua que vaya en detrimento del derecho humano de acceso a ella". En Laudato si', nº 30 decía Su Santidad: "Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento".

Hacia la unidad plena de todos los cristianos de todas las confesiones

"El agua representa un elemento esencial de purificación y de vida". "Santificada por el Espíritu es la materia por medio de la cual Dios nos ha vivificado y renovado, es la fuente bendita de una vida que ya no muere más". Y nos conduce a los cristianos de distintas confesiones, a partir del bautismo, a la unida plena.

Dar de beber y garantizar el agua para todos

Dios nos pide, dice el Papa, que le demos a Dios de beber, en tantos sedientos de hoy, recordando el; "Tuve sed y me disteis de beber" (Mt. 25,35). "Dar de beber, en la aldea global, no solo supone realizar gestos personales de caridad, sino opciones concretas y un compromiso constante para garantizar a todos el bien primario del agua", dice el Papa.

Entre 7 y 8 millones de argentinos no tienen acceso al agua potable

El papa Francisco, como no podía ser de otro modo, no hace consideraciones particulares en su mensaje. Pero nosotros queremos consignar dos datos elocuentes de nuestra realidad nacional relativa al agua: tenemos una de las mayores reservas de agua dulce del planeta. Al acuífero Guaraní (que compartimos con Uruguay, Paraguay y Brasil y que cubre 1.200.000 km2, con un volumen de aproximadamente 40.000 km3, un espesor de entre 50 y 800 m y una profundidad máxima de aproximadamente 1800 m), sumamos al Yrenda – Toba- Tarijeño, que se extiende por la región chaqueña de nuestro país, Bolivia y Paraguay y posee una extensión de 362 mil km2 y el Pehuelches (de alrededor de 40 km³ de agua). También debemos considerar los 15.691 glaciares de los Andes, sin contar el sector antártico donde se encuentran, a pesar de las pérdidas constantes derivadas del calentamiento global, las mayores reservas de agua dulce en estado sólido del planeta Tierra. Otra de las grandes maravillas que Dios ha creado en nuestra Tierra. Sin embargo, no sin vergüenza debemos consignar también otro dato referido al tema en tratamiento: en nuestro país bicentenario hay entre 7 y 8 millones de habitantes que no tienen acceso al agua potable por falta de distribución y obras de saneamiento.

Los pobres y la falta de agua potable

Dice el papa Francisco en su encíclica Laudato si': "Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento y de mortalidad infantil. Las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay una reglamentación y controles suficientes. No pensemos solamente en los vertidos de las fábricas. Los detergentes y productos químicos que utiliza la población en muchos lugares del mundo siguen derramándose en ríos, lagos y mares".

Volviendo a nuestra propia casa, a menos de una hora del centro de la ciudad de Buenos Aires, cuando llegamos al Conurbano, periferia del Gran Buenos Aires, no solo podemos comprobar que casi un 50% de las casas no tienen agua potable. Alrededor de 40 mil ranchos en el último censo figuran como casas "sin baño" tan solo en el distrito de La Matanza. Ranchos que en su mayoría están enclavados a orillas de arroyos o riachos pertenecientes a la cuenca del río Matanza-Riachuelo completamente y constantemente contaminados.

Sin agua potable no están garantizados los demás derechos humanos

"Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento" (Laudato si', nº 30).

El agua de los mares y de los océanos como signo de encuentro

Llama la atención el Santo Padre sobre las aguas de los mares y de los océanos hoy objeto del mayor descuido haciendo que "se llenen de extensiones inertes de plástico flotante".

Exhorta, por último, también a todos para que los mares sean signo de encuentro y no de separación entre los pueblos, y a una mayor responsabilidad y cuidado.

"Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy humilde, y preciosa y casta" (Del Cántico de las Criaturas, FF cit. en la Encíclica LS, nº 263).

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