De la mano de las aplicaciones de los teléfonos móviles y equipos con acceso a internet, siguen permanentemente apareciendo nuevas herramientas para el mundo de los negocios y del intercambio de bienes y servicios que evidencian cambios de paradigmas de las relaciones comerciales tradicionales.

Surge así la economía colaborativa que consiste en la conexión e interacción de individuos, que previamente no estaban relacionados entre sí, gracias a la tecnología de las aplicaciones a las que se accede a través de cualquier dispositivo con conexión a internet.

Es el caso de muchas aplicaciones que marcan tendencias hoy, como Rappi y Glovo, que son empresas que hacen de intermediarios entre usuarios que realizan un pedido de delivery de un producto o servicio determinado y usuarios que toman ese encargo y lo trasladan a destino.

La función de estas aplicaciones es conectar la oferta y la demanda de productos  vendidos por terceros, facilitando la concertación de negocios.

Analicemos en concreto cuáles son las particularidades de los que usan esta aplicación. Tenemos, por un lado, a las empresas que se registran para disponer de sus productos o servicios en la plataforma. Por otro lado, están los usuarios que realizan y demandan pedidos en la aplicación y, por último, tenemos a los usuarios que se registran como colaboradores para cumplir con el traslado de los pedidos.

Estos últimos deciden unilateralmente cuándo desean estar conectados a la aplicación, y aun estando conectados deciden unilateralmente si aceptan o no los pedidos de delivery de los otros usuarios.

Estos usuarios no usan uniforme, no se les proveen elementos de trabajo, no cumplen horarios fijos ni días fijos, pueden conectarse todos los días o una vez en la vida, no tienen zona específica asignada, es decir, se pueden mover libremente hacia cualquier zona en donde funcione la aplicación y reciben el 100% del costo del delivery.

Llegado este punto, los analistas se preguntan si existe o no relación laboral entre la empresa dueña de la aplicación y los usuarios colaboradores que llevan los pedidos.

Evidentemente resulta imposible pretender involucrar todo el universo económico de las plataformas en línea, que nos presentan distintos modos de intercambios comerciales, con una ley de contrato de trabajo del año 1974, en donde internet era recién un proyecto incipiente.

La revolución digital, tecnológica y de internet cambió radicalmente modos y formas  en las que se desarrollan trabajos, industrias, oficios, contratos, intermediaciones y prestaciones de servicios. En el caso concreto, observamos que no hay subordinación técnica, porque cada usuario decide si toma o no el pedido, y decide el modo de realizarlo o transportarlo. Tampoco hay dependencia económica, porque el usuario puede trabajar el tiempo que quiere, sin tener ningún tipo exclusividad y pudiendo libremente realizar otras actividades económicas. Faltando la dependencia técnica y económica, ¿qué espacio queda para la subordinación jurídica? Objetivamente ninguno, no hay sanciones, y el usuario no renuncia al interés propio de llevar a cabo o no el negocio concreto.

De acuerdo con lo expuesto, no existe entonces ninguno de los elementos típicos de las relaciones de trabajo, tampoco existen la sujeción, la dirección, la organización, los poderes de control y disciplina y la posibilidad del ejercicio del ius variandi que tienen los empleadores, ni obligación de prestar el servicio que le envían al usuario.

Tampoco hay voluntad ni indicios de las partes involucradas de querer celebrar un contrato de trabajo ni de someterse a la legislación laboral.

La Justicia en el país no se ha pronunciado hasta el momento en casos de este tipo, pero si la jurisprudencia internacional viene marcando la tendencia de inexistencia de relación laboral en este tipo de supuestos, así lo ha resuelto Tribunal de Trabajo de Turín, Italia, en el "caso Foodora" mediante sentencia del 11 de abril del corriente año. En igual sentido resolvió el Tribunal de Apelaciones de París, Francia, en una sentencia del 9 de noviembre del año pasado.

En síntesis, concluyo que, en el caso de las aplicaciones de Rappi y Glovo, no existe relación laboral entre la empresa creadora de la plataforma y el usuario colaborador.

El autor es abogado (UBA). Socio del estudio HMMR-Abogados. Profesor en la UBA y en la Universidad de San Andrés. Magíster en Derecho Laboral y Relaciones del Trabajo, magíster en Derecho Civil Patrimonial.