El debate sobre el aborto y los cuadernos K, elementos de distracción para una sociedad donde vivir se torna cada día más difícil, donde todo es discutible menos la distribución de la riqueza y las tarifas, que se ocupan de aplastar a los sobrevivientes de la clase media, de avisarles que ya los ricos necesitan ser tan ricos que no soportan sectores autónomos y libres. Quedarían tan solo los empleados y los subsidiados, esos suplen las clases de la sociedad integrada de ayer.

La corrupción intenta ocupar el lugar de chivo expiatorio y sin duda es responsable; claro que la otra, la institucional, hasta el momento no fue denunciada. Y los miles de millones de dólares que se fugan no estaban en los cuadernos, esos son legales y están en los bancos. Nos vendieron las privatizaciones como la panacea del capitalismo, ahora huyen con el dinero que lograron saquearnos y nos enteramos de que apenas somos colonia. Y hasta se animan a decirnos que esto es "lo moderno".

"Gorilas" eran los que odiaban al peronismo, aunque algunos del Gobierno deberían ocupar una categoría superior, algo así como "gliptodonte". Son personajes que odian a la política, no solo al peronismo, a todos los sectores ocupados de soñar un futuro colectivo. Como los que imaginan la agonía de la poesía, cuando las limitaciones se encuentran con la soberbia, siempre albergan la pretensión de volverse universales. La política como toda sutileza es para ellos una expresión del atraso, ahora el asunto es únicamente hacer negocios, y si los ricos son más ricos, habrá justicia.

Anunciaron que vendrían los inversores y se terminaron llevando la que producimos y la que nos prestaron; que detendrían la inflación y la pobreza, ya queda de sobra claro que son apasionados por multiplicarlas. Las luces del final del túnel no las ve nadie, sencillamente porque no hay luces, ya que el túnel no es una coyuntura sino una concepción de la vida.

El aborto pudo haber jugado el rol que para Raúl Alfonsín ocupó la "ley Mucci", una guerra cuya derrota marca una debilidad a la par de una nueva confrontación. El Gobierno va contra los sindicatos, contra el peronismo, contra la Iglesia y no olvida de despreciar a los políticos que lo rodean. Con la soberbia propia sumada a la de Marcos Peña y Jaime Durán Barba, pueden recorrer la pendiente del fracaso sin siquiera percibir el vértigo de la caída. Salieron a reclutar votos del progresismo que los desprecia y terminaron perdiendo adhesiones de los propios, que ya se aburren de tantos errores.

"Ni yanquis ni marxistas" fue una consigna genial del ayer, "ni liberales ni progresistas" debiera ser la síntesis de la conciencia de hoy. En los setenta el marxismo y la violencia nos acusaban de formar parte del "atraso", por ser reformistas y patriotas. Siempre que los ricos se encuentran con las izquierdas se impone la impronta colonial. Demasiados en nombre del peronismo insisten en considerar y encarnar el oportunismo como ideología. El peronismo nunca fue eso que ellos acomodan a la coyuntura, Carlos Menem fue una traición a la causa y a la sociedad. Los cuadernos son una foto de la otra traición: haber superado el 30% de caídos es responsabilidad de la dirigencia política donde el peronismo es gestor de buena parte. El oportunismo es el atraso, es lo más retrógrado y antiguo que pasó por la humanidad, es tan solo una variable de la prostitución. Eso nunca fue en vida de Perón, eso siempre se instaló en el tiempo extraviado de sus herederos.

El atraso suele ocultarse bajo el nombre de "progreso". Todos los que hablan lo hacen en nombre de la modernidad, del futuro, de lo nuevo; habría que recordarles que "no hay nada nuevo bajo el sol".

Con el aborto y el dólar, el Gobierno logró instalar los "fracasos gemelos", tanto en lo político como en lo económico demostró no conducir demasiado. Y todo en nombre y al servicio de ser "lo nuevo"; la política es un arte que legó grandes hombres, ese invento moderno de la negación del arte es tan solo para otorgarle prestigio a la codicia. Hasta la misma naturaleza delata sus desequilibrios por causa del abuso de sus desmesurados comerciantes. Modas, esnobismos, lectores de encuestas, carentes de convicciones se dedican a seguir el rumbo de lo que imaginan que es la mayoría. Hasta a veces dicen expresar a la juventud, como si buscaran en las conductas de sus hijos las fuerzas morales que nunca asumieron como propias. Supuestos guías extraviados que interrogan a las masas preguntándoles adónde querrían llegar.

Los ricos y sus leguleyos lanzaron la carnada del aborto para evitar el debate de fondo que nos debemos como sociedad, la distribución de la riqueza. Los ricos siempre tuvieron un aliado fiel en su supuesto enemigo de izquierda que casualmente suele jugar en su favor. La antipatria tiene dos alas extranjerizantes, ambas con raíz filosófica en las playas de Miami.

Los muchachos de Cristina negaban la existencia de los cuadernos, la casualidad hizo que todos los datos fueran ciertos y que esa variante de "corrupción revolucionaria" quedara tan desnuda que ni siquiera se sostiene como propuesta política. Cristina y Macri se necesitan; si uno cae, también desaparece el otro. La política requiere, exige, que ambos dejen de ocupar su espacio y volvamos a debatir sobre el futuro colectivo. Eso se hace en la unidad de los argentinos; mientras uno de los dos tenga vigencia, ese encuentro imprescindible no va a ser posible. No importa que por ahora no tengamos candidatos, ya vendrán, al menos sabemos a quiénes le debemos dar la espalda y ya con eso es suficiente.

El General decía: "La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de este". Todos sabemos dónde estamos.