Un trámite. Así definió la Vicepresidenta de la Nación la votación que se llevó a cabo en el Senado para sacar de la clandestinidad a cientos de miles de mujeres que en Argentina deciden no continuar con su embarazo. Mientras tanto, otras cientos de miles de mujeres, la mayoría muy jóvenes, festejaron en la calle durante la madrugada, en paz y con alegría, porque el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo se apoderó de cada esquina, de cada charla y de cada encuentro. Ese poder, popular e imparable, le está dando una lección importante a la democracia. Le está mostrando que no se pude manipular más la opinión pública.

Porque mientras nosotras peleábamos para ampliar derechos en la calle, tuvimos que escuchar algunas manifestaciones de un país que ya no existe más. Que el preservativo y las pastillas no sirven para prevenir embarazos, que la violación intrafamiliar no es violación y que el aborto es un genocidio. Expresiones de una Argentina que se va a jubilar pronto para dar lugar a otra tierra. La que van a habitar mi hija Milagros y sus amigas, que además votan el año que viene. Es cuestión de tiempo. Las generaciones que vienen se van a sumar a la política con una mirada superadora.

Por cuestiones electorales o por la falta de ética de la responsabilidad a la hora de abordar un tema de política pública con una mirada religiosa, la mayoría de los senadores decidió que Argentina siga viviendo en el pasado. El mundo entero nos miraba para ver si podíamos mejorar como país para que las mujeres fueran libres para decidir, y les dimos la espalda. Diarios de todo el planeta lo vieron como un retroceso. Y apenas tres días después del rechazo del Senado, se conocieron dos casos de mujeres con complicaciones graves por abortos clandestinos.

No es casual que la mayoría de los legisladores que le dio la espalda al proyecto representan en su banca a las provincias con tasas más altas de embarazo adolescente. A 12 años de la existencia de la ley de educación sexual integral (ESI), los índices de embarazo adolescente muestran los pocos efectos que tuvo sobre la realidad en la mayoría del territorio del país. El último informe de natalidad y mortalidad del Ministerio de Salud muestra que el 15% de los nacidos vivos —115 mil sobre 770 mil— son de madres adolescentes menores de 20 años. El 75% de las jurisdicciones muestran porcentajes de nacidos vivos de madres adolescentes por debajo del 19,4 por ciento. Las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Misiones, Salta, Formosa y Corrientes superan este valor. El cumplimiento de los derechos y la implementación de las leyes de salud sexual y reproductiva y educación sexual integral son un problema en todo el país, pero más en el norte y en Cuyo.

La autora en una manifestación a favor de la ley IVE
La autora en una manifestación a favor de la ley IVE

Uno de los argumentos de quienes estaban en contra de la ley de interrupción del embarazo era que todo el problema se podía resolver con la aplicación de la ley ESI. Este gobierno lleva casi 3 años en los que, además de no fomentarla, fue sistemáticamente desfinanciando los programas de salud sexual y reproductiva.

A través de un estudio realizado por la Fundación Huésped en septiembre de 2017 se descubrió que el 79% de los docentes del país no incorpora contenidos de ESI a sus materias, aunque el 96% conoce la normativa. La mayoría de los datos obtenidos en este relevamiento indican que tanto docentes como alumnos siguen identificando la educación sexual integral con temas biológicos y no culturales.

Lo que no logra el Estado, lo está empezando a lograr el colectivo de mujeres. Porque puede generar grupos multipartidarios con personas que piensan muy distinto en muchos temas, pero que pueden sumar fuerzas para trabajar temas de salud pública. Al final, las mujeres le están dando una clase de democracia a la dirigencia política tradicional.

Hubo un grupo de mujeres —y hombres—, legisladores de todos los partidos políticos, que dio un ejemplo. El 8 de agosto nos frenaron. Pero esto también pasará, y lo que no van a poder frenar es la luz verde que se prendió en millones de jóvenes. Con ley o sin ley, esta es una lucha que ya está ganada. Es cuestión de tiempo.

La autora es concejal por el Frente Renovador y dirigente peronista.