Los abogados dedicados a las defensas de imputados en causas penales están viviendo una pesadilla. Por ahora los que duermen mal son ellos, los defensores, pero quien crea que esa pesadilla que atraviesa el sueño de los abogados penalistas mas sensibles refleja solo un problema de ansiedad individual y no las primeras noticias de un descomunal resquebrajamiento del estado de derecho, debe cambiar de canal.

En esa pesadilla aparecen algunos periodistas exaltados con el supuesto descubrimiento del llamado "caso de los cuadernos", según anuncian entre saltos y garabatos, se trata del caso de corrupción mas escandaloso que sus jóvenes vidas profesionales hayan visto. En la pesadilla aparecen los mal dormidos abogados yendo a solicitar acceso a aquellos famosos cuadernos.

Se les anuncia que hay que esperar que el fiscal Stornelli vuelva de unos allanamientos que seguramente serán exitosos. Stornelli va acompañado con su nuevo mejor amigo: el remisero Centeno. Al otro día la noticia es que no hay cuadernos. Pero a no desilusionarse: Centeno se transformó en un "arrepentido colaborador". Mientras mandan a hacer los sellos de goma que lo acreditan en esa jerarquía eclesiástica, Centeno le cuenta, todo en esta pesadilla, a Bonadio que los cuadernos no van a aparecer porque él mismo los quemó en la parrilla. En este pesado sueño, se escucha una voz nítida de una persona de imagen borrosa, que dice: "¿Pero como, el arrepentido colaborador resulta que quemó los cuadernos y lo benefician con una reducción de pena y con la libertad y a otros ex funcionarios sólo porque alguien supuso erróneamente que habían hecho faltar documentación se lo encarceló en algunos casos hasta nueve meses?".

A varios metros, en esa misma pesadilla, el juez toma un conjunto de indagatorias con mal tono, pero lo hace en forma grupal (!!!). A pesar de ser un sueño, uno se frota los ojos e intenta ver mejor, ¿indagatorias grupales? Al lado del soñador aparece un cartel que dice: para que preocuparse del detalle de una indagatoria grupal, prohibida por el Código Procesal, si directamente el fiscal y el juez son protagonistas de un descomunal Forum Shoping (adjudicación de un caso por fuera del mecanismo objetivo y azaroso que las reglas preveen).

A 15 metros el fiscal se encuentra con otros arrepentidos que a cambio de que digan lo que hay que decir, pongan la ficha que falta en el Tetris que el propio fiscal esta jugando, ofrece un conjunto de ventajas. Algunos se arrepienten de haber sido víctimas de un delito, pero nadie les aclara que de eso no deben arrepentirse. Otros mencionan los nombres que hay que nombrar para tener el premio mayor: Presidentes, Ministros, Secretarios, etc.

En esta pesadilla y al ver que lo que dicen los arrepentidos requiere ser confirmado en su verosimilitud, los atónitos abogados solicitan participar en esas reuniones secretas entre fiscal y arrepentidos; pero una voz en off, en el propio sueño, dice: "Señor, debería saber que el arrepentido es un imputado y no puede ser interrogado por las partes". El soñador, en voz alta dice: "Pero si él fuera un testigo yo podría interrogarlo, ¿cuándo podré interrogar a alguien que no siendo un testigo, tiene cierta obligación de decir la verdad? La respuesta en off no se hace esperar: "Nunca".

Un poco mas allá el remisero Centeno certifica que las fotocopias son de los cuadernos originales escritos por él. Y a todo lo que él dice se le da credibilidad, a pesar de que hay párrafos ostensiblemente no sólo falsos sino imposibles. El abogado en el sueño quiere decir casi a los gritos que Centeno no es creíble, que cómo va a ser creíble un sujeto que engañó por meses a toda la Justicia haciendo creer que los cuadernos existían para luego confesar que él mismo los había quemado. El abogado pide que por lo menos le den copia del legajo personal de ese raro señor para valorar la credibilidad de sus dichos. Pero como sucede a veces en los sueños, la voz no sale, para desesperacion del protagonista del sueño, a sus movimientos faciales solo le sigue el silencio.

Afortunadamente las pesadillas terminan y uno se encuentra luego con la sosegada realidad.

El autor es abogado, doctor en Derecho, profesor titular de Derecho Penal y Procesal Penal.