Para que el pueblo argentino no pierda la capacidad de asombro, en los últimos días hemos sido espectadores de nuevos escándalos de corrupción. Así, este tema que nos tiene tan acostumbrados a los argentinos ocupa una vez más las primeras planas de los diarios y la grilla de los diversos programas de radio y televisión.

Semanas atrás conocíamos la escandalosa denuncia sobre los "aportantes truchos" en la provincia de Buenos Aires que salpicaba de realidad al gobierno de María Eugenia Vidal. De reacción lenta, y ante el silencio del gobierno nacional y la reserva de la gladiadora romana para que con su pulgar apruebe o desapruebe la denuncia, después de 30 días la gobernadora le pidió la renuncia a la titular de la Contaduría General de la Provincia (tesorera del PRO en la campaña) y solicitó efervescentemente una auditoría que ya sabemos cómo terminará.

Con tono acongojado, entre frases tales como "vengo a dar la cara" o "mi conducta ha sido honesta a lo largo de mi vida", como si eso no debiera ser una obligación de quien gobierna, buscó rápidamente instalar que se trataba de una burda maniobra para desprestigiar al gobierno en general. Todo esto cuando al día de la fecha la Justicia ya tiene comprobación de que existen personas indigentes como aportantes en la campaña electoral de la provincia de Buenos Aires.

Pero cuando todo se encaminaba para profundizar dicho escándalo, apareció en escena el chofer narrador que, con su bitácora de anotaciones incriminantes y sus videos cuasi cinematográficos, narraba sagazmente en primera persona cómo se realizaba la logística que el gobierno anterior utilizaba para recibir el pago de coimas de la obra pública.

Y así, como en Hotesur, los Sauces, la Rosadita, Skanska, los bolsos de López, Jaime, Cristóbal, Lázaro Báez, Ciccone, Lava Jato (capítulo argentino), dólar futuro, Arribas, Calcaterra, Aranguren, el robo a Michetti, Sevel, blanqueo de familiares, Avianca, soterramiento del Sarmiento, Correo Argentino S.A. y Panama Papers, entre muchos otros, una vez más un escándalo de corrupción se tapa con otro.

En este entendimiento, no resulta disparatado concluir que vivimos en una sociedad que ha naturalizado la corrupción; tal es así que la discusión ya no pasa por ser o no corrupto, sino por serlo menos que el otro. Por eso, es habitual ver representantes de partidos políticos revolearse con hechos de corrupción para ver quién fue o es más corrupto.

Una sociedad en la cual nos resulta gracioso que un mamarracho descarado que ocupó una magistratura de relevante importancia en la Justicia federal se pasee como una estrella de cine mientras se vanagloria de que en el exterior están interesados en hacer una serie contando su vida.

Una sociedad en la cual los que ayer festejaban por la aparición de los cuadernos hoy temen que se sigan dando vuelta las páginas y ser protagonistas del siguiente capítulo.

Hablemos en serio. ¿A alguien le sorprende que los cuadernos de don Centeno cuenten que se pagaban coimas de la obra pública y que el dinero se transportaba en bolsos? Nos podrá sorprender la prolijidad y la minuciosidad de las anotaciones, mas no lo que cuentan.

¿A alguien le sorprende que muchas de las empresas que fueron allanadas en estos días sean las que ganaron las licitaciones a través del sistema de participación pública y privada (PPP) impulsado el año pasado por el Poder Ejecutivo?

¿A alguien le sorprende que, para no correr riesgos de que Sánchez Caballero (ex CEO de IECSA) se quiebre, Ángelo Calcaterra, primo hermano del Presidente, se acoja a la figura del arrepentido confesando que como empresario pagaba coimas? Es decir, admitiendo que una empresa de la familia Macri le pagaba coimas al gobierno kirchnerista para que le otorgue obra pública.

Por favor, no seamos incrédulos. Dejemos de lado a los negadores seriales y a los fanáticos con anteojeras. ¿A alguien le sorprende todo lo que pasa? No, no sorprende porque en este país existe una matriz de corrupción estructural y sistémica, donde la calesita sigue girando y lo único que cambia es quién saca la sortija.

¿Y mientras tanto qué herramientas tenemos para luchar contra esto? Sin importar que distintos países saldaron positivamente la discusión sobre la acción de extinción de dominio, acá nos la ingeniamos para lograr una redacción estéril. Tenemos una oficina anticorrupción que se dedica a ser querellante en las causas donde existan funcionarios del gobierno anterior y a realizar dictámenes absolutorios cuando pesa sobre algún funcionario del actual gobierno un conflicto de interés. Una oficina que el Presidente modificó por decreto con nombre y apellido. Una oficina donde el controlado designa y remueve a dedo al controlante, le maneja el presupuesto y la estructura. La falta de una ley de ética pública aplicable efectivamente, en que el organismo encargado sea realmente autónomo y no complaciente con el poder de turno. Una ley del arrepentido que se queda corta. Una ley de responsabilidad penal empresaria deficiente y penas que son, en su mayoría, excarcelables para delitos de corrupción, entre otras tantas falencias.

En definitiva, poco ha cambiado. La vara de la transparencia y la rectitud ha quedado demasiado alta y los discursos cargados de positividad y compromiso sin sustento empiezan a perder peso.

La corrupción no es solo llenar bolsos con plata. La corrupción también está presente en los funcionarios que ejercen sus cargos públicos como negocios privados.

El autor es abogado, doctorando en Ciencias Jurídicas, docente universitario de Derecho Constitucional. Integrante del Consejo Académico del Instituto de Investigación y Estudios en Cultura de Derechos Humanos (CulturaDH), México. @matiasarregger