Días pasados, las autoridades de educación secundaria hicieron público el llamado "Monitor Educativo", que va siguiendo algunas de las tendencias principales en la educación. En este caso, la gran novedad —profusamente promocionada— era que había bajado la repetición. Como se sabe, ni bien comenzó el gobierno frentista, la repetición empezó a crecer, hasta el punto de que los no promovidos del ciclo básico de educación secundaria, que eran el 25,8% cuando asumió, llegaron al 33% en todo el país en 2011. En ese momento, en Montevideo, la repetición era de un 43%, algo nunca visto en la educación media del país.

Ahora los guarismos han retornado a las cifras del 2004 y esa es la gran noticia. Engañosa noticia, porque bien se sabe que el llamado "pase social" es el que ha permitido esa aparente mejoría. Las propias gremiales no hace mucho que denunciaron la presión que se ejercía sobre los profesores precisamente para que no hubiera repetición y se promovieran al barrer los más posibles. Ese "pase social" es el que viene destruyendo la enseñanza primaria, al punto que, como dijo hace poco la directora del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (INISA), recibieron jóvenes infractores con certificados de escolaridad, acreditando haber terminado Primaria pero que apenas podían dibujar su firma.

Si pasamos del ciclo básico al bachillerato, nos encontramos con que solo el 51% de los alumnos de 6º año logra promover a un nivel educativo siguiente. Los de 5º se habilitan generosamente, alcanzando un 72%, pero con hasta tres asignaturas pendientes. El hecho es que en ese bachillerato, el 42% tienen "extraedad", o sea que vienen arrastrando rezagos anteriores, pese al criterio de "facilismo" que se ha instalado como criterio dominante.

Naturalmente, estamos hablando de alumnos que siguen en la educación formal, porque los que han desertado representan un cociente alarmante. Según el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, a los 17 años ya el 27% de los jóvenes está afuera del sistema educativo, abandono que aumenta al 56% a los 22 años.

Hay que pensar, además, que en lo esencial, que es el resultado de los aprendizajes, seguimos en el mismo desastre. El 40% de los estudiantes de 15 años no logra el nivel mínimo en lectura y ciencias, mientras que el 52% no lo alcanza en matemáticas. Porcentajes que aún se elevan más en los alumnos provenientes del sector socioeconómico más débil.

Estos resultados nos llevan a que la sociedad uruguaya está privilegiando la enseñanza privada y que las familias hagan un enorme esfuerzo para que sus hijos accedan a ella. Si miramos los datos de "el monitor", nos encontramos con que la matrícula privada aumentó en secundaria un 15% entre 2005 y 2017, frente a un estancamiento de la pública. En primaria es aún peor: mientras la matrícula pública bajó un 22% en ese lapso, la privada aumentó un 14 por ciento. O sea que el gobierno frentista y las gremiales de profesores, que tanto desprecian al sector privado, lo que están haciendo es debilitar cada vez más la educación pública. Esto no es una impresión. Ahí están los propios datos oficiales.

Analizar esas mediciones puede ser tedioso. Confesamos que muchas veces nos cuesta comparar resultados y entender lo que ellos quieren decir. Pero ahí es que nos chocamos con el principio del problema: si las propias autoridades no reconocen la realidad que administran y pretenden presentar como positivo lo que es negativo, la situación se hace cada día más gravosa. No es distinto a lo que pasa en la seguridad pública, donde el ministro Eduardo Bonomi pretendió, antes del fin de año pasado, convencernos de que el delito bajaba hasta que la realidad se lo llevó por delante y el rezago se hizo real. A tal punto que él y el fiscal de Corte (verdadero ministro de Justicia) discuten públicamente, atribuyéndose uno al otro la responsabilidad del problema, sin que se vea con claridad un rumbo cierto.

Desde el 2005 estamos asistiendo a la demolición de nuestra reforma educativa de 1995 y a una atribución de poder público a gremiales que poseen una ilimitada capacidad de veto. Los propios técnicos que designó el presidente Tabaré Vázquez para intentar "el cambio de ADN" de la educación no duraron más de un par de meses en su intento.

El próximo gobierno, que esperemos sea el del cambio, tendrá una ardua tarea. Seguramente enfrentará debates poco racionales, dominados por el dogmatismo que ha campeado estos años. Pero hay que retomar el espíritu de la reforma de 1995, no temer a las nuevas ideas, no temer a decirles a los profesores que no podemos seguir con que cada año eligen dónde quieren ir, que hay que reconfigurar cada comunidad educativa para que forme ciudadanos de nuestra república y a la vez de ese mundo globalizado que no admite provincialismos ideológicos superados por los tiempos.