Aquel lugar común que define a la realidad como superior a la ficción cada tanto reitera su vigencia. La corrupción, la nuestra, en los últimos años está dividida entre la legal y la ilegal, siendo sin duda la institucional la que mayor daño nos causa como sociedad. Se montaron mecanismos que generan riquezas desmesuradas, las privatizaciones fueron su momento culminante, la explotación descontrolada de todos los espacios rentables del Estado por manos privadas es la causa inexorable de la decadencia social. Si todo lo rentable es privado y todo lo que da pérdida es estatal, el ciudadano está condenado a devenir en simple esclavo del poder económico.

Negar la pasión de los Kirchner por los "negocios" es tan absurdo como intentar ignorar que el actual gobierno nos conduce a una decadencia sin salida. Lo más irracional es el intento de ocultar los robos con el fracaso de la política o viceversa. Desgraciadamente ambas enfermedades conviven y ninguna es capaz de ignorar o negar a la otra, tan solo la vigencia de sus vidas paralelas devuelve al ciudadano al atroz espacio de la desesperanza..

Los cuadernos vienen después de demasiadas muestras de una conducta que podía arrojar bolsos con millones o tantas otras denuncias de cómo se llegaba a cobrar y ocultar el porcentaje que el poder imponía al negocio. Esa es la virtud y la debilidad de la impunidad, se asientan en la seguridad de mantenerse en el poder para siempre, las derrotas implican el momento de la verdad.

Los cuadernos son tan solo otra foto de un grupo que una vez más utilizó los sueños de cambio para ocultar la codicia de sus actores. Muchos escuchamos esos relatos tantas veces como algún despechado los describió por enojo o hasta algún beneficiario se jactó de sus logros. Nada era tan oculto como para que no se hubiera convertido en un aburrido cuento de sobremesa.

Eran bolsos y sin duda faltan prácticas que todavía no salieron a la luz, o quizás no surjan nunca. Pero negarlos es tan patético como cuando el Gobierno nos habla de futuras mejoras. Lo malo de las supuestas ideologías es que en su versión de fanatismo asumen la realidad como una simple molestia. Los cuadernos son tan ficción para los kirchneristas como el fracaso es pasajero para los del PRO.

El pasado con su corrupción a veces amenaza retornar, imponiendo el pragmatismo de que con ellos estábamos mejor. El presente en sus sueños de libre mercado ya superó en su creación de miseria a la misma corrupción a la que tanto intenta enterrar.

Difícil de asumir, complicado de aceptar, hoy vivimos entre un ayer cuyo retorno asusta y un presente cuya vigencia nos empobrece día a día. Hay una sola salida que es superarlos a ambos. Una única esperanza que se expresa en que ni Cristina ni Macri sean candidatos en la próxima elección. Solo ahí puede existir una cuota de esperanza. Lo otro será siempre una manera de profundizar la decadencia.

Como me dijo hace años un viejo amigo: "No crea que hemos tocado fondo, es que a usted le falta imaginación".