Para Mario Bunge existen tres tipos de países, los que tienen claro su rumbo y son naciones, los que dependen de otro y son colonias, y los que deambulan entre ambos espacios y viven en crisis. Difícil dudar de cuál es hoy nuestro lugar en el mundo.

Las ideologías son los lentes que utilizan algunos para transitar sus vidas. Para las naciones, suelen ser coyunturales, como el marxismo para China y Rusia o el libre mercado para Estados Unidos o Europa. Para los que no saben adónde van, como nosotros, suelen ser nefastas, llegan a sustituir a la misma realidad.

Cristina creía en la revolución y Macri, en el mercado. Ambos están tan convencidos de sus ideas que cuando estas fallan, no dudan en echarle la culpa a la realidad. Ninguno de los dos nos puede llevar a una sociedad estable, ambos apuestan a una contienda en la que nadie puede salir vencedor. Cuando Macri nos habla de una tormenta, se está refiriendo a la realidad; en su imaginario los mercados traen inversiones, en sus mismas narices se las llevan.

Los brotes verdes del segundo semestre ya son para el año que viene, eso según los ideólogos del mercado. ¿Gradualismo o masacre para empobrecer? Eso mismo intentaron Alsogaray, Martínez de Hoz, Cavallo y ahora Macri; dicen imitar a naciones que no entienden, esperan ayuda del exterior, confunden la política internacional con las relaciones públicas. Repiten al nefasto Carlos Menem: "Estamos mal pero vamos bien".

El mundo nos da una lección de "libre mercado", China y Estados Unidos, Europa y Rusia confrontan; mientras, nosotros esperamos con inocencia lo que otros con poder real jamás imaginaron que existiera: que lo engendrara la magia de la codicia ajena. Discutimos la ley de defensa sin siquiera recordar el lugar que la industria militar ocupaba en nuestro producto.

Macri, para mi concepción, ya fracasó, Cristina lo había hecho antes; el miedo al pasado no alcanza para darle al presente la coherencia de la que carece. Hoy tenemos más deuda, inflación y pobreza que cuando asumieron. Había graves problemas heredados, ahora estos se sumaron a los nuevos, los creados por el supuesto inversor que se la lleva.

Necesitamos forjar un proyecto nacional que esté más allá de la estupidez de populismo contra neoliberalismo. Es preciso intentar una síntesis entre lo mejor de cada bando, entre aquellos que asumen que la nación y su rumbo están antes y muy por encima de las coyunturas ideológicas.

Un proyecto nacional exige conocer nuestra potencialidad y las exigencias de nuestra población, relacionar recursos con geografía, educación con futuro. Imaginar que esto lo resuelve la magia del mercado o el estallido de la revolución es tan solo una mala síntesis entre necedad e imbecilidad, muy parecido es lo que pensaban los que se fueron y lo que imaginan los nuevos.

Debemos sustituir a los dueños de las certezas ideológicas por los responsables de las dudas estructurales y tomar conciencia de que políticas de Estado son solo las que resultan del acuerdo entre todas las fuerzas democráticas, el resto es tan solo un triunfo coyuntural. Macri pudo encarnar una síntesis, se conformó con ser otra opción pasajera; ahora solo queda apoyar la democracia y apostar a un cambio cualitativo.

Ni el pasado con Cristina ni el presente con Macri, seamos capaces de forjar una opción superadora y para eso hay gente rescatable en ambos bandos.