Los argentinos estamos acostumbrados a pararnos en posiciones antagónicas. En este último tiempo estuvimos inmersos en un clima de manifestaciones cruzadas. Me estoy refiriendo a la discusión de la interrupción voluntaria del embarazo, el régimen tarifario y, previamente, la reforma previsional. También fuimos testigos de acusaciones y escraches cruzados que pudimos seguir minuto a minuto por los medios. Pero no quiero limitarme a lo político. En general, no estamos acostumbrados a profundizar en las razones por las que no obtenemos los resultados que quisiéramos. Creemos que hay que elegir entre Messi o Maradona, peronistas o antiperonistas, la industria o el campo.

¿Qué nos pasa como sociedad que nos cuesta tanto intercambiar puntos de vista? Es importante recordar que manifestar nuestra opinión es un derecho y que la libertad de expresión es un valor fundamental de la democracia. Sin embargo, también es cierto que para poder expresarnos necesitamos un marco de respeto.

El principio de la coexistencia propicia el intercambio de ideas y permite que podamos profundizar sobre los temas que nos preocupan. Supone un trabajo de escucha, negociaciones y reconsideraciones.

Como representantes de la ciudadanía debemos dar el ejemplo. Trabajar para alcanzar acuerdos significa darle preponderancia a aquello que nos une como país, por sobre aquello que nos divide.

Las manifestaciones que solamente buscan criticar, ridiculizar o perjudicar a quienes tienen una voz disidente desvalorizan nuestra democracia. Las agresiones como, por ejemplo, el escrache realizado ante el instituto Hannah Arendt hace pocas semanas no construyen ni tampoco proponen.

Quienes representamos a la ciudadanía tenemos el deber de promover el diálogo en un marco de respeto. Es parte de nuestra responsabilidad trabajar para recuperar los valores republicanos y construir juntos el futuro que la Argentina merece.

Los intercambios de posiciones disidentes en un marco de respeto robustecen nuestra democracia. Un ejemplo de ello fue la discusión sobre la interrupción voluntaria del embarazo que se desarrolló en la Cámara de Diputados recientemente. Más allá de las diferencias que atravesaron a la mayoría de los bloques, debemos celebrar el intercambio de opiniones dentro de marco institucional. La invitación al debate que realizó el Presidente, habiendo manifestado su posición en contra, fue un acto de republicanismo que promovió una reflexión profunda y un diálogo sincero.

El debate y la escucha son primordiales para alcanzar consensos. Más aún dentro de una coalición, que tiene una dinámica muy distinta a la de los gobiernos de partido único. En este sentido, las coaliciones son un gran aporte a la democracia. Para funcionar requieren de una mirada a largo plazo, del reconocimiento de la contribución de cada parte al conjunto y del respeto de las diferencias. Sobre estas bases es que tenemos que impulsamos el país que queremos.

No debemos darnos por vencidos. Es posible salir de la dinámica dicotómica del ataque y el contraataque y dejar a un lado la retórica del enfrentamiento.

Como sociedad estamos comenzando a atravesar un cambio cultural en el que empezamos a erradicar las agresiones y premiar las actitudes de diálogo y reflexión. Hoy más que nunca ciudadanos y dirigentes tenemos que trabajar por un país en el que prime el diálogo profundo y sincero. Estamos frente a una gran oportunidad. No la desperdiciemos.

El autor es diputado nacional y secretario de Políticas Públicas del PRO.