"Uno para todos, todos para uno" es el lema tradicionalmente asociado a los héroes protagonistas de Los Tres Mosqueteros, la novela de Alexandre Dumas publicada en 1844. El lema era de los mosqueteros franceses Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan, leales unos a otros a pesar de las circunstancias y las pruebas. ¿Qué tiene esto con las últimas elecciones presidenciales de Paraguay, Colombia y México, y lo que proyecta para los comicios de Brasil? Mucho.

Lo explico: América Latina vivió una larga era de debates presidenciales centrados en la economía. Durante décadas las palabras clave eran "crisis de la deuda, moratoria, inflación, tasas de interés altas y desempleo". Mi abuela, fallecida a los 80 años en 2014, vivió todos estos ciclos y decía: "Hay inflación cuando el dinero que está en su bolsillo no vale nada. Hay recesión cuando el dinero vale pero no está en su bolsillo". En Paraguay, Colombia y México, las elecciones mostraron que esas palabras pertenecen al pasado. La economía ganó la compañía de otros dos mosqueteros: el combate a la corrupción y la violencia.

En Paraguay, el conservador Partido Colorado, que domina la política del país desde hace 70 años, sufrió más de lo que esperaba en las elecciones presidenciales. Su candidato, Mario Abdo Benítez, esperó durante horas el final del escrutinio viendo que su adversario, el liberal Efraín Alegre, se acercaba y quedó a solo cuatro puntos porcentuales de distancia. Su victoria tuvo como pilares centrales el servicio militar obligatorio para hijos de madres solteras, con el objetivo de disminuir los índices de violencia y el consumo de drogas, y la promesa de reformas radicales de la Justicia para reducir la corrupción, mal endémico del país.

En Colombia, la violencia continúa como una enorme inquietud. Sin embargo, esta vez, otra gran preocupación fue la corrupción, según las encuestas locales. Este dato ayuda en parte a entender el resultado. Como es obvio, la corrupción afecta por encima de todo la imagen de quien está en el poder, en el caso, el presidente Juan Manuel Santos y su gobierno. El ganador, Iván Duque, es joven (41 años), opositor de Santos y con corto camino en la política, lo que le permitió al menos distanciarse de escándalos.

En México, hay una revuelta generalizada especialmente a causa de la inseguridad y la corrupción en los diferentes niveles del gobierno. Esto contribuyó a la crisis del PRI, del actual presidente Enrique Peña Neto y fue el elemento esencial de la victoria de Andrés Manuel López Obrador.

En los últimos seis años, grandes escándalos de corrupción han salido a la superficie y la violencia, a su vez, sigue aumentando. El 2017 fue el más sangriento en las últimas décadas, con más de 29 mil asesinatos. El candidato ganador se colocó esencialmente como "el político" honesto de la campaña.

Nada indica que Brasil será el D'Artagnan o el diferente de esa ola de campañas anticorrupción y violencia generalizada. La campaña brasileña va a colocar, así como las otras, el debate de la "ética en la política" y la seguridad pública en el epicentro de las discusiones. El elector ya lo demuestra en las encuestas recientes y los candidatos tendrán que responder claramente sobre esos temas.

Por lo tanto, América Latina aún sigue en busca de mosqueteros para derribar con la punta de sus espadas tanto a la corrupción como a la violencia. Los políticos (y los "no políticos") de esta parte del mundo llevan a cabo duelos con aires de "uno por todos y todos por uno" en la búsqueda de un solo objetivo: los corazones y las mentes de electores indignados e inseguros.

El autor es doctor en Economía y profesor de la George Washington University.