Hace apenas tres meses no parecían existir grandes interrogantes sobre el futuro electoral de Mauricio Macri, que parecía encaminarse a una cómoda reelección. Hoy la realidad es muy distinta: el 40% que, según la mayoría de las encuestas, el Presidente alcanzaba con facilidad antes de estallar la crisis desatada por la corrida cambiaria del mes de abril se esfumó con el correr de las semanas y la escalada de los acontecimientos derivados tras el acuerdo con el FMI.

Las perspectivas cambiaron drásticamente y se plantea un interrogante central de cara al proceso electoral en ciernes: descartado el posible triunfo en primera vuelta, ¿Macri tiene chances de ganar en el ballotage?

Según algunos sondeos que se publicaron por estos días, el Presidente aventaja a Cristina Fernández de Kirchner por solo cinco puntos. Una leve superioridad que, llegando a la segunda vuelta electoral, daría como ganador al actual primer mandatario. Pese al desgaste generado por la situación económica, se trata de un escenario que, paradójicamente, sigue beneficiando al Gobierno y plantea importantes desafíos para la oposición en general y para el peronismo en particular.

El peronismo y sus candidatos

La danza de nombres con aspiraciones electorales ya comenzó a circular en el amplio espectro en el que se mueve, por estos tiempos, un peronismo que ni siquiera ha logrado normalizar la institucionalidad partidaria: la Cámara Nacional Electoral postergó para después de la feria judicial la resolución sobre la intervención partidaria a cargo de Luis Barrionuevo.

En ese marco, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa ya tienen varios "competidores". José Manuel de la Sota ya se apuntó como "un candidato de transición". Lo mismo sucede con Roberto Lavagna, azuzado por el ex "piloto de tormentas" Eduardo Duhalde, que blande encuestas que, supuestamente, avalarían la candidatura de su ex ministro de Economía. El ex presidente Carlos Menem no dudó en postular al senador Miguel Pichetto, que en las últimas entrevistas que dio parece dejar abiertas sus opciones. El ex gobernador bonaerense y actual diputado nacional, Felipe Solá, también se anotó en la contienda. A ellos se podrían sumar, tranquilamente, algunos gobernadores, como Gustavo Bordet, Domingo Peppo o Sergio Uñac, por citar algunos casos.

Fuera del universo del denominado mediáticamente "peronismo racional", término que refiere a los sectores que rompieron con el kirchnerismo y colaboraron inicialmente con el Gobierno, subsiste la incógnita en torno a la posible participación de la senadora Cristina Fernández de Kirchner en la arena electoral, lo que desvela no solo al peronismo sino al propio oficialismo. Por las dudas, desde los "boxes" de Unidad Ciudadana camina el país Agustín Rossi.

En la provincia de Buenos Aires el peronismo parece menos conflictuado que a nivel nacional. Con el apoyo de muchos de sus pares intendentes, la primera candidatura a gobernador que vio la luz en el mes de julio fue la de Martín Insaurralde, quien iría acompañado de la ex intendenta de Cañuelas, Marisa Fassi. Los apoyos que el intendente de Lomas de Zamora cosechó para comenzar a instalar su aspiración electoral fueron, entre otros, de Fernando Gray (Esteban Echeverría), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Gabriel Katopodis (San Martín), Ariel Sujarchuk (Escobar), Alberto Descalzo (Ituzaingó), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Gustavo Arrieta (Cañuelas).

Si bien puede resultar una exposición apresurada, ya que al identificarse como candidato asume el riesgo de centralizar los ataques de una campaña adversa, el fuerte apoyo de intendentes peronistas bonaerenses es, quizás, el gesto más claro de unidad que se haya visto en el peronismo bonaerense desde 2015. Aquí la incógnita es saber qué hará Fernando Espinoza, que no oculta su favoritismo por una candidatura encabezada por Verónica Magario.

Para comenzar una campaña es necesario candidatos. El propio oficialismo está forzando esta situación. El Gobierno necesita adversarios claros para comenzar la campaña. La estrategia se podría resumir en "identificar para atacar", como lo expresó por estos días el propio Presidente al reclamar un "interlocutor claro" por parte del peronismo.

Ley de presupuesto: acordar para gobernar

Tras el debate en el Senado de la media sanción al proyecto de legalización del aborto, el Congreso de la Nación se abocará a la discusión del presupuesto con el que Macri gobernará durante su último año de gestión. El objetivo no es menor: sancionar un presupuesto que, entre otras variables, comprenda la reducción del déficit al 1,3% del PBI para cumplir con lo pactado con el FMI.

Si bien los gobernadores están dispuestos a acompañar medidas tendientes a reducir el déficit fiscal, son, lógicamente, reacios a compartir las consecuencias del ajuste y resignar gastos ya comprometidos. Consciente de esta situación, y ante la falta de mayorías en ambas Cámaras, el oficialismo no descarta prorrogar el actual presupuesto. Si bien dicha situación estaría en el marco de la legalidad y, de hecho, la propia Cristina Kirchner gobernó bajo esta modalidad el período 2010-2011, ello evidenciaría la incapacidad política del Gobierno para generar acuerdos.

Como señaló el senador Miguel Ángel Pichetto, prorrogar un presupuesto sin negociar con los gobernadores sería un mensaje erróneo hacia un FMI que no solo demanda estabilidad económica, sino también consensos políticos. Una decisión que también reforzaría la imagen de un gobierno que agotó sus márgenes de negociación en el ámbito de la política.

Así las cosas, el anticipado debate del presupuesto evidencia la encrucijada de gobernabilidad en la que el Gobierno está inmerso: sin el radicalismo no se puede, pero sin el peronismo no alcanza.

Por un lado, si bien el Gobierno se beneficia con la fragmentación del peronismo, necesita un presupuesto que, además de garantizarle las condiciones acordadas con el FMI, denote capacidad política.

Por otro lado, Macri entiende que es necesario reanimar una descuidada relación en la que el radicalismo estuvo, sistemáticamente, apartado de las decisiones gubernamentales. En el último tramo de su gestión se requiere que el arte de la política, es decir, la capacidad para articular y agregar intereses, retome su centralidad y vuelva a entusiasmar a los seguidores del centenario partido.

Tras este objetivo, el propio Presidente, junto a Marcos Peña y Rogelio Frigerio, se reunió con la cúpula del radicalismo en Olivos. Tres de los comensales que asistieron a la cena en la residencia presidencial —Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Gustavo Valdés— tienen la responsabilidad de gobernar y, por ende, necesitan de un presupuesto que, más allá de permitirle al Gobierno cumplir con el FMI, los deje atravesar una situación compleja también en sus distritos. El temario de la velada, de la que también participaron el ex senador Ernesto Sanz, el senador Ángel Rozas (Chaco), quien encabeza el bloque radical en la cámara alta, y el diputado Mario Negri (Córdoba), quien hace lo propio en la cámara baja, eludió la discusión del rol que la diputada Elisa Carrió desempeña al interior de Cambiemos.

Entendiendo que, en un contexto de fragilidad política, no son aconsejables las revelaciones públicas de rivalidades y malestares internos, Peña se encargó de transmitir un mensaje de calma: "Hay que tener cuidado con los chistes", en relación con la frase de Carrió: a los radicales "los manejo yo desde afuera".

El dilema del peronismo: ¿bloquear o gobernar?

Dentro del universo de los 24 distritos provinciales, hay 22 gobernadores que están en condición de renovar sus mandatos. Esta perspectiva evidencia la necesidad que tienen muchos gobernadores de generar acuerdos políticos y económicos con Balcarce 50, tanto para ganar las próximas elecciones provinciales como para gobernar. En otras palabras, la necesidad es mutua: sin los gobernadores el Congreso, sobre todo la Cámara de Senadores, se paraliza para Cambiemos; y sin la Casa Rosada las obras y la inversión pública no llegará a las provincias.

Los sinuosos y laberínticos caminos suelen ser recurrentes en la política. Sobre todo cuando las decisiones a tomar no resultan lineales, y las estrategias pueden beneficiar o perjudicar con la misma facilidad a propios y ajenos. A nivel provincial, Cambiemos representa apenas a 5 de los 24 distritos. Trece provincias son marcadamente peronistas, es decir, para más de la mitad de los distritos, bloquear una ley de presupuesto no es una decisión fácil.

Si bien el costo político que pagaría Macri frente a la discusión del presupuesto sería el de ser identificado como un líder incapaz de generar consensos, lo cierto es que muchos gobernadores priorizan su proyección institucional y la promesa de mayor inversión en obra pública antes que una jugada política para "marcarle la cancha" al gobierno nacional.

Ante los dilemas de una oposición peronista todavía fragmentada, el oficialismo recurre a la apuesta de privilegiar la seducción de los mercados frente a la persuasión de su electorado. Una riesgosa apuesta que pone, aún más, el foco en un peronismo que, si logra perfilar un nuevo liderazgo capaz de erigirse más con propuestas de cara al futuro que en la reivindicación del pasado, tendrá, sin duda, una importante chance electoral en el 2019.

El autor es sociólogo, consultor político y autor de "Gustar, ganar y gobernar" (Aguilar 2017).