"La religión es el opio de los pueblos" decía Karl Marx en 1844, mientras engendraba un opio mucho más dañino y retrógrado como el marxismo y sus horrorosos portadores. En mi juventud, el ateísmo era revolucionario, de izquierda, violento, una moda de esos tiempos. La religiosidad nunca detuvo su marcha, es inherente al ser humano, propiedad de la mayoría de las culturas. Los tiempos cambian, hoy los ricos son muy ricos, un 1% acumula más que el 99% restante, y la religión termina siendo uno de los pocos cuestionadores de semejante injusticia. En torno de los grandes ricos se reproducen los ateos de moda, agresivos en la defensa de sus pretenciosas patronales, soberbios como corresponde a todos los vencedores. Estos sí que son los "adoradores del becerro de oro", del imperio de turno, del poder en su mayor expresión. Pretendidos demócratas no soportan al que no piensa como ellos, se sienten superiores protegidos por los poderes del dinero, intentan convertir esa decadente dependencia en honorable manera de ser la expresión de la modernidad.

Ellos no creen en la política y, en rigor, tienen razón, con la concentración económica actual la democracia termina siendo una caricatura de la libertad. Las patronales son los verdaderos y únicos partidos, ellos deciden quiénes son sus candidatos, ellos depositan las cuantiosas sumas de dinero que exige una campaña. Ningún candidato podría imponerse cuestionando la esencia de esos poderes delictivos. Los partidos tradicionales se fueron disolviendo, las ideas que expresaban confrontaban con sus nuevos patrones, la riqueza impuso sus normas a la democracia, y el ateísmo enfrenta a la fe, al creyente, como al último enemigo del consumidor. Cuestionan a todo lo humano, al nacionalismo y a la religión, ellos son el triunfo del mercader sobre el sacerdote y el guerrero, son "el fin de la historia", son la expresión más acabada de la decadencia de la humanidad.

Contra esos poderes económicos universales, esos bancos y monstruos que manejan el dinero por encima de las necesidades de la humanidad, contra ellos se enfrentan las naciones y las religiones. El nacionalismo de los chinos y los rusos, la fuerza y el conflicto de Europa, la rara mezcla de nacionalismo y decadencia con la que Donald Trump asume el fin del gran imperio actual. Las naciones y las religiones se enfrentan con la mera expresión de la codicia. Cuando el PRO elije a Jaime Durán Barba, está apostando a esta nueva ideología del "progreso" que imagina al hombre como un ser manejable por los mecanismos de los medios y los engaños. Y es Durán Barba el que decide el debate del aborto y lo convence a Marcos Peña.

Hablé este tema apenas asumido el gobierno con el Santo Padre y luego con sus actores, que me lo negaron enfáticamente. La idea central era salir de la grieta peronismo-antiperonismo e ingresar a otra con rasgos progresistas. El desprecio al peronismo y al Santo Padre fue en paralelo, la idea del "populismo" imaginaba en su esencia el cuestionamiento del "otro", de aquellos que desde largo tiempo se planteaban como una opción. Devaluados el peronismo y el Papa, ellos podrían concretar su proyecto económico liberal con años de vigencia. Ese era el sueño, esta es hoy la pesadilla.

Yo hubiera votado en contra, pero no puedo negar ni la vigencia del tema ni la profundidad del debate. Claro que le permitió el triunfo a un progresismo que desprecia al Gobierno y en especial al Presidente, y en consecuencia llevó al PRO a una derrota que representó en su seno un setenta en contra frente un treinta a favor. Pareciera que el aprendiz de brujo se envenenó con su pócima. Y lo peor, los encontró en una crisis económica donde la gran duda es si solo tropezaron o ya no tienen recuperación.

Los que piensan como Mauricio Macri gobernaron en el 55, en el 76 y con Carlos Menem, siempre contra el peronismo, con los golpes de Estado o asociados al peor populismo de Menem con Cavallo y Dromi. Ellos dicen que en otros tiempos éramos un gran país, claro que sin democracia ni industria, hubo una visión productiva fuerte en un sector importante, pero finalmente se impuso la renta sobre la producción. Y esa victoria de los parásitos sobre los esforzados define la fiebre del dólar actual.

El aborto era un importante tema pendiente, su debate no servía como trampa para esquivar la carencia de proyecto político y económico, la angustia de una sociedad que crece en deuda pública y en necesidades básicas, de una sociedad que se va hundiendo en la desesperanza. Hubo culpas del pasado, hoy las más dañinas son hijas del presente, de un gobierno que se creía ungido por la historia y no encuentra ni siquiera su propia identidad.

La viveza de Durán Barba les regaló un fracaso importante, su errónea concepción de la política y la economía los sumerge en una crisis que intentan definir como coyuntural cuando todos sabemos que es en esencia terminal. Como está estructurada nuestra sociedad es inviable, solo crecen la deuda y la miseria, las ganancias de los grandes grupos van destruyendo a la misma sociedad. Necesitamos un gobierno que les ponga límites a la codicia de los poderosos y no exigencias a los ciudadanos. Macri no parece siquiera entender que debe asumir esa función, no hay por ahora quién esté en condiciones de lograrlo, pero la ausencia de alternativas no hace menos débiles a los gobernantes.

Si hubiéramos debatido a fondo cómo recuperar un proyecto viable de sociedad, estaríamos a la altura de las exigencias históricas, así, gane quien gane, no lograremos enfrentar la decadencia.