Mi voto será favorable porque estoy convencido de la necesidad de avanzar en la legalización del aborto. Lo estoy no solo desde mi condición de médico, sino también como legislador y desde ambas perspectivas presenté iniciativas que aportaron al proyecto que será votado este miércoles.

Los abortos son algo que ya está sucediendo en la Argentina. Muchos suceden en la clandestinidad, y tanto que cerca de cincuenta mil mujeres al año terminan internadas por complicaciones y muchas mueren. Esto no me lo contaron, lo vi trabajando en hospitales públicos.

Por otra parte, también se hacen miles de abortos legales a partir de un fallo de la Corte Suprema y de un protocolo de actuación al que adhirieron varias provincias.

El aborto es ante todo un tema de política sanitaria en el que hay que apelar a la experiencia y a las estadísticas. En otros países la legalización demostró eficiencia social, no solo porque reduce drásticamente la mortalidad de mujeres y otras consecuencias de las malas prácticas, sino porque a la larga —de la mano de políticas de educación y acceso a anticonceptivos— redujo el índice de abortos.

Pero la discusión también atraviesa otros campos. A mi entender, desde una perspectiva más filosófica y legal, está en discusión la libertad de las mujeres que hoy ya ejercen una opción, las que no acceden a los abortos legales y protocolizados y recurren a otros medios. ¿El Estado puede seguir dándole la espalda a esta decisión y condenándola a los riesgos físicos, psicológicos y sociales de la clandestinidad?

Desde esta perspectiva considero que es importante que los diputados no obstruyamos una política de salud por motivos de conciencia. Cada cual puede tener su posición personal, nuestro deber como legisladores es permitir que los demás puedan vivir de acuerdo con sus propias convicciones.

Eso se relaciona con algo que me gustaría destacar y que va más allá del resultado final de la votación: durante los últimos dos meses fuimos protagonistas de un debate muy profundo y enriquecedor, que constituye en sí mismo un aporte y toda una lección sobre la forma en que los argentinos debemos dirimir las diferencias.

Sin importar nuestras ideas personales, gracias a este debate ya somos mejores, más auténticos, más libres y más democráticos.

El autor es médico y diputado nacional por Río Negro (PRO).