Finaliza el debate sobre la legalización del aborto en Argentina, ciertamente acorralados por un colectivo para el que la vida no es un asunto de la filosofía, ni de la medicina, ni del derecho, ni de la cultura, ni de la bioética. Podemos alzar la voz y remitirnos a nuestra Constitución Nacional, pero esta tampoco parece ser relevante.

Lejos de cualquier explicación académica, en la médula de lo que ha quedado como gran argumento en favor de la legalización del aborto está el "Debemos legislar porque sucede". ¿Vamos a legislar porque "sucede"? De ser así, el trabajo infantil "sucede" y, hasta aquí, a nadie se le ha ocurrido legalizarlo. El narcotráfico "sucede". Drogas y narcotráfico han sido y son una problemática multicausal que se lleva vidas todos los días dentro de nuestro bendito país. Muchos ministerios están comprometidos con su erradicación, su prevención, en una batalla cuerpo a cuerpo; a nadie se le ha ocurrido naturalizar la problemática porque "sucede". Es más, uno de los grandes problemas que debemos superar en lo que respecta a las drogas es su actual marketing. Se las ha rodeado de glamour y de moda. Se las llama "de diseño" y se las asocia con la recreación y el placer, pero matan. Y aquí me remito al genial Chesterton: "Las falacias no dejan de ser falacias porque se conviertan en moda".

Son los países desarrollados lo que hoy, a años de votada la legalización del aborto, ven con suma preocupación que esta metodología se ha vuelto el primer gran método anticonceptivo, quitándole todo viso de humanidad al procedimiento. El diario El País, de España, da cuenta de ello: desde que se legalizó el aborto, en 1985, hubo 411 abortos en 1986, 16.206 en 1987, 26.069 en 1988, 30.552 en 1989, 37.231 en 1990; en 2016 hubo 93.131. Cada día se vuelve más "natural". Vaya civilización.

Como dijimos, ante la imposibilidad de rebatir argumento alguno (ya sea este del derecho, de la medicina, de la filosofía), la superficialidad ideológica que impulsa la legalización del aborto cae inexorablemente en la banalización radical y explícita de la vida humana. A punto tal que somete el aborto al mismo tratamiento discursivo que el de la quiniela: legal o clandestino.

Estemos atentos. Argentina elige qué modelo de sociedad quiere: uno en el que nos hacemos cargo de la vida de todos u otro vilmente individualista donde a los que no se desea se los elimina.

La autora es diputada nacional por Ciudad de Buenos Aires (PRO-Cambiemos).