(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

En primer lugar, quiero señalar que como médica comparto con la ciencia que la vida comienza desde la concepción. A través de los años, las distintas tecnologías, de acuerdo con los avances de la ciencia, confirman que en las primeras semanas o días los latidos del corazón del bebé, según expresiones de los padres, ya están presentes. Refrendan esto nuestra Academia Nacional de Medicina y el profesor Jérôme Lejeune, padre de la genética molecular moderna: cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide, comienza una nueva vida, no es cuestión de opinión o ideología, sino una evidencia experimental. Este profesional fue el descubridor del síndrome de Down.

Las malformaciones fetales no influyen en la salud de la madre en general como para decidir ponerle fin a esa vida en desarrollo. Con los avances tecnológicos y quirúrgicos intraútero que se efectúan en Argentina, los resultados de algunos casos son exitosos. Muchas de estas madres llevan adelante embarazos conociendo que sus patologías tienen mal pronóstico y no decidieron abortarlos. Y otros, como en el caso de anencefalia, han seguido sabiendo que morirían intraútero o en el momento del parto. Debemos asistir desde el primer momento a la madre, y su entorno familiar si existiera, en lo psicológico, social, espiritual y económicamente inclusive.

En estos tiempos, el aborto químico con drogas como antiprogesteronas, mifepristona o prostaglandinas, reemplaza a los abortos instrumentales o por otros mecanismos. Pero no se informa a la población, en ningún caso, sobre las contraindicaciones importantes y los riesgos para la salud que conllevan la ingesta o la aplicación habitual por vía vaginal de estos productos. Los actuales abortos provocados se realizarían en su mayor parte a través del uso de misoprostol, de venta clandestina. En Francia, después de 43 años de utilización, el fármaco Cytotec (misoprostol) fue retirado por Laboratorio Pfizer a causa de sus graves efectos secundarios.

Las dos vidas están en riesgo. Una, porque va destinada a desaparecer y la otra, porque corre riesgo igual, tanto en el aborto medicamentoso como con el instrumental o aspirativo, que produce consecuencias físicas, psicológicas y psiquiátricas, que son las que perduran en el tiempo. Sea en el mejor lugar privado, en el hospital público o en forma clandestina.

Podemos evitar las muertes maternas y debemos hacerlo. Pero el aborto no es la solución del problema; al contrario, le agregamos una problemática más a la mujer. Tengo experiencia en el tratamiento de las consecuencias psicológicas y psiquiátricas posaborto, y puedo asegurarles que esa situación traumática, según refieren ellas mismas, no la pueden olvidar. Solamente en la asistencia integral, psicológica y espiritual se logra salir libre de esta situación. Este es el síndrome posaborto que pretenden desestimar.

La salud pública en un embarazo debe atender a dos pacientes: la madre y el niño concebido, porque es otro individuo de la especie humana que posee su dignidad intrínseca y, además, tiene el derecho a vivir y a ser asistido integralmente, al igual que su madre. Desde la bioética no se respeta la autonomía: que es el derecho a ambos pacientes (binomio madre-hijo) pertenecientes al sistema de la salud pública a decidir por su salud integral. Hay un paciente sin voz ni decisión, es decir, sin autonomía. Y la madre muchas veces tampoco la tiene, porque es inducida a esa decisión por el sistema. Debemos atender a la madre gestante en estado de vulnerabilidad que puede provocar en ella un embarazo no deseado por distintas causas y evitar la mortalidad materna en cualquier mujer. También a las mujeres gestantes que han sido violadas. Soluciones hay para todas estas problemáticas del embarazo de la mujer y, a su vez, preservar la vida del niño por nacer.

Políticas públicas que contemplen:

-Educación sanitaria integral para la familia.

-Educación sexual no sustentada en ideologías sino respetando el ciclo biológico, psicológico y sexual de cada individuo. La educación es responsabilidad de los padres y la sexual primordialmente, por cuanto toda educación es formar en valores. Nuestros hijos, nietos, las generaciones venideras y los no nacidos no son propiedad de ningún gobierno, y de ningún poder del Estado para decidir en estos temas.

El artículo 5 de la ley 26150 ESI dice: "Las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal garantizarán la realización obligatoria, a lo largo del ciclo lectivo, de acciones educativas sistemáticas en los establecimientos escolares, para el cumplimiento del Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros". La comunidad educativa está constituida por padres, alumnos y docentes. Señores diputados y señoras diputadas, esto todavía no se ha cumplido.

-Atención y seguimiento del embarazo vulnerable con equipo multidisciplinario con asistencia social y económica.

-Planificación familiar.

-Aceleración de los mecanismos de adopción.

Soy defensora de los derechos de nuestro sexo-género por la igualdad de oportunidades laborales, sociales, culturales, de educación, y estoy en contra de todo tipo de violencia contra la mujer, como lo hicieron las primeras feministas de equidad a mediados del siglo XIX y parte del siglo XX. Pero este feminismo no se trata de eso.

Creo que como mujeres deberíamos hacer introspección, es decir, reflexionar dentro de cada una de nosotras y pensar en muchos casos que el deseo o no de un hijo debe ser tomado en otro marco de responsabilidad, que es la planificación familiar siempre. No son las vidas cosas que hoy quiero y mañana no quiero. Así como la mujer no debe ser cosificada porque es un ser humano, los seres engendrados en el vientre también son seres humanos. ¿Por qué cosificarlos?

Los argumentos son muchos y variados en defensa de las dos vidas, pero, a pesar de ser médica y consejera, no quiero expresarme desde esa perspectiva, sino desde la libertad y los derechos como mujer. Como mujer tengo la libertad de concebir y de no concebir. Como mujer tengo la libertad de ejercer mis derechos sexuales y reproductivos o no ejercerlos. Como mujer tengo la libertad y el derecho de tener una vida con igualdad de oportunidades en las áreas mencionadas anteriormente acerca del feminismo de equidad. Como mujer no tengo la libertad y el derecho de empoderarme de la vida del otro desde el vientre y en cualquier etapa de su desarrollo. El empoderamiento de la mujer feminista de género o radical es lo que lleva a esta situación de extremos, de violencia permanente por querer imponer un pensamiento único, intolerante y discriminatorio hacia los millones de mujeres (y varones) que no pensamos en extremos, y deseamos la libertad y los derechos de pensamiento, expresión y de vida.

Y todo esto existe porque desde organismos internacionales presionan para determinar qué clase de país debemos tener los argentinos. Pensemos un país donde haya trabajo, educación, vivienda, y tantas otras oportunidades en las mejores condiciones en todo el territorio nacional, que es vasto, donde la discusión "aborto sí, aborto no" no sea más un reclamo, porque lo que nombré anteriormente dignifica la vida de las personas, ya sea género femenino o masculino, desde el vientre materno hasta la vejez. El Estado, que somos todos, debe reclamar a los gobiernos en sus tres poderes políticas públicas a largo plazo que puedan llevar esto a cabo, porque no es una utopía, simplemente dejar de enfrentarse y trabajar es lo que logrará salir de muchas crisis.

La mujer ha sido eje de la sociedad, aunque la ideología lo desee desmentir, o establezca que ha sido oprimida. El valor de la mujer hay que ponerlo en alto, revalorizarlo, pero no creo que este sea el camino que lo logre. Nunca sentí que me oprimieran en el desarrollo de mis habilidades y mi proyecto de vida, y provengo de una familia de clase media para abajo, de trabajadores y aun hoy existen necesidades como en todos lados. Pero esto no justifica la decisión de no permitir que una vida se desarrolle ni que las mujeres en estado de vulnerabilidad, embarazadas o no, sean asistidas por todos nosotros que somos el Estado. No existen seres humanos descartables, ni de primera ni de segunda.

Hice trabajo territorial en lugares de vulnerabilidad extrema desde mi adolescencia, durante mi residencia médica y posteriormente, y aún hasta ahora, según necesidad, en Capital Federal, Conurbano bonaerense, El Impenetrable, Patagonia y otros, por lo que hablo desde el conocimiento. Cuidando siempre las dos vidas. Y toda vida. Seguramente muchas no estarán de acuerdo, pero la asistencia que se brinda es integral, donde el área espiritual adquiere prevalencia para salir de las situaciones extremas. Hay una ley universal y popular que es la de la siembra y la cosecha; sembramos vida, cosecharemos vida.

Por ello les digo a todos ustedes, señoras legisladoras y señores legisladores, apostemos a la vida y dejémoslos vivir, porque ellos pueden ser los que en el futuro se sienten en los lugares que ustedes ocupan ahora. ¡Dejemos vivir a todos! Esto es verdadero progresismo, avanzar hacia una vida más digna y plena para todos. Ni una menos, ni uno menos, ni nadie menos. Toda vida vale.

La autora es miembro del Departamento de Bioética de ACIERA. Especialista en Ginecología y Obstetricia. Educadora sexual. Diplomada en bioética.