Llegó el momento. Luego de años de discusión acerca de la posibilidad de que el derecho al aborto legal se convierta en una realidad en la Argentina, llegó el momento. Una lucha que instauró un derrotero de discusiones, encuentros de mujeres y que halló hasta sus propios símbolos (hay que hacer notar que el pañuelo verde no tiene el mismo color violeta, que refleja al feminismo). Luego de 12 años de kirchnerismo en el poder y con una presidenta de género femenino, clerical, que le puso freno a la aprobación de la iniciativa incluso con dos Cámaras repletas de sus adeptos, arriba este momento culminante. Este miércoles 13, o más bien el jueves 14, ya que se prevé una sesión parlamentaria larguísima, se dilucidará si el aborto en el país obtiene rango de cuestión de salud pública.

Voto a voto. En estos días, el diputado del interbloque dirigido por Martín Lousteau (aunque luego fue separado), José Luis Ramón, le había anunciado personalmente a Ana Correa y la escritora Claudia Piñeiro el jueves pasado que votaría a favor de la legalización del aborto. El sábado, Guido Carelli Lynch publicó una entrevista en la que reafirmaba esa resolución. El lunes, todo había cambiado. El diputado mendocino Ramón anunció por YouTube que su voto sería negativo. Había estado dos días en su provincia. Quién sabe qué presiones habrá recibido o cuál será el tamaño de su ignominia personal.

El Partido Socialista perdió al único diputado con que contaba en el Congreso Nacional, ya que Luis Contigiani, parlamentario por Santa Fe, decidió armar su propio bloque unipersonal a espaldas del partido por el que había sido elegido debido a su decisión de votar en contra de la legalización del embarazo interrumpido.

Hubo también otros diputados que, frente a lo que marcaban sus gobernadores, decidieron dar un voto favorable a la ley. Como la diputada correntina Sofía Brambilla, que anunció que levantará su mano por el "sí".

¿Pero es que se trata esta decisión de individualidades y conciencias personales de quienes ocupan curules en el Parlamento? ¿No es este estamento el lugar de los representantes del pueblo?

La sociedad argentina se ha manifestado por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. En especial, las mujeres de esta nación así lo proclamaron, no solo mediante manifestaciones magnificentes, sino por intervenciones públicas como la de Claudia Piñeiro al inicio de la Feria del Libro 2018, o Dolores Fonzi en las sesiones especiales en el Parlamento, o Susana Giménez, o Flor de la V, o incluso mi madre (que no tiene nada de revolucionaria, pero que cuando joven se realizó un aborto en un consultorio muy coqueto, porque tenía con qué pagarlo). Los pañuelos verdes en los cuellos y las mochilas adolescentes demuestran que la conciencia de un derecho se hizo carne en todo un pueblo. Se trata de dar sentido legal a una noción que, pese al oscurantismo católico o religioso de cualquier tipo, prevalece en el pensamiento de las mayorías.

El kirchnerismo, como se dijo, obturó esta posibilidad durante sus tres mandatos. Recuerdo lo siguiente: cuando estaba merendando en un bar de Palermo, servían una chocolatada, y se anunció que el Papa elegido era Jorge Bergoglio, lo primero que vino a mi cabeza fue: "Uh, entonces no tendremos jamás aborto legal". Quizás, y eso espero, haya sido un pésimo pronóstico.

Es cierto que Mauricio Macri habilitó este debate, pero de esta manera florece a sus pies una corriente que le es adversa, y a la de su partido. El movimiento de la mujer está íntimamente ligado al de la clase obrera —salvo en sus variantes "feministas de la igualdad", que propugnan que Christine Lagarde es una feminista, mientras designa un ajuste brutal contra el pueblo argentino. Por eso, en su partido Cambiemos los clericales de Elisa Carrió, del joven Massot, de la dudosa dueña de boliches en la Costanera, Carmen Polledo, se rasgan las vestiduras de la mano del Vaticano para impedir que el voto por la legalización sea favorable.

Incluso, varios diputados cambian sus votos trocándolos por modificaciones a la ley propuesta por las mujeres que propugnan la Campaña por el Derecho al Aborto desde hace años. Por ejemplo, el "derecho a la objeción", una modificación del proyecto consensuado de la ley, permitiría que los colegios médicos mostraran su objeción y, de este modo, la ley cambiaría para que nada cambie. De todos modos, la ley tiene que salir.

¿Es el Parlamento? Quizás sea el pueblo. Por eso, los estudiantes toman escuelas y facultades, por eso se realizará una vigilia el martes por la noche frente al Congreso, por eso centenares de miles se manifestarán para que el designio popular sea aprobado en el Parlamento. Es voto a voto, pero sobre todo es movilización a movilización. El movimiento de la mujer en la Argentina ha llegado a un momento cúlmine. Que seamos centenares de miles en las calles llevará al triunfo a este movimiento.