Hace más de cuarenta años mis padres tuvieron que casarse por carta en Paraguay. La ley no permitía el divorcio y mi padre se había casado y separado de una mujer antes de conocer a mi madre.

Casi quince años después de aquel hecho, yo tenía ocho años cuando presencié la boda de mis padres, al finalmente reconocerse el divorcio por parte del Estado. Mis padres pudieron "blanquear" que, no solo en la clandestinidad habían cultivado la pareja y una sociedad de bienes mutuos, sino que habían concebido 3 hijos.

Hace ocho años, celebramos en el país, ser uno de los primeros países del mundo en tener el orgullo de poder decir que el matrimonio igualitario, es una posibilidad en nuestra tierra. Como todos sabemos, el proceso de maduración social para llegar desde un estadio al otro es lento pero claro; no nos damos cuenta, porque no hay que convencer a dos o tres personas, son muchos millones y estas discusiones llevan tiempo, pero cuando la rueda comienza a girar, es casi imposible detenerla.

Para ejemplificar como está cambiando la percepción de estos temas en la sociedad, podemos tomar por caso como cambió de un año a otro la opinión de los hombres respecto a los piropos a las mujeres en la calle. En el 2017, en nuestro relevamiento anual sobre acoso callejero, un 77% de los hombres declaraban que a las mujeres les gustaba que los hombres les silben, les griten o se dirijan a ellas en la calle, mientras que el 98% de las mujeres declaró que no era así. En 2018, el número de hombres que sostiene esa opinión se redujo al 62%. Quince puntos de descenso interanual (de nuevo, son muchos millones), solo pueden ser explicados por una cosa: un cambio de paradigma.

La conciencia ciudadana respecto del lugar de equidad que debe tener la mujer pone de relieve estos temas. Con ella, la agenda empieza a delinear otros valores y los términos y condiciones del contrato social se resignifican, casi como cuando los programas informáticos y las aplicaciones de celular nos mandan avisos por mail respecto a los cambios en sus términos legales, solo que en este caso la decisión la tomamos entre todos.

Otro indicador del cambio de paradigma: en la última encuesta respecto de la postura frente a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, hay un 13,8% (les recuerdo: son millones), que declaró haber cambiado de postura; resulta que quienes mayoritariamente la cambiaron son los que hoy consideran que la ley se puede aprobar. Según la propia sociedad, los argumentos de quienes defienden la ley son mejores. Un indicio más de que solo es una cuestión de tiempo.

Cuando la rueda empieza a girar, la propia dinámica hace que la voluntad de pocos pueda convertirse en la razón de muchos: este es el caso del movimiento #NiUnaMenos que ganó las calles de nuestro país entre tantos otros.

Solo queda esperar, pero la sociedad ya comenzó su proceso. Es una cuestión de tiempo y la velocidad aumenta. Al fin, después de la votación de mañana, la democracia ejercerá su papel más importante: la contención de aquellos que, en definitiva, opinaban distinto al resultado final.

Esa democracia joven, intrépida, algo torpe en estos primeros pasos que estamos construyendo entre todos, deberá tender la mano al que opinaba distinto y seguir juntos construyendo un país con disidencias pero que vive bajo una misma bandera, una misma lengua y en el mismo territorio.

Después de la votación, sea la que sea, todos seguiremos siendo argentinos.

Por Sergio Doval
Director de Taquión RS