Como es de público conocimiento, han sido días y semanas de mucho estrés financiero a nivel local. La salida de fondos externos del mercado de Lebacs, la subida del dólar cercana al 25% en el último mes, la licitación mensual de Lebacs en medio de un mercado muy nervioso, la fuerte baja en las paridades de los bonos soberanos argentinos que elevó el riesgo país por encima de los 500 puntos, la acentuación de la caída de la Bolsa argentina iniciada en el mes de enero pasado y que acumuló una pérdida del 38% en dólares en poco menos de cuatro meses, el retorno de la Argentina al FMI… Todo el ruido político y mal humor social que cada uno de estos temas ha generado sin lugar a dudas puso a prueba las emociones del ahorrista y del inversor local, lo que elevó al extremo la sensación de incertidumbre.

Puede sonar una obviedad decir que la incertidumbre es el peor enemigo de los mercados; sin embargo, por otro lado, sería una falacia hablar de que en los mercado hay momentos de certidumbre, ya que, sin importar cuál sea el modelo de análisis que se establece para tomar decisiones, en todos los casos terminaremos hablando de probabilidades y no justamente de certidumbre. En este sentido, es válido siempre dejar claro que el futuro es incierto y, partiendo de esa base, el inversor debe saber convivir con la incertidumbre. En momentos de estrés como los vividos, tendrá que sacar a luz todo su conocimiento tanto para gestionar el capital y de ese modo salir lo menos golpeado posible de la volatilidad que genera el contexto incierto, como así también, de manera paradójica, aprovechar ese contexto incierto para reconocer nuevas oportunidades.

Ahora que aparentemente regresó la calma, resulta muy interesante hacer un repaso analítico de los activos financieros y, a partir de ello, dilucidar cuál es el escenario más probable a esperar, al menos desde la perspectiva del análisis técnico.

Bolsa y acciones argentinas

Como mencionamos en nuestra columna anterior, "¿Cómo se explica técnicamente el nerviosismo de la Bolsa argentina?", la caída de la Bolsa en los últimos meses, que acumuló un 38% en términos de dólares, ha permitido de algún modo depurar el sobreoptimismo que se había generado con el avance de los últimos años en el mercado de acciones, con un índice Merval que desde los inicios de la gestión Macri había acumulado un 170% de avance en términos de dólares y que, sumado al avance iniciado en el piso del año 2012, la ganancia bursátil ascendía al 460% en términos de dólares.

Este fuerte crecimiento de la Bolsa local en los últimos cinco años nos llevó a estar caros en términos relativos a los principales mercados de la región, con lo cual la baja desarrollada por estos meses permite a muchas acciones recuperar algo de competitividad respecto a sus pares de la región. Obviamente que esto no es suficiente para que el mercado de acciones retome la senda alcista de manera directa, sin embargo, cuando esa recuperación de competitividad se logra dentro de ciertos parámetros técnicos razonables, entonces es allí cuando el mercado comienza a ganar nuevamente atractivo.

Lo concreto, la baja de la Bolsa argentina alcanzó hasta el momento, en términos de dólares, niveles de 1130 dólares y desde entonces se originó la recuperación actual hacia instancias de 1290-1300 dólares. El hecho de que la baja haya logrado reconocer la zona de contención que mencionamos en el artículo previo, de 1200-1050 dólares, y que ese reconocimiento se haya dado en medio de un contexto tan crítico desde lo psicológico, ayuda a considerar la posibilidad de que sea en esas instancias donde finalmente la Bolsa argentina marque un piso o punto de inflexión, para desde ahora comenzar a recuperar terreno perdido y, por qué no, encaminar los precios de regreso hacia los máximos históricos en torno a los 1830 dólares.

Nuestra atención actualmente debería estar centrada en la resistencia de 1500-1550 dólares, ya que un quiebre alcista de esta zona será clave para validar nuestro análisis y así dejar liberado el camino alcista que lleve de regreso al índice hacia los máximos históricos alcanzados en enero pasado.

Somos conscientes de que, para que este escenario se confirme y se materialice, también vamos a necesitar de un contexto internacional acorde, con lo cual se sugiere al inversor no solo poner foco en la respuesta que puedan dar los próximos días los activos locales, sino corroborar que ese accionar pueda estar acompañado de un contexto internacional también acorde.

Mercado de bonos

Las bajas que han sufrido los bonos soberanos en los últimos meses han sido importantes, con subidas considerables en los rendimientos, tanto para los bonos cortos como para los más largos; comportamiento que estuvo potenciado por el avance en la tasa del bono del tesoro a 10 años en Estados Unidos.

Este accionar elevó el riesgo país argentino en los últimos días por encima de los 500 puntos y, ante un escenario no tan claro de lo que pueda pasar con el avance de la tasa de interés norteamericana en el corto plazo, muchos inversores prefirieron deshacerse de los bonos locales.

Sin embargo, desde nuestra lectura técnica debemos decir que aquí estamos identificando una oportunidad de posicionamiento. Como mencionamos antes, el incremento en la curva de rendimiento pone a los bonos soberanos argentinos en niveles de tasa muy atractivos respecto a sus pares de la región y, entendiendo que ha retornado algo de calma al mercado local, todo el foco pasa a estar una vez más en los que pueda hacer la tasa norteamericana.

Observamos que el avance de los últimos días que coloca al rendimiento a 10 años por encima del 3%, en su máximo nivel de los últimos siete años, muestra cierto cansancio en sus indicadores. Esto nos señala, del lado técnico, que el avance en curso de tasa podría estar próximo de marcar un techo en la zona alcanzada de 3-3,2 y comenzar a contraer parcialmente, para regresar por debajo del 3,0% y quizás buscar retorno hacia la zona de 2,8-2,75%, o bien 2,6% hacia los próximos meses.

En relación con lo propuesto, si nuestra lectura analítica es correcta, entonces la sola compresión de la tasa norteamericana, recortando parcialmente el avance de los últimos meses, puede ser motivador suficiente para que muchos inversores veamos nuestros bonos soberanos con mayor atracción, a la espera de que, hacia las próximas semanas e incluso meses, también puedan comprimir rendimiento y mejoren los niveles de paridad en la curva.