Tanta suerte parece tener el presidente Macri que ayer, en conferencia de prensa, se dio el lujo de matar dos pájaros de un tiro: hizo autocrítica y bajó así el nivel de malestar general (Fabián Ramella)
Tanta suerte parece tener el presidente Macri que ayer, en conferencia de prensa, se dio el lujo de matar dos pájaros de un tiro: hizo autocrítica y bajó así el nivel de malestar general (Fabián Ramella)

Los amigos del Presidente dicen que Mauricio Macri es un hombre de suerte. Y que más suerte parece tener justo antes del momento en que peor parece estar.

Las bromas que hacen alrededor del tema son inquietantes.

Recuerdan, por ejemplo, que fue su secuestro y posterior liberación lo que lo terminó de convencer de que tenía que iniciar un camino distinto al que le había trazado su padre para la vida.

Afirman que con Boca pasó lo mismo: nadie daba dos pesos por su futuro después de sus enfrentamientos con Diego Maradona, Carlos Bianchi y Juan Román Riquelme.

Tampoco nadie creía que con Cristina enfrente, su falta de carisma y la sucesión de errores que había cometido, en el marco de su buena gestión como jefe de gobierno de la Ciudad, podía llegar a ser Presidente.

En marzo del año pasado, cuando su imagen se desplomó 10 puntos en menos de un mes, afectada por el conflicto del Correo, muchos amigos y adversarios pensaron que su mala hora, al final, había llegado. Sin embargo no solo se recuperó, sino que Cambiemos, bajo su liderazgo no carismático, ganó las elecciones legislativas de medio término.

¿Está sucediendo ahora lo mismo? ¿Deberán, una vez más, los analistas clásicos reconocer que Macri es un hombre con mucha suerte? Cuando todavía la tormenta de la corrida cambiaria no se terminó de disipar, el escenario, en unas pocas horas, volvió a cambiar casi por completo.

El Presidente recuperó "el centro" del ring, parte de la oposición quedó descolocada y el 70 por ciento de los argentinos que todavía tienen memoria empezó a levantar la voz contra los que dejaron una herencia explosiva y todavía se atreven a dar recetas de cómo salir de la inflación y el déficit que ellos mismos alentaron de manera consciente.

Hasta las noticias más singulares parecen tener otro sentido. Un ejemplo: Cristina Fernández reclamando por su doble jubilación de privilegio, la de ella y la de su marido fallecido, se percibe casi como una provocación.

Otro: los senadores peronistas dando al Gobierno un ultimátum de una semana para que el Ejecutivo presente un proyecto de reducción de tarifas o caso contrario impulsar el que obtuvo media sanción en Diputados, suena, como mínimo, inoportuno y descomedido.

Tanta suerte parece tener el Presidente que ayer, en conferencia de prensa, se dio el lujo de matar dos pájaros de un tiro. Hizo autocrítica y bajó así el nivel de malestar general. Al mismo tiempo anticipó que aceleraría el ritmo de la baja del déficit fiscal, y que pondría en evidencia a los demagogos que se oponen a su receta pero no explicitan la suya.

El único peligro que tienen los hombres y las mujeres de suerte es abusar demasiado de la suya. O suponer, como suponen algunos, que Dios es argentino y que entonces nada demasiado malo nos puede suceder.

ESCUCHÁ A LUIS MAJUL EN RADIO BERLÍN