Yuval Noah Harari es un autor israelí hoy referente para muchos dirigentes políticos por cómo nos abre la cabeza de cara a los desafíos del siglo XXI. Sin embargo, cuando empecé a leerlo, hubo un dato que me obligó a frenar la lectura: en 2012, en todo el mundo, la guerra se cobró la vida de 120 mil personas, mientras que el crimen urbano fue responsable de la muerte de 460 mil, casi cuatro veces más.

Si pensamos en el protagonismo que toman en los medios los conflictos armados entre Estados y, sobre todo, la amenaza del terrorismo, esta noticia nos sorprende por partida doble. Argentina no está exenta de esta situación. Si bien recién en 2016 volvimos a tener estadísticas del Ministerio de Seguridad, sabemos que 3 de cada 10 familias fueron víctimas de al menos algún tipo de delito y se encuentran 6 víctimas de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. El costo económico de este flagelo llega, según algunas estimaciones, al 3% del PBI.

Está claro a nivel mundial que el crimen en las grandes ciudades necesita un presupuesto de guerra. No solo estamos hablando de crímenes menores. Enfrentamos al narcotráfico y al crimen organizado, y tenemos que ser conscientes de que esta lucha contra el crimen es crucial no solo para vivir en paz, sino para cualquier tipo de proyecto de país sustentable en el tiempo. Harari señala que los criminales no se moderan a la hora de incorporar armas novedosas y destructivas, pero sabemos que los Estados tienen a su alcance herramientas poderosísimas para combatirlos con prevención, control y aplicación inteligente de la ley. Necesitamos profesionalizar a las fuerzas formando policías, proveerlas del equipamiento necesario e incorporar todas las herramientas que la tecnología hoy nos permite. Para esto necesitamos inversión en serio.

En el Municipio de Lanús estamos trabajando en conjunto con las fuerzas federales, provinciales y locales. La articulación entre las distintas fuerzas es clave para el despliegue territorial adecuado en el combate del delito.

El crimen, sobre todo en el Conurbano bonaerense, es una amenaza dramática mucho más letal que la guerra y es imprescindible que los gobernantes tomemos conciencia de esto de una vez. Casi medio millón de personas muere al año a manos del crimen, pero en el siglo XXI tenemos todas las herramientas a nuestra disposición para evitarlo. Solo tenemos que decidirnos a usarlas con eficacia.

El autor es secretario de Seguridad del municipio de Lanús.