El antisemitismo en Francia como alerta para Europa

Bryan Acuña

Un canario era el mecanismo de aviso en las minas de carbón de que se estarían desatando gases tóxicos que pusieran en peligro a los mineros. Mientras el animal cantaba, no había problemas de ningún tipo, pero en el momento en que no se escuchara más la melodía del ave, se alertaba un peligro inminente.

Los judíos que han habitado Europa se han transformado en el canario de la mina del respeto en el continente. En la época en la que se levantaron los movimientos fanáticos asociados con el fascismo, se logró notar la degradación de la tolerancia cuando el nazismo la emprendió contra la población judía, y el posterior extermino de decenas de millones de seres humanos durante la guerra.

En Francia, el antisemitismo se ha manifestado, ya no solo por parte de grupos de extrema derecha, que ya de por sí en Francia abundan y hay hasta en los poderes del Estado, sino que ahora también grupos de radicales islámicos se han sumado entre los atacantes a blancos judíos, ya sea musulmanes radicalizados de origen francés o inmigrantes que se han asentado en los últimos años en el país.

El viernes 23 de marzo fue encontrada, en su casa, en París, apuñalada e incinerada una sobreviviente de la Shoah llamada hasta el momento por las autoridades francesas como "Mireille K". Otro evento asociado con ataque a judíos fue el que se perpetrara contra tres estudiantes y un profesor de una escuela judía de Toulouse, que se cobró sus vidas en 2012. Más el atentado a un supermercado kosher en el 2015 o el asesinato de Ilan Halimi, en el 2006, secuestrado por una banda de islamistas radicales. Son solo algunos ejemplos de cómo se manifiesta esta tendencia, que además está complementada por actos de antisemitismo por parte de agrupaciones neonazis (profanación de tumbas, agresiones, asaltos, entre otros).

Los judíos se han transformado en un grupo en medio de un fuego cruzado, en que los extremistas que se oponen a las migraciones y los musulmanes principalmente radicalizados se enfrascan en una lucha por determinar quién es más poderoso, lo que despierta todo tipo de violencia judeofóbica. Esto ha llevado también a que muchos judíos, temiendo lo que la ola de odio que se ha desatado les pueda ocasionar, han preferido abandonar el país. Solo en el 2014, por ejemplo, 7 mil judíos franceses abandonaron el país y se marcharon hacia Israel, sumándose a otros 3.400 que lo habrían hecho en el año 2013, y durante marzo de 2018 se comunicaba el arribo de al menos 200 que habrían llegado a este país del Medio Oriente.

En un informe de la Liga Antidifamación elaborado durante el 2015, al menos un 17% de los franceses tendría actitudes antisemitas, eso significaría casi 8 millones y medio de los más de 49 millones de adultos del país. El informe además destacó que, entre los grupos focales analizados, los musulmanes son quienes tienen posiciones de animadversión contra los judíos (al menos 49%) y el grupo etario con mayor acogida de estos pensamientos serían los que van del rango de los 18 hasta los 34 años, principalmente hombres (23%).

Los franceses son además el segundo país más antisemita de Europa occidental (37% de la población), superados por los griegos, con un infame 69%, según también las cifras recopiladas por esta misma ONG, con sede en los Estados Unidos.

La mayoría de las respuestas francesas del odio contra los judíos provenían de ideas como: "Los judíos son más leales al Estado de Israel que al país donde viven", "Los judíos tienen mucho poder en los negocios del mundo" y finalmente "Los judíos hablan demasiado de lo que les pasó durante el holocausto". Al menos en dos de los conceptos parecen no desarraigarse del ideario histórico popular, donde se acusa a los judíos de tener una doble lealtad hacia la tierra de su identidad espiritual (Israel) o de tener los hilos del control de los poderes económicos (y políticos) del mundo.

En la actualidad, esos dos aspectos afectan a las poblaciones judías en distintos países del mundo, ya que en ocasiones se ataca a las comunidades locales en actos de protesta contra las acciones del Estado de Israel. No se diferencia a la comunidad de determinado país de lo que ocurre en Medio Oriente, razón por la cual también en un país como Francia muchos de los ataques judeofóbicos se manifiestan en condena de las actividades del Estado judío contra los palestinos.

Ejemplo de lo anterior, en el año 2014, el periodista Zvika Klein hizo un experimento social caminando por las calles de París vestido con una kipá durante 10 horas y el resultado fue revelador. Muchos de los ciudadanos musulmanes de barrios parisinos le increpaban con la palabra juif ('judío', en francés) y escupían a su paso. Otros gritaban consignas como "Viva Palestina", lo que además demuestra que, a diferencia del pasado, donde se los increpaba por razones religiosas (deicidio) o por razones de una supuesta doble lealtad, en la actualidad se suma el factor de odio relacionado con el Estado de Israel, que también es una forma de judeofobia.

Los judíos están recibiendo las muestras gratuitas de algo mucho mayor que se está activando; por ejemplo, durante el 2015 aumentaron los niveles de islamofobia en al menos 223% posterior a los atentados en París y en Niza.

El llamado de atención es claro, como diría el Real Instituto El Cano, citando a The Economist: "Dada su historia terrible de odio a los judíos, los europeos deben estar siempre alerta ante cualquier signo de antisemitismo, ya sea de la especie endémica cristiana o de la variedad islamista más reciente".

La judeofobia actual se podría decir que es una bestia con tres cabezas, que incluye a los fascistas históricos evolucionados en la actualidad, que nunca fueron erradicados, y dos cabezas más jóvenes, con planteamientos más posmodernos. Una asociada con los grupos que se denominan actualmente como progresistas, quienes se unen a los revisionistas y negadores del holocausto, así como rechazan las relaciones políticas entre Europa e Israel, las cuales consideran un "error histórico" en detrimento de la población palestina local.

La otra cabeza reciente es el islamismo político radical, que muerde y ataca a las otras dos infringiéndoles fuertes daños que en ocasiones parecen mortales, por lo que la cabeza de los fascistas la detesta y de vez en cuando la ataca también, mientras la cabeza progresista a veces se convierte en cómplice de los islamistas radicales y justifica la violencia que ellos practican argumentando una "legítima defensa" por el colonialismo de siglos pasados. Ese progresismo hace mucho más daño con judeofobia políticamente correcta oculta en un supuesto anti-sionismo, usa lenguaje afable y frases que parecen conciliatorias y diplomáticas; sin embargo son quienes nutren el flagelo de la judeofobia que sigue activa en Europa.

El propio Instituto El Cano haría su interpretación del asunto: "El antisemitismo es un síntoma más de que, en Europa, de la mano de la crisis económica y de la política, de la pérdida de identidad, están resurgiendo actitudes de los años 20 y 30, o incluso anteriores. Es parte del espejo en el que nos miramos todos los europeos. Y lo que vemos no nos gusta".

Lo que ocurre hoy en Europa, y en Francia propiamente, debe encender las alarmas de que se está a las puertas de un problema mayúsculo de violencia sistematizada en Europa; los judíos están dando el campanazo de algo que se puede desatar y, si no se le toma el cuidado debido, cuando se quiera actuar, podría ser demasiado tarde.

El autor es licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de las Américas, especializado en la temática de Oriente Medio.
MAS NOTICIAS

Te Recomendamos