Las aperturas de las sesiones ordinarias de los Parlamentos realizadas por sus jefes políticos dieron el puntapié inicial a un 2018 que supuestamente mostrará una intensa actividad parlamentaria. Si nos dejamos guiar por los discursos, los pedidos y las promesas de Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal (con esa cronología desplegaron sus arengas), y considerando que estamos en un año par (sin elecciones), entonces debemos esperar (¿esperanzarnos con?) mucho debate, mucho acuerdo político entre bloques, muchas leyes, muchas nuevas políticas.

¿Eso alcanza para modificar un rumbo educativo que nos encalló como nación y como proyecto colectivo? Pienso en esas escuelas, esos chicos, ¡esos aprendizajes! ¿Alcanza con una nueva oleada de leyes y acuerdos? ¿Con el Gobierno nacional comenzando su mes de gestión número 29, cabe esperanzarse con aquello que sea que pase dentro de los cuerpos colegiados multipartidarios legislativos? Con muchas caras nuevas, mucho protocolo, algunas sillas vacías chicaneras y a partir de ensayadas puestas en escena, ¿debo ilusionarme?

Repasemos, antes de responder, lo observado este 1º de marzo de 2018. Primero, la Ciudad de Buenos Aires. El jefe de gobierno desplegó un discurso de 41 minutos, pero dedicó solo 4 (el 10% del tiempo, al igual que en las aperturas legislativas de los años anteriores) para hacer referencia al tema de la educación de la Ciudad. Si bien comenzó su discurso hablando del tema educativo, esta fue una de las escasas cuatro menciones que hizo del tema, y en solo una de ellas desarrolló el temario y la agenda. Aseguró que la Ciudad está realizando la mayor transformación educativa en 50 años, producto de la inversión que se está llevando adelante desde 2007. Luego de hacer algunas breves referencias puntuales (inglés, jornada extendida en 100 escuelas), compartió la agenda legislativa propuesta para el año: 1. más infraestructura (construcción de 52 nuevas escuelas), 2. educación digital desde la educación inicial, 3. nueva secundaria del futuro, y 4. jerarquización de la tarea docente, materializada a partir del proyecto de ley de crear la nueva universidad docente.

Desafortunadamente, no hizo mención alguna de los logros en los aprendizajes, que, en el fondo, es lo único que importa. Tampoco se percibió vocación por administrar mejor los recursos existentes (¡que son muchísimos!), sino que dijo expresamente que necesitaba más docentes, más maestros, más escuelas, más jornada extendida, hasta una nueva universidad (CABA concentra el 34% de las universidades del país, pero vamos por otra). O sea, más gasto. Llámelo inversión, reparación histórica, recomposición del poder de compra, justicia redistributiva, mantenimiento edilicio o como le plazca, pero significa más gasto. Y más gasto es más impuestos.

En conclusión, desde el punto de vista de la educación, un discurso breve con mucho foco en las promesas, el futuro, el aumento del gasto y las frases políticamente correctas, y ninguna mención de logros en los aprendizajes de los chicos, ni de las métricas más fáciles de mencionar, como son la evolución de la matrícula total, la deserción o la repitencia, el trasvasamiento de la escuela paga a la gratuita o la situación en lo que a convivencia escolar se refiere.

Minuto más tarde llegó el turno del Presidente. También un discurso de 40 minutos, más enérgico y con emocionalidad, pero con menos contenido aún en lo que a educación respecta. Solo tres minutos (un 8%, igual que las aperturas anteriores) y ninguna otra mención. Alguna mención confusa de la igualdad educativa (¿?), un pequeño testimonio del dolor que le produjo presentar los resultados del Operativo Aprender, algo sobre las escuelas faro y la queja sobre el artículo 97 de la ley nacional de educación, que impide publicar los resultados de las pruebas abiertas por escuela. Todo junto, apretado, rematado con la máxima: "¡No podemos hacer política con la educación de nuestros hijos!". Fuerte, pero más para los medios que para los legisladores.

Finalmente, el turno de la provincia de Buenos Aires. De sus 42 minutos de discurso, la gobernadora dedicó 12 para hablar de educación (casi un 30%, misma proporción que en las otras aperturas). Ya este solo dato muestra una funcionaria más ocupada del tema. Su mensaje, muy dirigido a poner a los intereses de los niños por encima del de los adultos (docentes), estuvo enmarcado en la iniciativa de incluir robótica en la escuela primaria. La robótica sirvió como excusa para hacer entender a los legisladores que no se puede hablar de educación (y menos platear reformas) dando la espalda al mundo que se está transformando a gran velocidad. No se puede legislar en educación sin comprender (y abrazar) la época. La gobernadora, con mucha valentía, no se privó de meter el dedo en todos los lugares incómodos: el ausentismo docente, la mala calidad de los aprendizajes de quienes egresan del sistema, el abandono, la mafia de los proveedores de las licencias, el deterioro de la matrícula de la escuela de gestión estatal. "No todo da lo mismo", dijo. Un mensaje firme, dirigido a los gremialistas extorsionadores, con muchos datos inobjetables del abandono y el desgobierno al que se llevó el sistema escolar de la provincia en los últimos años.

Con estos datos y estos discursos sobre la mesa, y frente a un nuevo año de actividad parlamentaria, ¿me debo esperanzar? Sí, a pesar de todo. Sí, me puedo esperanzar, sabiendo que ahora hay datos que son más potentes que las opiniones. ¡Hay datos de los problemas educativos! Sí, me puedo esperanzar, sabiendo que hay algunos funcionarios corajudos, que han decidido darles pelea a las mafias y a los ventajeros para mejorar los aprendizajes de los niños. ¡Los aprendizajes importan para algunos! Sí, me puedo esperanzar porque el mundo de la cuarta revolución industrial, aunque tímidamente, ya se respira en la cabeza de los funcionarios. ¡Robótica, educación digital y trabajos de futuro estuvieron en los tres discursos! Sí, me puedo esperanzar, porque les han pedido a los parlamentos que se pongan al servicio de la gente y no de la corporación política ni del partido de turno. Sin dudas, el año parlamentario pinta intenso y activo, y eso me ilusiona.

Solo me queda una duda, que espero que no se transforme en una preocupación con el correr de los meses: si toda esa actividad, finalmente, se materializará en la forma de políticas públicas adecuadamente diseñadas. Las leyes, las resoluciones y los decretos reglamentarios que se consensúen en materia educativa deben tener fuste, calidad de diseño, claridad de redacción. Una de las condiciones centrales para hacer buena política educativa es tener la destreza de crear buenas políticas públicas, recortando adecuadamente el tema, clarificando los objetivos, estableciendo los mecanismos de control y de financiamiento, y abriendo la posibilidad de hacer modificaciones frente a cambios en el problema abordado o ante nuevas evidencias emergidas. Los vistos y los considerandos deben dejan más espacio a los artículos de las leyes, pues estos son los que direccionan los recursos del Estado y, eventualmente, modifican la calidad de vida de los alumnos.

Los legisladores tienen la oportunidad (¡y la obligación!) de hacer nuevas y buenas políticas públicas educativas, la invitación fue clara, el juego está abierto. Espero haya comprendido el mensaje, los datos y la época. A los ciudadanos nos queda la tarea de auditar si ello se cumple y alertar si no se realiza en los términos que creemos que el país lo necesita.

El autor es presidente de la Asociación Civil Educación 137.