Colocar a la Argentina en un camino virtuoso presenta cuellos de botella difíciles de ensanchar. Desde la política, la dificultad para enfrentar con visión de Estado los temas nacionales como los de defensa; desde lo sociocultural, un trauma no resuelto con las Fuerzas Armadas reflejado en la indiferencia, la desconfianza y el desconcierto de qué hacer con ellas; y desde la economía, un desarrollo incongruente con las insuficiencias y las aspiraciones de la sociedad.

La necesidad de atender con prioridad al 30% de la población en penuria hace dificultoso satisfacer las demandas del otro 70% y pospone el cumplimiento de otras obligaciones de Estado como la defensa común. En un país con un 30% de pobreza, sociológicamente partido, sin conciencia de defensa ni sentido de pertenencia con sus Fuerzas Armadas, es necesario, antes de instrumentar cambios profundos en las fuerzas, replantear el problema político-cultural de la defensa nacional.

La actual administración se muestra resuelta a tomar decisiones para revertir la situación de desarticulación de las áreas del Estado, aunque la carencia de especialistas en defensa en la estructura política limita al Presidente al asesoramiento de las autoridades militares, por cierto, honestas e inteligentes, pero circunscritas a las Fuerzas Armadas y la reversión de su inoperatividad.

Sin acuerdos de Estado, en el ámbito de la política, que definan los lineamientos geopolíticos, jurídicos y económicos de la defensa nacional, las resoluciones y las acciones para su rediseño y desarrollo tendrán la sustentabilidad y la perdurabilidad de la gestión del presidente. Es necesaria una política de Estado de defensa nacional.

Para evitar errores pasados

-Elaborar una política de Estado de defensa nacional

La política de defensa nacional debe abstraerse de los vaivenes electorales, producto de las pequeñas y oscilantes diferencias de votos entre los espacios políticos. La defensa nacional sustentada en la reelección de un gobierno y desvinculada de una política de Estado manifiesta debilidad institucional.

Es necesario definir y acordar en la alta política qué se quiere defender y de quién, y qué se está dispuesto a hacer para ese logro, fijando objetivos y responsabilidades para el desarrollo de la defensa nacional, lo cual impone actualizar la ley de defensa nacional.

Es dable en este sentido observar cómo otros países de la región han adaptado sus leyes a las necesidades actuales y futuras, sin quedar atadas a controversias o errores del pasado.

-Lograr coherencia y sustentabilidad

No debería ocurrir que una gestión de gobierno desplegara tres brigadas de combate en la frontera, durante dos años, en el marco de la lucha contra el narcotráfico y luego, fuera ya de la gestión de gobierno, se opusiera a la participación de las fuerzas.

Se debería definir al narcotráfico y el terrorismo como una agresión que no reconoce límites internos o externos, lo que habilita la coordinación de los ministerios de Defensa y Seguridad dentro de los límites legales y políticos que sean necesarios para sumar capacidades y optimizar la defensa de la República Argentina.

Ante el confuso límite entre defensa y seguridad, se necesitan mentes claras, sin confusiones ni ataduras históricas ideologizadas, para afrontar las nuevas amenazas y los peligros que acechan al planeta en que vivimos.

Optimizar los gastos

La educación ha sido una prioridad dentro de las Fuerzas Armadas, en particular la de los futuros conductores, por eso es dable observar que Estados Unidos, con el 54% del gasto mundial en defensa, graduó en el 2017 a solo 707 alumnos de su universidad de defensa, en tanto que aquí, con un presupuesto irrelevante en defensa nacional a nivel mundial, nuestra Universidad de Defensa Nacional (Undef) esgrime como logro tener entre 8 mil y 12 mil alumnos, circunstancia que debería ser materia de estudio a fin de analizar la relación costo-beneficio.

La incoherencia de esta universidad solo se entiende en los prejuicios ideológicos desde su creación, en la formación de un pensamiento único, con una matriz politizada y burocrática. En vez de preparar a los líderes civiles y militares en defensa nacional, busca como principal objetivo institucionalizar una conducción civil en la formación de las Fuerzas Armadas, con un gasto burocrático significativo. La educación en defensa nacional impone seriedad, no es el ámbito, como ocurre, para realizar talleres de teatro.

Los actuales integrantes de las Fuerzas Armadas egresaron a partir de 1983, hace 35 años. El concepto vigente en la Coneau, que sostiene "resocializar a los alumnos militares", se olvida que esos alumnos son fruto de la educación en democracia. El modelo de la Undef argentina tiene como referencia el venezolano, conocido en sus resultados tendientes a lograr el pensamiento único en defensa del socialismo.

La creación de la obra social de las Fuerzas Armadas fue una importante y adecuada decisión. Disponer de cerca de 650 mil afiliados proporciona una inmejorable capacidad para negociar excelentes prestaciones de salud. Sin embargo, el sobredimensionamiento de las estructuras administrativas y el reemplazo del personal militar, altamente capacitado en administración de la salud, por personal designado desde la política, expone subestimación de la capacidad de los afiliados para administrar su obra social y produce abultadas erogaciones. Ejemplo: cada gerente civil eroga 50 mil pesos mensuales más que un militar.

Es incomprensible que en la obra social de las Fuerzas Armadas se abone al personal designado políticamente suplementos por desarraigo, con aportes del Estado y de sus afiliados, los cuales por naturaleza viven desarraigados de sus familias, sin pago alguno.

La contratación de prestadores deberá ser contundentemente transparente, máxime cuando los afiliados están alejados del manejo de la obra social. Debe excluirse toda posibilidad o sospecha de favores políticos o económicos ocultos.

Reflexiones

Nuestra nación, indefensa, con aviones que caen, buques que se hunden, vehículos de 50 años y gente que muere en accidentes evitables, espera el cambio y la revisión de estos gastos innecesarios. El colapso de la defensa nacional ha llevado a que no existan medidas urgentes para mejorarla. Hay que gestar un nuevo sistema sobre bases sólidas, y un flujo constante y previsible de recursos.

El Gobierno legalmente puede vender terrenos para la puesta en valor y el reequipamiento de las Fuerzas Armadas y otras necesidades del país, pero respondiendo a una política de Estado de defensa nacional y considerando que son los ahorros de bienes adquiridos o donados por generaciones en 208 años de vida como nación.

La puesta en valor se puede iniciar con:

-La atención de su capital humano, ascendiendo al personal discriminado por portación de apellidos o tratado diferencialmente por Semana Santa, esta es una medida de alto impacto moral.

-El estudio y, de ser necesario, el ajuste de la estructura de los ministerios de Defensa y de Seguridad; debe haber un ministro con la responsabilidad de la conducción estratégica de la seguridad nacional.

-La modificación sustancial del sistema de educación superior en defensa nacional.

-La búsqueda de solución para los gastos políticos innecesarios, descritos precedentemente.

Madurez política

La defensa nacional es un tema de Estado, con responsabilidad compartida entre las fuerzas mayoritarias, gobierno y oposición, por ello requiere mínimos y básicos consensos y acuerdos medulares. Los problemas de la defensa nacional demandan inicialmente labores y respuestas más relacionadas con el ámbito de la alta política y la cultura que a los Estados Mayores de las fuerzas.

La política defensa nacional no surge porque es necesario darles una misión a las Fuerzas Armadas, debe existir porque hay una nación que defender. Los líderes deberán determinar cuáles son las amenazas contemporáneas a la seguridad del Estado y luego rediseñar las fuerzas para la defensa nacional. Esta requiere inteligencia, valentía, prudencia, convicción y abnegación, virtudes que caracterizaron, por sobre sus defectos, a los padres de la patria.

El Presidente, como jefe de Estado, debería crear el ámbito para que equipos multidisciplinarios y sectoriales de expertos gestaran la política de Estado de defensa nacional, con los lineamientos y las bases para la recreación del sistema de defensa nacional, que, una vez definido y acordada su recreación, deberá ser conducido por el presidente como jefe de gobierno, con la asistencia de su equipo, y el jefe de Estado Mayor Conjunto y los jefes de las fuerzas.

La historia universal señala que atender los problemas de defensa recién cuando se necesita acudir al concurso de las fuerzas militares es tarde y a la sazón la tragedia envuelve a los hijos de quienes la desatendieron y al país todo. La defensa nacional es previsión sobre realidades futuras (incertidumbre). Su tergiversación por ignorancia, condicionamientos ideológicos o mala intención impacta en la vida de una nación.

Las frustraciones, las desilusiones y los engaños en décadas han evaporado el sueño argentino, se ha roto el compromiso con los que hicieron el país y no se asume con quienes nos sucederán, nuestros hijos. Solo hay preocupación por el hoy y por uno mismo. Aquí la raíz de muchos males argentinos, entre ellos, la indefensión.

El general San Martín expresaba: "Seréis lo que debes ser y si no, no seréis nada".