Estamos transitando un momento histórico, con un tema que nos moviliza a todos y que responde a un reclamo de la sociedad. Son esos temas que mueven las fibras más profundas, las religiosas, las culturales, las sociales y las ideológicas y que, dejando prejuicios de lado, tenemos que debatir seriamente para generar una respuesta concreta y escuchando a cada uno.

Esa es la clave: escucharnos dejando de lado los prejuicios y pensar en temas más profundos como la educación, la salud y los derechos de las mujeres. Este es el foco que tenemos que poner, acá es donde la lupa tiene que estar para que las cosas cambien en serio, sin que intervengan debates morales como elegir entre la vida o la muerte.

Desde lo personal, estoy convencida de que el aborto tiene que tratarse como una problemática de salud pública y educación, acá es donde tenemos que focalizar el debate. "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir", esa frase que vemos en cada cartel, en cada pañuelo en las marchas, en las calles, abarca la profundidad del tema en cada una de las aristas que tenemos que tener en cuenta para dar una respuesta a la sociedad.

Una de ellas es la educación. La educación siempre es la respuesta y es parte de lo que estamos discutiendo. Los que estamos a favor de la despenalización del aborto no estamos planteando un atajo para que la educación no sea la herramienta central. Todo lo contrario, esto convencida de que la educación es la clave para un cambio profundo. Tenemos que redoblar los esfuerzos, porque sin educación no hay derechos y sin derechos no hay educación.

El proyecto que debatiremos en el Congreso garantiza el derecho de toda mujer a decidir la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas de gestación, brinda la contención del Estado para que no mueran más chicas en situaciones de vulnerabilidad cuando se practican un aborto. Ese también es el objetivo: generar un plano de igualdad y un entorno seguro para realizar un aborto sin importar la condición socioeconómica de la mujer que elige hacerlo. Focalizar en las interpretaciones que aseguran que la ley que vamos a discutir intenta definir cuándo es el comienzo de una vida o justificar moralmente la interrupción de un embarazo es corrernos del verdadero problema de fondo.

Indudablemente esta ley que vamos a tratar desde la Cámara de Diputados de la Nación, a la cual ya mostré mi apoyo, es la respuesta a una deuda que tenemos con la democracia, con las mujeres, con los argentinos. En este punto destaco la actitud de nuestro Presidente, que, más allá de sus opiniones personales, entendió que construir una democracia en serio tiene que ver con abrir las discusiones para que las leyes sean fruto del consenso y no de las disciplinas partidarias. Así como dentro de Cambiemos nos escuchamos y aceptamos las diferencias, así vamos a plantear en debate desde el Congreso con el respeto y la profundidad que este tema merece.

No tenemos cifras oficiales, ya que se trata de una práctica clandestina y ese es otro punto importante a la hora de pensar el papel del Estado en la salud pública. Despenalizar también significa contar con datos concretos y reales. Tengamos en claro que, más allá de los números, hoy tenemos la certeza de que el aborto es la principal causa de muerte materna. ¿No creen que es suficiente como para sentarnos a debatir? Celebro que hoy estemos hablando de esto, que por fin estemos poniendo el tema sobre la mesa, que tomemos la educación, la salud y los derechos de la mujer como premisa, porque eso es lo central.

Tenemos la gran responsabilidad de llevar adelante un debate serio, maduro, con respeto y honestidad, si perder más tiempo, convocando todas las voces, todas las posturas para enriquecernos y lograr dar respuesta a la sociedad.

La despenalización del aborto nos ayuda a elegir. De nuevo y siempre: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

La autora es diputada nacional (Cambiemos).