Iniciado el 2018, se han abierto los espacios de debate y reflexión del grupo de afinidad W20 o Women20, con la firme intención de poner en agenda del G20, a propósito del liderazgo de nuestro país en este foro internacional, la consideración de recomendaciones concretas para alcanzar la equidad.

No escapa a nadie ya por estos días cómo la cuestión de género y el empoderamiento de la mujer, con una gran amplitud de asuntos, viene elevando el nivel de incidencia en la agenda global desde 2017: en los medios, en el cine, en la política, en las empresas, en la escuela, en la vida cotidiana. Con debates que no nos son ajenos localmente y que han llegado a la consideración pública, al gobierno y a las primeras planas en Argentina.

Vivimos en un mundo en que las desigualdades de género se manifiestan en todas y cada una de las dimensiones del desarrollo sostenible. Tenemos una brecha salarial a nivel global del 23% y una tasa de actividad en las mujeres del 63%, mientras que en los hombres es del 94 por ciento. Y dedicamos 2,6 veces más tiempo al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que los hombres, por solo mencionar algunos indicadores.

Con esos y otros datos contundentes, algunos mucho más tristes y dolorosos, el último informe de ONU Mujeres "Turning Promises into Action" nos interpela a pasar de los consensos a resultados tangibles, de la retórica de las promesas a la realidad. Si se lograra acabar por completo con la desigualdad y las mujeres tuvieran un papel idéntico al de los hombres en los mercados laborales, se añadirían hasta 28 trillones de dólares al PBI anual dentro de 10 años. Es lo que el Mc Kinsey Global Institute llama "potencial completo" en su informe "The Power of Parity".

Si es ya un asunto de sentido común dar a las mujeres y las niñas la oportunidad de alcanzar sus metas en igualdad de condiciones, no solo por ser lo correcto, sino porque así podemos transformar las sociedades y las economías, ¿no será el momento de acelerar el camino de las implementaciones y dejar de aceptar que 200 años nos separan del logro, tal como indica el informe de brecha de género de 2017 del Foro Económico Mundial?

Justamente en la reunión anual de este año en Davos, el Foro Económico quiso dar una señal y el encuentro fue copresidido únicamente por mujeres. Sin embargo, hay que decirlo: de los tres mil participantes solo el 21% de la asistencia fue femenina. En ese ámbito, la reconocida activista Malala Yousafzai, la dama más joven en obtener el Premio Nobel de la Paz, señaló que cuando se educa a las mujeres, la conversación cambia, porque la sociedad misma mejora. Habló sobre el efecto dominó de educar a las niñas, lo que impulsa el crecimiento económico y reduce la pobreza.

Adultas, jóvenes y niñas, además, continúan sistemáticamente subrrepresentadas en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Conforme la tecnología sigue irrumpiendo y vemos el surgimiento de una revolución de habilidades, sabemos que el mayor impacto lo sentirán las mujeres. Ya existe el riesgo de que la automatización agrave la desigualdad de género, dado que ellas tienen más probabilidades de trabajar en empleos menos calificados que son susceptibles de ser afectados por la digitalización y la robótica.

Si de datos concretos se trata, el trabajo de cuidado no remunerado representa en Argentina el 7% del PBI. Así, la redistribución de responsabilidades y tareas en la economía del cuidado constituye un tema central para avanzar hacia la equidad. Las mujeres hacen una enorme contribución económica que permite suplir las carencias en materia de servicios. ¿Por qué este trabajo no se reparte ni se contabiliza? Para acelerar el progreso en materia de empoderamiento económico femenino, hacen falta políticas que ofrezcan servicios, protección social e infraestructura básica, y que promuevan la distribución del trabajo de cuidado y doméstico entre las mujeres y los hombres. Por eso el tema licencias familiares es parte de la misma agenda.

Como sociedad, a la hora de pensarnos individualmente o en tanto familias, revisando cuán consciente o inconscientemente contribuimos a sostener estereotipos. Pensemos en las conductas y las acciones cotidianas que nuestros hijos ven en nosotros como padres, las que les enseñan cómo esperamos que se comporten y definen cómo se relacionan con el mundo, con sus pares y en sus futuras relaciones como adultos. El involucramiento activo de los varones en la crianza de los hijos es un requisito fundamental para lograr una mayor igualdad de género, ya que contribuye a que las mujeres participen más activamente en el mercado laboral y que los niños establezcan relaciones más equitativas en su vida.

Más allá de las políticas y las normas, que son bienvenidas, gran parte de la conversación de hoy se trata del cambio social más amplio que también se necesita. Que las mujeres y las niñas puedan alcanzar la plenitud de su potencial humano es clave para lograr un mundo mejor para todos. Necesitamos un punto de inflexión. ¿Podrá ser el 2018?

La autora es directora de Sustentabilidad y Asuntos Públicos de ManpowerGroup.