Todos los programas políticos y todas las campañas electorales siempre prometen el crecimiento económico y la disminución de la pobreza, apuntando en el discurso no solo al crecimiento del PBI sino también a una mayor inclusión social y la disminución de la pobreza. Esto es lógicamente así porque sin aumento del PBI no es fácil avanzar hacia estos meritorios objetivos.

Por esta razón, es interesante prestar atención al crecimiento económico en América Latina y el Caribe en los últimos años. Entre el 2013 y el 2017 el indicador que mide el PBI en toda la región registra un crecimiento del 7 por ciento. Pero no a todos los países les fue igual, ya que algunos, como Panamá, crecieron mucho que este promedio, mientras que otros, por ejemplo Venezuela, no solo no crecieron sino que su producción de bienes y servicios registró una caída en este período de nada menos que 30 por ciento. El desempeño de Brasil, la economía más grande de la región, fue inferior al promedio de toda la región, ya que el PBI estuvo estancado sin ningún crecimiento entre 2013 y 2017.

Hay tres países que se destacan por un buen nivel de crecimiento por encima del promedio: Chile y México crecieron 14% y 16%, y Colombia nada menos que un 18%, a pesar de la guerrilla. En el caso de Argentina, tenemos un comportamiento del PBI inferior al del promedio, con apenas un crecimiento de 6% de su PBI entre 2013 y 2017; este escaso crecimiento significó que quedó estancado el PBI por habitante.

Es importante prestar atención al ritmo de acumulación de capital productivo para interpretar estas cifras tan distintas. Se crece con inversiones, pero las inversiones tienen que ser financiadas principalmente por el ahorro interno de cada país, ya que las inversiones externas son siempre complementarias, pero nunca sustitutas del esfuerzo propio de cada país. Desde ya que las verdaderamente importantes son las inversiones orientadas directamente al aumento de la producción, no las financieras, como, por ejemplo, la compra de bonos de deuda emitidos por el gobierno.

El ahorro en América Latina y el Caribe llegó al 18% del PBI en el 2017, pero mientras Argentina y Brasil tenían niveles de ahorro bien por debajo del promedio regional, los otros países que crecían más superaban esta cifra. El ahorro en Chile era el 20% del PBI; en México, 21%; en Colombia, 22 por ciento.

Países como Argentina, que tienen déficits fiscales de envergadura, presentan grandes dificultades para crecer, porque el déficit fiscal se convierte en un ahorro negativo que achica notablemente el ahorro generado por el sector privado, y sin ahorro no hay inversión. Por esta razón los países con déficit fiscal quedan rezagados cuando se compara su comportamiento con los países con finanzas públicas equilibradas.

Si queremos que la economía crezca y disminuya la pobreza, habrá que aumentar de una manera sostenida la inversión productiva, pero esto exige disminuir nuestro gran déficit fiscal.