"Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie" es una traducción posible de la italiana: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi". Esta célebre frase puede ser una pista de la caída de aprobación que va cosechando el Gobierno.

Cada uno de nosotros hacemos arbitrariamente el recorte de la realidad que queremos considerar. Pero cuando los recortes coinciden en algunos puntos, se suelen convertir en tendencias o ciclos culturales. Esto es lo que viene ocurriendo en los últimos meses en la cabeza de muchos ciudadanos que piensan: "Yo no vote a Cambiemos para que hagan esto o no esperaba que fueran como los otros".

Los ejemplos proliferan: desde dirigentes de fútbol que manejan casas de apuestas e interfieren en la Justicia hasta ministros que, a través de manos amigas, llegan a distintas empresas y licitaciones. Sin dejar de considerar a algunos fondos que por su cartera y su gran crecimiento parecen coincidir con los intereses de la familia presidencial. Entonces, dejaría de ser un punto casual que la novela de Lampedusa tenga el mismo origen geográfico y cultural que la del presidente Mauricio Macri.

Quizás por eso en el despertar mediático-escénico del jefe de gabinete, Marcos Peña, haya grabado la frase: "Nosotros no somos lo mismo". Es justamente lo que la ciudadanía, a medida que pasa el tiempo, empieza a dudar.

El Gobierno actual, junto a muchos ciudadanos, sabe que esta es una gran oportunidad, más allá de lo económico, de generar una nueva cultura. Como su socia estratégico-moral Lilita Carrió suele recordar: "Hace falta más república y Justicia". Si los próximos años el Gobierno camina decididamente por esa senda, seguramente estaremos ante el comienzo de un nuevo ciclo. Si no, simplemente presenciaremos otra vez más de lo mismo.

El autor es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Austral. Desde el 2007 hasta la actualidad es asesor en comunicación empresarial y política.