El dato político más importante del escenario nacional

El cuadro de fondo indica que el Presidente tendrá que enfrentar su reelección con una inflación bastante más alta que la pensada

¿Cuál es ese dato? El hecho de que al presidente Mauricio Macri y a su equipo ya no les queda tiempo para llegar a las elecciones del año próximo con una inflación del 10% anual que, si bien resulta baja para los índices argentinos, sigue siendo muy elevada para los parámetros internacionales.

Las graves contradicciones de querer lograr una inflación del 15% para este año, con medidas como el incremento masivo de las tarifas de los servicios públicos, la imposición al Banco Central de bajar las tasas de interés y un conflicto en gran escala con el mundo sindical que no acepta un techo del 15% en las paritarias ni la prohibición de acordar cláusulas de ajuste si la inflación supera la meta oficial, han dado por resultado el recalentamiento de las expectativas de inflación.

El dato más preocupante para el Gobierno es que, por un lado, quiere un dólar más competitivo, mientras que, por otro lado, cuanto más suba el dólar, más subirán los precios internos, y más reclamos habrá de nuevas subas salariales y nuevos ajustes de precios. No se puede bajar la inflación con un mercado del dólar que espera futuras devaluaciones, un mercado intranquilo.

Este año ya está jugado y nadie duda de que la inflación punta a punta a fines de diciembre será de nuevo claramente superior al 15%, lo que, a su vez, determinará un piso para la inflación del 2019, la que también superará la meta del 10% determinada, esta vez, por el Ejecutivo.

Hay una lucha muy dura en el mercado entre el Estado que quiere aumentar sus ingresos vía el incremento de tarifas, los sindicatos que quieren mantener su poder de compra vía el aumento de los salarios y los empresarios que quieren mantener sus márgenes de rentabilidad vía el aumento de los precios que controlan. A esto se le agrega que los exportadores tradicionales y no tradicionales presionan cada vez más para tener un dólar más competitivo que el que existe hoy, vía retener la liquidación de exportaciones o mantener sin comercializar parte o todo de lo que han producido, con lo que se agrega otro factor de generación de suba de precios y de las expectativas de devaluación.

En este escenario, y más allá de todas las estrategias que pueda pergeñar el Ejecutivo para vencer en las elecciones, el cuadro de fondo indica que el Presidente tendrá que enfrentar su reelección con una inflación bastante más alta que la pensada, un dato que hasta ahora estaba fuera del radar de los estrategas oficiales.

Una sociedad inserta en una dura pelea por la distribución del ingreso nacional —mediante aumento de tarifas, salarios, fijación de precios o aumento del dólar— tiene una extraordinaria capacidad de erosionar las posibilidades electorales de cualquier candidato, aun tratándose del propio presidente de la nación y teniendo este el aparato del Estado detrás de su candidatura.

Existe además otro factor que incidirá en las elecciones presidenciales, como es el hecho de que el Gobierno practica una política de indexación de las variables más importantes de precios, o sea, una inflación con libertad de precios, la que siempre es percibida por la sociedad como que el Gobierno trabaja en favor de los ricos y en contra de los sectores de menores ingresos, al contrario de lo que sucede cuando practica una inflación reprimida, que se ve como favorable al trabajo y en desmedro del capital.

La única alternativa que le queda al Gobierno para ir a las elecciones del 2019 con un enfoque profundamente diferente del que viene siguiendo es poner en acción una política que termine con la dura y desgastante lucha por la supremacía entre tarifas, precios regulados, salarios y precio del dólar. Hay que tranquilizar a la sociedad y no castigarla todos los días con golpes que vienen siempre originados en un gobierno que sigue sin una brújula que oriente todos los esfuerzos hacia una meta común. El Estado debe ser el gran equilibrador, porque esa es la razón de su existencia, y su esencia profunda es alterada cuando actúa como el gran desequilibrador siguiendo patrones ideológicos, pero olvidándose de la realidad sociológica imperante.

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