Los comienzos de año son la época propicia para hacer balances, marcar aciertos y errores, pero por sobre todo para plantearse nuevos objetivos sobre la realidad que nos toca administrar. En la Argentina también son fechas que suelen enmarcarse por conflictos y pujas que determinados sectores buscan utilizar para despertar fantasmas y retrotraernos a las escenas más tristes de nuestra historia reciente.

El año pasado nos permitió fortalecer los cimientos que comenzamos a marcar durante nuestro primer año de gestión, y es sobre esos cimientos que hoy podemos delinear metas aún más ambiciosas. Después de décadas, la provincia de Buenos Aires se encuentra de pie y dando lugar a una realidad distinta.

Desde la Cámara de Diputados de la provincia se forjó un nuevo paradigma, donde los representantes de los bonaerenses ya no son figuras alejadas de la realidad de los ciudadanos que representan. Por decisión de la gobernadora, los legisladores saltamos del escritorio al barro, para recorrer obras, conversar con vecinos y saber de primera mano las necesidades de la ciudadanía. Y vale destacar que las obras y los funcionarios llegaron a cada rincón de los 135 municipios sin diferenciar colores políticos.

Y como no solo se trata de gestos, sino también de hechos, se materializó la obligación de que quienes representamos a los ciudadanos tengamos los mismos derechos, pero más obligaciones y no más beneficios; con la eliminación de las jubilaciones de privilegio para los cargos de gobernador, vicegobernador y legisladores que aprobamos a fines del año pasado.

Modificar el statu quo e ir contra los privilegios de determinados grupos genera tensiones con muchos sectores de la política y de la vida sindical. Hoy esas tensiones se convierten en resistencia y amenazas mediante reclamos que no tienen sentido, solamente defender privilegios que se contraponen con el sacrificio de miles de argentinos que se propusieron hacer una Argentina con posibilidades parejas para todos y no solo para algunos beneficiados históricamente por la impunidad que trae aparejada la falta de control.

Usar la extorsión y la amenaza en busca de desestabilizar la gobernabilidad es un viejo método propio de estructuras pasadas, que no están dispuestas a aceptar un país donde las instituciones funcionen y todos sean iguales ante la ley.

Así, comenzamos un tercer año de gestión que, entre muchos otros logros, puede decir que por primera vez la política decide ajustarse a sí misma, trayendo justicia y beneficiando a los 16 millones de bonaerenses, sentando las bases de una república donde principios tan básicos como la igualdad ante la ley, el respeto por las instituciones y el fin de los privilegios comiencen a ser la regla y no la excepción.

El autor es diputado por la provincia de Buenos Aires (Cambiemos).