Con un enorme malestar ante las resoluciones de la Justicia en torno al caso en el que el policía Luis Chocobar fuera condenado, sentí una profunda decepción. Para testear mi visión al respecto, abrí en algunas redes sociales una encuesta con la siguiente pregunta: "¿Merece el policía Chocobar ser condenado por reaccionar ante los delincuentes que dieron diez puñaladas al turista norteamericano en la Boca?".

Una de las opciones de respuesta que puse en la encuesta era: "Debe ser condenado". Llamativamente, una y otra vez, al redactar la encuesta yo escribía sin querer la palabra "condecorado" en lugar de "condenado". El acto fallido era sin duda una manifestación inconsciente que mi cerebro no podía dejar de generar al pensar en la valentía de Chocobar, quien arriesgó su vida, pudiendo haber mirado hacia el costado, para salvar la vida del turista apuñalado. Las respuestas y las expresiones de mis amigos al respecto no tardaron en llegar, en su mayoría con una visión concordante con mi sentir y mi pensar.

Este tristemente célebre caso explica per se por qué la inseguridad continúa siendo uno de los temas que más preocupa a los argentinos. Manifiesta, asimismo, con cruda claridad la estructura de incentivos vigente en nuestro país. Quienes se defienden de los crímenes son condenados y quienes cometen los delitos, matan y arriesgan vidas de personas inocentes, no solo quedan en libertad, sino que incluso deben ser indemnizados.

Este caso plantea con claridad la estructura de incentivos vigente en la sociedad argentina. El cambalache tan difícil de revertir. El premio Nobel de Economía en 1992, Gary Becker, desarrolló su visión entorno a la economía del crimen y por qué en algunas situaciones es más conveniente delinquir que laburar. Su conclusión es clara y evidente: así como en otros negocios, los delincuentes realizan una evaluación del costo, el beneficio, la rentabilidad y el riesgo a la hora de decidir delinquir o no hacerlo. Si es más rentable y menos riesgoso delinquir, por baja probabilidad de captura y de condena, que ganar dinero trabajando honestamente o haciendo negocios, será difícil que los potenciales delincuentes no delincan. Tan simple como eso.

El caso del policía Chocobar refleja, en sus contradicciones, la profundidad de la tragedia argentina. Macri lo recibió y la Justicia lo condenó. Mientras tanto, los ciudadanos nos seguimos arriesgando al salir a la calle, mientras pagamos por una seguridad y una Justicia que no recibimos. Por último: ¿qué incentivo tiene la policía en arriesgarse para hacer cumplir la ley si la Justicia no castiga a los que roba y los que matan? Y sí, como vemos en este caso, además pueden ser condenados por cumplir sus funciones.

El autor es director ejecutivo de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.