Para Mauricio Macri, el 2018 será uno de los años más importantes desde que comenzó su carrera política. En este año se define gran parte de lo que ocurrirá políticamente en 2019, fundamentalmente si Cambiemos logrará un nuevo período presidencial en Balcarce 50 o si dicha experiencia habrá sido solo un paréntesis en la historia política argentina.

En política, la premisa para delinear una estrategia exitosa es entender que el tiempo y los recursos son escasos. Es necesario, por ello, concentrar los esfuerzos en un puñado de desafíos, lo suficientemente importantes, si lo que se quiere es tener éxito.

Consolidación del espacio: Carrió, los radicales y los PRO puros

Este año no electoral definirá el papel que Macri y sus estrategas electorales, entre los que predominan Marcos Peña, siempre asesorado por Jaime Durán Barba, quieran darle al ala no PRO de Cambiemos. Esta tensión entre los integrantes de una alianza, a priori electoral, y posteriormente de gobierno, es el desafío de toda coalición. Una disputa que en los últimos 40 años se ha resuelto con la lógica de los círculos concéntricos: "la mesa chica", los "puros", los "soldados", etcétera.

El kirchnerismo, después de la muerte de Néstor Kirchner, en 2010, dispersó esta tensión en un movimiento endogámico. Los "patios de la militancia" y el ascenso de La Cámpora fueron el faro que guió la segunda presidencia de Cristina hasta 2015. La mandataria priorizó conducir una minoría en vez de construir mayorías.

El Gobierno apuesta a que la marca Cambiemos sea el candidato que logre traccionar votos en todo el país. De hecho, en la actualidad, dicha marca mide más en las encuestas que muchos políticos.

Sumada a ella están los rostros nuevos que oxigenan, por lo menos simbólicamente, las listas de Cambiemos. Los últimos comicios vieron emerger a varios de ellos: el pampeano Martín Maquieyra, un sub 30 que logró ganar la interna de Cambiemos y se perfila a ser un referente provincial capaz de competir por la gobernación misma.

¿El éxito electoral que alcanzó Cambiemos en 2017 los alentará a inclinarse aún más por los PRO puros? ¿Como reaccionarán los representantes del radicalismo más tradicional?

Sin embargo, una pregunta sobrevuela este análisis: ¿Qué es PRO puro? ¿Acaso para considerarse PRO puro es necesario tener un pasado no político (outsider) como Héctor Baldassi en Córdoba; Carlos Mac Allister en La Pampa; Miguel del Sel, candidato en Santa Fe; o Martiniano Molina en Quilmes? ¿Es necesario ser sub 30 como Martín Yeza (29 al ser electo), intendente de Pinamar o Leandro Baravalle (21), concejal de Sastre y Ortiz, en Santa Fe? Pareciera que no. En provincias como Entre Ríos uno de los PRO puros que se perfila para competir en 2019 (no está claro si la gobernación u otra candidatura) es el actual ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Naturalmente, tendrá que abrirse camino en una interna con radicales como Sergio Varisco, intendente de Paraná, y negociar con Alfredo de Angeli, senador nacional.

En Santa Cruz, la acuciante situación socioeconómica que el gobierno de Alicia Kirchner atravesó en 2016-2017 plantea un panorama complejo de cara a 2019. La recurrente asistencia de Casa Rosada, encarnada en la figura de Frigerio, imposibilita cualquier intento de legitimar próximas campañas a partir de la gestión. En las legislativas del pasado año, esta situación se vio en la victoria que obtuvo Cambiemos, con el 44%, logrando una diferencia respecto a la segunda fuerza de más de 12 puntos.

La Rioja fue una de las seis provincias (junto con Entre Ríos, Córdoba, Santa Cruz, Chaco y Salta) donde gobierna el peronismo y ganó Cambiemos las legislativas de 2017. Cambiemos logró allí afianzar su lista, de la mano de un ex ministro radical, Julio Martínez, alcanzando el 45% de los votos. Sin duda uno de los giros más importantes en el año electoral, ya que el apoyo del intendente capitalino Paredes Urquiza (FpV) a Cambiemos hizo posible que este espacio pudiese revertir el resultado obtenido en las PASO.

En Salta se dio otro de los giros electorales más resonantes del pasado año. La lista que respondía al gobernador Juan Manuel Urtubey (Unidad y Renovación) perdió entre las PASO y las generales más de siete puntos, lo que permitió que Cambiemos revirtiese el resultado de las primarias, superándolo por casi seis puntos y alcanzando el 30% de los votos. En el caso del gobernador salteño, las decisiones que deberá tomar giran en torno a con quién construir mayorías. El espacio que responde a CFK obtuvo algo más del 23%, estando apenas un punto por debajo de la lista de Urtubey. En otras palabras, si Urtubey insiste con la vía del medio, en oscilar entre el peronismo que simpatiza con el kirchnerismo y Cambiemos, corre el riesgo de que su espacio quede relegado a un tercer lugar. Sobre todo si Cambiemos insiste con la hasta ahora muy rendidora estrategia de polarización.

Un espacio llamado Carrió

El papel de Elisa Carrió en esta segunda etapa del mandato presidencial no pareciera ser muy diferente al del bienio transitado. La "independencia" política (ex radical, ex fundadora de un espacio de centroizquierda como el ARI, y hoy líder de su propio partido, sin la obligación de construir mayorías en el Parlamento) y el hecho de no tener una definida inserción territorial (fue diputada chaqueña, diputada porteña y vive en provincia de Buenos Aires) la convierten en una política difícil de definir.

El cambio de posiciones y de intensidades marcó su lugar dentro de Cambiemos. Cuando lo importante, según su criterio, era apoyar a Macri, lo apoyó a destajo (sobre todo en época electoral). Cuando, por lo contrario, lo necesario era "parar la pelota", enfriar el clima público y político, lo hizo (por ejemplo, durante la búsqueda de quorum para votar la reforma jubilatoria, en diciembre de 2017). Cuando su posición la pone en veredas contrarias a las del ex mandatario porteño, Carrió no duda en despotricar, criticar pasividades y poner ultimátums políticos (por ejemplo, en su ya clásica pelea con Daniel Angelici o Ricardo Lorenzetti).

En campaña su actividad no fue central. La Ciudad de Buenos Aires tiene a Horacio Rodríguez Larreta como una figura fuerte, quien, junto con la marca Cambiemos, eran suficientes para ganar con cualquier candidato.

El desafío Carrió para Macri pasa entonces por la contención. El ingreso de su tradicional escudero Fernando Sánchez a un puesto clave en la jefatura de Gabinete puede ir en esa dirección.

Los distritos bonaerenses

María Eugenia Vidal es sin duda el instrumento electoral más fuerte de los últimos 3 años. Su intervención no solo fue determinante para ganar las pasadas legislativas en Buenos Aires, sino que su triunfo en 2015 allanó el camino para que Macri diese los 100 pasos entre la Jefatura de Gobierno de la Ciudad hacia la Casa Rosada.

En estos días comenzó a circular información en torno a la planificación distrital que, junto con su mano derecha y jefe de gabinete Federico Salvai, están diagramando. Los problemas presupuestarios que muchos municipios no han podido (o sabido) resolver y el bajo desempeño electoral son un combo que altera a los estrategas de Vidal.

Uno de los casos más resonantes es el de General Pueyrredón (Mar del Plata), distrito que lleva adelante Carlos Arroyo. Para contrarrestar la magra gestión del intendente, Vidal encabeza el operativo turístico más fuerte desde que es gobernadora. Junto con el despliegue de seguridad (patrulleros, efectivos, garitas y cámaras), Vidal invirtió en playas públicas, paseos, descuentos y atractivos para que el recuerdo de una Mar del Plata "feliz" le haga frente al distrito con mayor desempleo del país (11,9%, mientras que a nivel nacional es de 8,7%).

Que el cambio se convierta en continuidad

No todo está en el futuro. Cambiemos logró comenzar el 2015 con tres gestiones importantes: provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires y Jujuy. Cada una según su exposición y su complejidad están siendo puestas a prueba por el electorado.

Gerardo Morales tuvo en este primer mandato dos claros desafíos: gestionar desarticulando el peronismo local que gobernó desde el retorno de la democracia en 1983 hasta el 2015 (32 años), y estar al frente de la provincia en donde el kirchnerismo enfrentó uno de los reveces judiciales más fuerte: Milagro Sala.

En ambos frentes el gobernador radical parece haber salido airoso. El peronismo local vinculado con la gestión anterior sigue jaqueado por denuncias judiciales, mientras que otro sector integra la propia coalición de gobierno. El caso Milagro Sala, tras las intervenciones de diversos organismos de derechos humanos, tuvo un hito importante en la decisión de la Corte Suprema de confirmar la prisión preventiva.

La Ciudad de Buenos Aires parece ser el terreno más estable para el macrismo. Horacio Rodríguez Larreta apuntaló su gestión y logró superar la imagen positiva que los porteños tenían del mismo Mauricio Macri. Hoy, alrededor del 70% de los porteños ve con buenos ojos la gestión de Larreta, quien, por otro lado, supo desarticular a Martín Lousteau poniendo en dudas su capacidad de ganarle en las elecciones. El ex jefe de gabinete de Macri sedimentó el apoyo político que el radicalismo porteño volcaba en Lousteau. Presionado por la interna, el actual diputado nacional tuvo que afiliarse al partido centenario y congregar en torno a sí las dinámicas partidarias que le eran ajenas.

A dos años de haber ganado con el leitmotiv de Cambiemos, ahora el desafío parece ser paradójicamente garantizar la continuidad: la de aquello que se ha cambiado, de lo que se hizo bien, pero sin renunciar a aquello que aún queda por cambiar.

Las batallas por las gobernaciones

Cambiemos seguirá con atención aquellos territorios en los cuales si bien los resultados de 2015 consagraron a los actuales gobernadores peronistas, no lo hicieron por grandes diferencias en términos de votos.

Hay ocho provincias en las cuales sus actuales gobernadores ganaron por menos de 10 puntos de diferencia respecto a su adversario. Estos son el caso de Santa Fe, Chubut, Entre Ríos, Tierra del Fuego, Santa Cruz, Córdoba, Catamarca y Neuquén. En los primeros dos casos, Santa Fe y Chubut, la diferencia que les permitió a los candidatos presidir sus provincias no alcanzó ni el uno por ciento.

En algunos casos dicha diferencia es apenas el padrón de un municipio pequeño, una comuna o incluso un barrio. Santa Fe, por ejemplo, decidió su gobernador por una diferencia de 1.656 electores (0,09% de los votantes). Entre Ríos, por su parte, lo hizo por el equivalente a un pueblo medio de su provincia: 22.113 votos (2,85% de los votantes).

En las elecciones de medio término que se celebraron en 2017 Cambiemos tuvo la primera foto de lo que podría pasar en 2019 en 10 provincias clave para la Casa Rosada. La estrategia de perforar estructuras provinciales arcaicas y acercar candidaturas nuevas (o al menos con una renovación discursiva) resultó en provincias como Entre Ríos, Córdoba, La Rioja, Santa Cruz, Santa Fe, Salta y Neuquén. En dichos distritos Cambiemos derrotó a las listas oficialistas, alcanzando niveles de voto altísimos (como el 53% en Entre Ríos) y diferencias considerables respecto a la lista derrotada (como 18% en Córdoba).

En su conjunto, estas diez provincias representan 27% del total de habitantes del país y como botín político, siete de ellas están gobernadas por alguna expresión del peronismo.

Un posible camino a recorrer en muchos distritos puede ser el de consolidar la gestión en 2018 para ganar en 2019. Pero, ¿qué es consolidar la gestión? No importa hablar de política. No importa enroscarse en discusiones partidarias, internas ni operaciones. Lo único que importa es la política palpable: obras que mejoren la calidad de vida. Pero está claro que solo con hacer no basta. También hay que comunicarlo.

El papel de Cristina en la oposición: ¿una articuladora de conflictos o desarticuladora de intereses?

Está claro que Cambiemos se beneficia de una oposición desarticulada. Una que, producto de la dispersión, no logre conciliar ni las voluntades de la totalidad de los gobernadores ni la conformación de un virtual bloque panperonista o anti Cambiemos en el Congreso de la Nación.

En este sentido, si bien está claro que la presencia de Cristina en el escenario político parece obturar la posibilidad de una renovación del peronismo en torno a un nuevo liderazgo, también puede potencialmente desarticular negociaciones, generar conflictos y dinamitar las alianzas en el Congreso de la Nación.

Sostener el reformismo permanente

Si en gran medida lo que suceda en 2018 determinará la perspectivas electorales de 2019, el desempeño de la gestión en términos de resultados en el campo económico será vital.

¿Podrá el Gobierno sostener el reformismo permanente anunciado por el propio Macri durante su discurso en el CCK en noviembre pasado? Está claro que, después de lo sucedido en torno al debate legislativo de la reforma previsional, se trata de una tarea nada fácil.

La reforma laboral podría ser en este sentido una prueba de fuego. No solo en lo que respecta a las negociaciones y los acuerdos con otras fuerzas (y los sindicatos), sino también en lo relativo a una comunicación gubernamental más eficaz de las propuestas del gobierno.