En un artículo publicado el día 9 de enero, la ministra de Educación de CABA, Soledad Acuña, insistió nuevamente con la creación de una universidad que implica la desaparición de los 29 institutos de formación docente de gestión estatal, con sus culturas institucionales, sus rasgos identitarios y sus perfiles formativos. De esta manera se profundiza la ausencia del diálogo, ya que se sigue desoyendo la pluralidad de voces que se han expresado en contra de dicho proyecto, entre las cuales se encuentran especialistas en educación, personalidades de la cultura, organismos universitarios, agentes que forman parte del mismo Ministerio de Educación, ONG, sindicatos docentes y el Arzobispado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, entre otros.

Con un discurso confuso y contradictorio se trata nuevamente de argumentar una propuesta vacía en contenido con frases rimbombantes como "un órgano de coordinación central", "única casa de altos estudios", "único centro de formación docente de gestión estatal de CABA", que ignoran la diversidad y la pluralidad que siempre han caracterizado a nuestra sociedad en general y al sistema educativo en particular, y que enfatizan una uniformidad en la formación docente que constituye una flagrante amenaza a la libertad y la vida democrática que las instituciones han ido construyendo a través de sus trayectorias.

Sería muy extenso responder a todos los temas por los cuales la ministra va deslizando sus opiniones sin datos estadísticos concretos, pero existen dos temas que resultan de vital importancia: la elección de la carrera docente por los jóvenes y la relación teoría-práctica en la formación.

Es interesante advertir que la falta de docentes en la Ciudad no está condicionada por la elección vocacional del estudiantado. A la hora de formase como maestros y profesores los jóvenes no dudan en elegir masivamente nuestros institutos superiores al reconocer en ellos el prestigio y la idoneidad en el complejo campo de la formación de formadores. Si el Ministerio está interesado efectivamente en aumentar el número de educadores, tendrá que ampliar el espectro de causas que pone en análisis. La ausencia de políticas de promoción de las carreras docentes, la pauperización de las condiciones de trabajo de los graduados, la ausencia de becas que acompañen las trayectorias y la falta de insumos —materiales y tecnológicos— son tan solo algunos de los factores que sí inciden negativamente en la jerarquización de la docencia.

Asimismo, en el mencionado artículo la ministra sostiene que es necesaria una "integración genuina entre la formación teórica y la formación práctica". Tal afirmación desconoce que, a diferencia de otros circuitos, nuestros institutos y Escuelas Normales Superiores tienen al campo de la práctica como eje vertebrador de toda la carrera docente. Teoría y práctica son inescindibles, ya que la conceptualización que fundamenta la enseñanza constituye la clave para superar los tecnicismos aplicacionistas y las recetas prefabricadas. La trayectoria de las instituciones formadoras ha gestado a lo largo de los años un profundo vínculo con las escuelas destino (inicial, primaria y secundaria). Redes de profesores asociados y cátedras de trabajo articulado hacen posible una sólida formación para el ejercicio de la enseñanza situada en contextos reales. Es deber de las autoridades ministeriales proteger y promover aquellos logros que con esfuerzo y pericia se han sabido construir.

Es por todo lo expresado y, en especial, por el reconocimiento que ahora hace la ministra de las características de los proyectos pedagógico-didácticos de las instituciones tales como "las buenas prácticas actualmente existentes en el sistema de formación docente", a un proyecto "cimentado en la sólida tradición y la jerarquía de las instituciones formadoras de la Ciudad", con su "espíritu innovador y vanguardista", los rectores de los institutos en representación de las comunidades no comprendemos por qué todo esto debe ser desmantelado y reclamamos la apertura del debate que lleve a la construcción de una sólida política pública en formación docente basada en un certero y fundado diagnóstico, en el consenso de estudiantes, docentes, graduados y administrativos, y la experticia de los especialistas de las instituciones en diálogo con los responsables del Ministerio de Educación.

Para esto es necesario que se retire el proyecto de ley presentado el 1º de diciembre en la legislatura de CABA, que presenta un articulado muy distante de las opiniones presentadas en la nota de autoría de la ministra y que fue unilateralmente elaborado con total ocultamiento hacia las instituciones directamente afectadas. De no ser así, todas las expresiones se desvanecen en falsas promesas como las tantas propuestas con las que fuimos engañados antes del 22 de noviembre en el convencimiento de estar preparando el proyecto pedagógico 2018.

La autora es rectora del ISP "Dr J. V. González" y presidente del 
Consejo de Educación Superior de Gestión Estatal (CESGE).